Lunes, 25 Enero 2021 15:13

G. Ch. Lichtenberg

Escrito por: Ricardo Rivón Lazcano

Hay mucho oro en Lichtenberg, de ser posible hay que visitarlo de vez en cuando. Sus chispazos nos obligan a dejar la casual negligencia de ciertas lecturas que entierran la imaginación del lector. Lichtenberg comenzó a guardar sus cuadernos en sus días de estudiante en la década de 1760 y siguió garabateando en ellos hasta unos días antes de su muerte, a los 57 años, en 1799. Dijo: “cuadernos en los que escribo todo, como lo veo o como mis pensamientos me lo sugieren”.

Por formación, era un académico y un hombre de ciencia.

Fue un niño débil y enfermizo. Sufría de una malformación de la columna vertebral causada probablemente por la tuberculosis, lo que resultó en ser un jorobado. “Mi cabeza”, explicó, “se encuentra al menos un pie más cerca de mi corazón que el caso de otros hombres: por eso soy tan razonable”. Y subrayó: “Si el Cielo encontrara útil y necesario producir una nueva edición de mí y de mi vida me gustaría hacer algunas sugerencias no superfluas para esta nueva edición, principalmente sobre el diseño del frontispicio y la forma en que se presenta el trabajo”.

 

Nietzsche admiró a Lichtenberg y opinó que el aforismo, si quiere llegar a lo profundo, debe hacerlo rápidamente:

-Todo el mundo tiene un reverso moral, que no muestra excepto en caso de necesidad y que cubre el mayor tiempo posible con los pantalones de respetabilidad.

-El que dice que odia todo tipo de halagos, y lo dice en serio, ciertamente aún no conoce todo tipo de adulaciones.

-Si la gente empezara a hacer sólo lo necesario, millones de personas morirían de hambre.

-El vino sólo está acreditado con las fechorías que induce: lo que se olvida son los cientos de buenas acciones de las que también es la causa.

-El vino excita a la acción: a la buena acción en lo bueno, a lo malo en lo malo.

-Difícilmente puede haber mercancías tan extrañas en el mundo como los libros: impresos por personas que no las entienden; vendidos por personas que no los entienden; encuadernados, revisados y leídos por personas que no los entienden; y ahora incluso escritos por personas que no los entienden.

-Se maravilló por el hecho de que a los gatos les hicieron dos agujeros en el pelaje precisamente en el lugar donde estaban sus ojos.

-Ciertas personas imprudentes han afirmado que, así como no hay ratones donde no hay gatos, por tanto nadie está poseído donde no hay exorcistas.

-¿Por qué son tan hermosas las jóvenes viudas de luto? (Míralo.)

-No sólo no creía en los fantasmas, ni siquiera les tenía miedo.

-La construcción del universo es sin duda mucho más fácil de explicar que la de una planta...

-El simio más perfecto no puede dibujar un simio; sólo el hombre puede hacer eso; pero, del mismo modo, sólo el hombre considera la capacidad de hacer esto como un signo de superioridad.

-Se tragó mucho conocimiento, pero parecía como si la mayor parte de ella hubiera ido por el camino equivocado.

-El que está enamorado de sí mismo al menos tendrá la ventaja de ser incómodo por pocos rivales.

-No sólo no creía en los fantasmas, ni siquiera les tenía miedo.

-Un puñado de soldados siempre es mejor que un bocado de argumentos.

-La mosca que no quiere ser barrida está más segura si se sienta en el matamoscas.

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