Lunes, 15 Marzo 2021 00:00

Critica de la razón paranoide

Escrito por: Ricardo Rivón Lazcano

Alejandro M. Gallo, doctor en filosofía y comisario de policía en Gijón, España, escribió un estudio voluminoso de unas mil páginas titulado Critica de la razón paranoide. Teorías de la conspiración: de la locura al genocidio.

Leemos:

Las Teorías de la Conspiración se han extendido por la atmósfera cultural y social como una pandemia, convirtiéndose en un burdo método de interpretación de la realidad y de la Historia. En el siglo XX fueron el lenguaje preferido de los dictadores y en el siglo XXI se multiplican gracias a la expansión de las redes sociales de las que tanto gustan políticos como el expresidente de los Estados Unidos de América Donald Trump. ¿A quién benefician? ¿Cómo se construyen? Alejandro M. Gallo se ha sumergido durante años en una ardua investigación para responder a estas y muchas más preguntas. Este apasionante y riguroso trabajo se presenta como una aventura por la Historia de la humanidad, de la Filosofía, de la Literatura y de la Retórica política, donde las conclusiones de la extrema derecha y de la extrema izquierda coinciden en una Paranoia de fusión

Ejemplos de conspiranoia:

La pandemia del coronavirus es mentira. Las vacunas llevan chips para controlar a la población a través del 5G y otras están hechas con células de fetos abortados. El Partido Demócrata norteamericano esconde una red de pederastas. La toma de posesión de Joe Biden no ocurrió en directo, sino que estaba pregrabada. La Tierra es plana. Las mascarillas causan daños neuronales. 

En el siglo XVIII, el abad Agustín Barruel necesitó años para extender el cuento de que la Revolución Francesa la habían orquestado los Iluminati, y su impacto fue limitado. Hoy, cualquier mentira puede recorrer el planeta entero en cuestión de horas. La edad de oro de las teorías conspirativas fue la Guerra Fría. Hoy vivimos la edad de platino.

La aceleración de la conspiranoia comentada en internet:

“La conspiranoia no es inocua, al contrario: en cuanto se convierte en ideología de Estado o de bandas terroristas o grupos fanáticos, sean religiosos y/o nacionalistas, conducen a masacres, matanzas, suicidios colectivos y hasta el genocidio”. Los ejemplos son múltiples a lo largo de la Historia. Al igual que en las sectas, los miembros llegan a sufrir cierta desconexión con la realidad e incluso con sus seres queridos del exterior.

“El pensamiento conspiranoico tiene beneficios para los individuos: nos da sensación de control, de que el mundo tiene explicación, nos cuesta mucho aceptar que no entendemos las cosas: muchas veces preferimos una mala explicación que la incertidumbre”. Y creemos que los grandes problemas deben tener grandes explicaciones: no es posible que, por ejemplo, el asesinato de Kennedy fuese obra de un tarado que actuaba solo: tiene que haber algo más poderoso detrás.

“Las personas conspiranoicas no tienen ninguna enfermedad mental, pero sí ciertos rasgos que las hacen proclives a creer: son buenas detectando patrones, perciben intenciones incluso donde no las hay, son desconfiadas y con nivel bajo de razonamiento analítico”. Es más fácil que una persona con bajo nivel de estudios caiga en estas creencias, pero también pueden hacerlo personas con carreras universitarias y doctorados.

Es importante fomentar el espíritu crítico, entender que hay fuentes de información fiables y otras que no lo son, aprender a reflexionar antes de compartir informaciones. Vivimos en tiempos de infodemia, es decir, de avalancha de información donde se mezcla lo verdadero y lo falso, lo relevante y la basura.

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