Martes, 20 Abril 2021 00:14

Enero de 2018

Escrito por: Ricardo Rivón Lazcano

En la democracia los actores saben lo que es posible y lo que es probable. Lo posible y lo probable dependen de las reglas de juego y el respeto de los actores a las mismas. Saber lo que probablemente sucederá y no lo que exactamente sucederá —por ejemplo, en un proceso electoral—, implica una dosis a veces insoportable de incertidumbre que se expresa en tres sencillos componentes:

  1. Aceptar que cualquier contendiente puede ganar;
  2. Espetar y confiar en los resultados de la elección;
  3. Tener certeza de que la oportunidad de competir se repetirá.

Quien afirme saber cómo será México al finalizar el 2021 seguramente se equivocará. Nadie conoce del futuro sino proyecciones que acabarán por no cumplirse.

Contra las visiones optimistas o fundadas en la fe, creo que deberíamos tratar de distinguir entre aquello que debemos preservar, lo que hay que reformar y lo que debemos intentar desterrar. Y la idea es que, si no lo hacemos, el futuro será peor que el presente.

Uno

Una característica persistente de México es su polarización social y económica. Extremos de miseria y de opulencia se observan y se contrastan cotidianamente en todas partes. (La esperanza de que el actual gobierno modificara estructuralmente tal rasgo ha muerto).

Sólo con una economía en crecimiento se pueden crear en el país los necesarios empleos formales, estables y seguros y buscar igualdad de oportunidades para todos. No tiene sentido plantear que primero hay que crecer y después distribuir: se debe crecer distribuyendo, distribuir para crecer.

Dos

Hay un México pequeño que derrama tinta y centímetros cuadrados en columnas de opinión, en el que en seminarios postestructuralistas universitarios se dialogan, deliberan, fraguan y proyectan muchísimas abstracciones -todas sesudas, todas complejas- que terminan por marcar los caminitos a seguir. Envidiable, lleno de orgullo en el que nos podemos echar un quién vive con cualquier otra cultura y sociedad del planeta.

Y un México grandote, que se ve reflejado en la informalidad laboral, trabajos precarizados, abusos de género, desigualdades económicas, derechos a medio otorgar, racismo y clasismo, incertidumbre alimenticia, servicios básicos, bienestar. En esta capirotada de contradicciones cuesta mucho trabajo ver un futuro distinto.

Tres

Alguien dijo que somos los libros que leemos, pero si no leemos somos el paisaje en que hemos crecido. Todo México es un desconcierto, cada ciudadano siente que algo se ha roto y que no podrá ser reparado, y es lo que están registrando la crónica, el arte y la literatura en una moda a veces exacerbada. Observadores de “los hechos”, veamos el barrio, el transporte urbano, los enfermos de pandemia, todo lo que da fisonomía a la ciudad y al campo.

Cuatro

El futuro de México es femenino. Ni modo, a veces los facilismos de playerita llevan razón, por algo se mantienen en playeritas cuarenta años y más. El futuro del mundo es femenino, porque la inclusión cabal del cincuenta por ciento de la población en las posibilidades completas del mundo, es indispensable para la subsistencia de su cien por ciento dentro de él. El futuro de México es femenino porque en su presente nos queda lejos esa inclusión. Y tiene que empezar por las mujeres. Hay muchas cosas urgentes en México, pero no hay palabras que alcancen y con algo hay que necear, aquí mi necedad puntual, alcanzable entre inalcanzables, para mañana mismo: tenemos que creerles a las mujeres cuando nos dicen que alguien les hizo algo.

(Trozos de la revista Nexos de enero 2018)

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