Lunes, 17 Mayo 2021 00:00

El fracaso de López Obrador

Escrito por: Ricardo Rivón Lazcano

“El fracaso de López Obrador” es el subtítulo del libro que tanto ha hecho enojar al presidente de la República. Libro que lo exhibe como la síntesis del mexicano preso en la jaula de la melancolía.

Aquí unos extractos:

Cuando en 2006 se conocieron los resultados electorales, López Obrador, descompuesto y sin reflexionar, exclamó airado: “¡Al diablo con sus instituciones!”. Esa frase, que fue muy comentada con espanto, ocultaba una situación paradójica y difícil de entender en ese momento: el líder populista que mandaba al demonio las instituciones era en realidad una criatura de las instituciones políticas mexicanas que se construyeron a lo largo del siglo XX. Y las instituciones que rechazaba eran las que impulsó la sociedad civil durante la transición democrática. El triunfo de López Obrador en 2018 fue impulsado por las viejas instituciones autoritarias que no habían muerto y que estaban subyacentes.

Una de las extrañas peculiaridades del sistema político mexicano, que tanto ha fascinado a políticos y politólogos en todo el mundo, es justamente esta paradoja: es capaz de mezclar populismo con institucionalidad. Esta paradoja está incorporada en el nombre mismo del partido, es el Partido Revolucionario Institucional: logró institucionalizar la revolución.

El populismo tiene tres componentes básicos. En primer lugar, una masa de población heterogénea formada de residuos de sectores sociales tradicionales agraviados y excluidos por la modernización, y que aparecen como incongruentes y dislocados. En segundo lugar, una modernización capitalista extremadamente rápida y agresiva que genera lo que Torcuato di Tella denominó “un efecto de deslumbramiento” en la masa social excluida y empobrecida que responde con un profundo resentimiento. Y, en tercer lugar, un líder carismático y autoritario que apela al pueblo con recursos emotivos, un ramillete contradictorio de ideas y que encabeza un movimiento que sobrepasa a los partidos tradicionales.

No tenemos un régimen de izquierda, sino un gobierno populista conservador. No hay un proceso de regeneración para mejorar lo que se ha descompuesto, sino un movimiento de restauración del viejo régimen político autoritario.

El presidente López Obrador ha tomado tres importantes decisiones que son típicamente derechistas (y neoliberales): no subir los impuestos, aplicar una dura política de austeridad e impulsar la militarización y la legalización de la función policiaca del ejército.

El gobierno populista, al mismo tiempo, se orienta hacia una política de subsidios y subvenciones al estilo del viejo PRI. También quiere regresar al viejo centralismo y al autoritarismo del antiguo régimen nacionalista. Se sueña con fortalecer los sectores estatales de la economía, sustituir importaciones y fortalecer los cultivos tradicionales campesinos con precios de garantía.

Una democracia avanzada necesita partidos políticos. La sociedad civil necesita estar dividida en partidos políticos que compitan bajo ciertas condiciones, bajo condiciones democráticas. No debemos olvidar a los partidos políticos, aunque, como se observó en las últimas elecciones, han entrado en una gran decadencia. El PRI entró en un proceso de tecnocratización semiliberal o neoliberal que fue arruinado por la corrupción. La izquierda prácticamente ha desaparecido del panorama; y la derecha democrática, o más o menos democrática, agrupada en el PAN, está pasando por una situación sumamente difícil. Es decir, estamos ante un sistema de partidos políticos muy débil, en situación crítica, y eso es verdaderamente alarmante.

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