Lunes, 24 Mayo 2021 00:00

Del otoño del patriarca

Escrito por: Ricardo Rivón Lazcano

1. Durante el fin de semana los gallinazos se metieron por los balcones de la casa presidencial, destrozaron a picotazos las mallas de alambre de las ventanas y removieron con sus alas el tiempo estancado en el interior, y en la madrugada del lunes la ciudad despertó de su letargo de siglos con una tibia y tierna brisa de muerto grande y de podrida grandeza.

2. En Hispanoamérica el hombre mito como concreción de la esperanza, como desahogo de todos los padecimientos, se convierte en un espejo deformante de dos caras: por un lado, la propensión del pueblo de aferrarse a la tabla de salvación del hombre mito genera caudillos y hombres "providenciales", y por el otro, éstos, a su vez, no tardan en convencerse a sí mismos de su representatividad histórica y sobrenatural y se erigen en árbitros supremos.

1.1 Había sabido desde sus orígenes que lo engañaban para complacerlo, que le cobraban por adularlo, que reclutaban por la fuerza de las armas a las muchedumbres concentradas a su paso con gritos de júbilo y letreros venales de vida eterna al magnífico que es más antiguo que su edad, pero aprendió a vivir con esas y con todas las miserias de la gloria a medida que descubría en el transcurso de sus años incontables que la mentira es más cómoda que la duda, más útil que el amor, más perdurable que la verdad.

2.1 Estos hombres elegidos aleatoriamente entre multitud de dictadores potenciales, con cierta capacidad para fascinar y con escasa inteligencia, si no se creen hombres providenciales desde un principio, llegan a serlo al poco tiempo de ser investidos en el cargo. Víctimas de la más cruda megalomanía pretenden ser los héroes poseedores de la verdad auténtica de su época, verdaderos superhombres que deben ser reconocidos por el mundo entero por su clara visión y a los cuales, para poder salvar a sus patrias, les está permitido todo.

1.2 Y entonces fue cuando sucedió, incrédulos del mundo entero, idólatras de mierda, sucedió que él nos tocó la cabeza al pasar, uno por uno, nos tocó a cada uno en el sitio de nuestros defectos con una mano lisa y sabía que era la mano de la verdad, y en el instante en que nos tocaba recuperábamos la salud del cuerpo y el sosiego del alma y recobrábamos la fuerza y la conformidad de vivir,

2.2 Sigue siendo frecuente que las últimas palabras de los tiranos a punto de ser asesinados, depuestos, encarcelados o exiliados, sean de la más completa amargura ante lo que ellos consideran la más tremenda ingratitud de aquellos por quienes se han "sacrificado con la pesada carga del poder".

1.3 En los orígenes de su régimen cuando se había valido de un recurso igual para disponer de los poderes de excepción de la ley marcial ante una grave amenaza de sublevación civil, había declarado el estado de peste por decreto, se plantó la bandera amarilla en el asta del faro, se cerró el puerto, se suprimieron los domingos, se prohibió llorar a los muertos en público y tocar músicas que los recordaran y se facultó a las fuerzas armadas para velar por el cumplimiento del decreto y disponer de los pestíferos según su albedrío, de modo que las tropas con brazales sanitarios ejecutaban en público a las gentes de la más diversa condición.

2.3 No es raro que al verse de pronto encumbrados en la cima del poder que tanto han soñado, rodeados de espanto y respeto, de una adulación sin límites que amortigua las facultades críticas, abocados a verse en una distancia cada vez más grande entre sí y los próximos semejantes, terminen por creer ser unos superhombres elegidos de la providencia.

(Una trenza con el ensayo de CAMARGO ROJAS y POLO GARCÍA).

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