Lunes, 31 Mayo 2021 00:00

Vuelta a la cortina de hierro

Escrito por: Ricardo Rivón Lazcano

Dos años antes del triunfo de la Revolución cubana, Gabriel García Márquez publicó sus crónicas De viaje por los países socialistas: 90 días en la Cortina de Hierro.

La historia se repite, dicen, y ese es uno de los errores de la historia, porque aquello de que el pueblo que no reconoce su historia está condenado a repetirla es un callejón imaginario sin salida:  

- La cortina de hierro no es una cortina ni es de hierro. Es una barrera de palo pintada de rojo y blanco como los anuncios de las peluquerías. Después de haber permanecido tres meses dentro de ella me doy cuenta de que era una falta de sentido común esperar que la cortina de hierro fuera realmente una cortina de hierro. Pero doce años de propaganda tenaz tienen más fuerza de convicción que todo un sistema filosófico. Veinticuatro horas diarias de literatura periodística terminan por derrotar el sentido común hasta el extremo de que uno tome las metáforas al pie de la letra.

- Hay instantes de la sensibilidad que no se pueden reconstruir y explicar. Aquella gente estaba desayunando con las cosas que constituyen un almuerzo normal en el resto de Europa, y compradas a un precio más bajo. Pero era gente estragada, amargada, que consumía sin ningún entusiasmo una espléndida ración matinal de carne y huevos fritos.

- (En Berlín Occidental) Los norteamericanos, como los niños, tienen horror de los murciélagos. En lugar de apuntalar los pocos paredones que quedaron en pie después de la guerra y hacer con ellos una ciudad de remiendos, aplicaron un criterio más higiénico y mucho más comercial: borrón y cuenta nueva.

- (En Berlín Oriental) La avenida Stalin es una inmensa perspectiva con residencias parecidas a las de los pobres ricos de provincia, pero amontonadas una encima de otra, con incalculables toneladas de mármol, de capiteles con flores, animales y máscaras de piedra y agotadores portales con estatuas griegas falsificadas en cemento armado. El criterio de quienes concibieron ese esperpento es elemental. La gran avenida de Hitler fue la 'Unter Den Linden'. La gran avenida del Berlín socialista -más grande, más ancha, más pesada y más fea- es la avenida Stalin.

-Ningún obrero en ninguna parte del mundo y por un precio irrisorio vive mejor que en la avenida Stalin. Pero contra los 11 mil privilegiados que allí viven, hay toda una masa amontonada en las buhardillas, que piensa —y lo dice francamente— que con lo que costaron las estatuas, los mármoles, el peluche y los espejos, habría alcanzado para reconstruir decorosamente la ciudad.

- (En las dos Berlines) En ciertos sectores basta con atravesar la calle. Una acera es socialista. La otra es capitalista. En la primera, las casas, los almacenes, los restaurantes pertenecen al estado. En la segunda son de propiedad privada. En teoría, quien vive en una acera y atraviesa la calle para comprar un par de zapatos, comete por lo menos tres delitos de cada lado.

-Para nosotros era incomprensible que el pueblo de Alemania Oriental se hubiera tomado el poder, los medios de producción, el comercio, la banca, las comunicaciones, y sin embargo fuera un pueblo triste, el pueblo más triste que yo había visto jamás.

-Se ha calculado que si estalla una guerra Berlín durará 20 minutos. Pero si no estalla, dentro de cincuenta, cien años, cuando uno de los dos sistemas haya prevalecido sobre el otro, las dos Berlines serán una sola ciudad. Una monstruosa feria comercial hecha con las muestras gratis de los dos sistemas.

- 'Cuarta transformación': eufemismo que justifica la destrucción de todo lo habido sin necesidad de presentar alternativas viables que sustituyan las pérdidas.

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