Lunes, 08 Febrero 2021 00:00

El terror sanitario

Escrito por: José Luis Alvarez Hidalgo

Quise comenzar este artículo con una expresión un tanto estentórea, casi como el título de una película de horror hollywoodense, justamente porque es lo que estamos viviendo; es decir, la ficción en la que un director macabro nos ha metido sin avisarnos (que se trata de una ficción), pero con nuestro absoluto consentimiento para representar un papel que nunca imaginamos, el de un personaje extraño al que desconocía y al que comienzo a reconocer, tal vez, como mi verdadero yo.

Esa es la auténtica alienación (y, por ende, alineación) que favorece el sometimiento a un nuevo sistema de cosas erigido a raíz de que la pandemia del coronavirus y todo el aparato propagandístico que lleva consigo, paralizó al mundo entero con la sinfonía del horror…

Han pasado 11 meses de vivir atrapados en una jaula creada por un poder omnipresente, aquel que todo lo ve, vigila y sanciona al detractor (Orwell, dixit); antaño fue una “Jaula de hierro”, según la concepción de Max Weber y de Talcott Parsons, la que aprisionaba al trabajador como un engranaje más de una maquinaria burocrática, en contra de su propia voluntad.

Ahora la cosa es distinta, la mala nueva es que ahora se denomina Jaula 5.0, y que —de acuerdo a los criterios de Ilán Semo (La Jornada, 23/01/21)— ahora no hay límites posibles a esta nueva forma de control social que se basa en la virtualidad que nos aprisiona en nuestras casas y nos coarta toda libertad.

He aquí lo más grave y lo que nos compete directamente como universitarios, debido a que el propio Ilán Semo advierte que —según expertos en el tema— la educación nunca regresará a ser lo que era, será sustituida por la enseñanza a distancia (ya ocurre así, ahora mismo), so pretexto de cuidar la salud a toda costa y cueste lo que cueste, por lo que desaparecerá el estudiantado como fuerza política, social e intelectual. En este momento, las universidades — sin los estudiantes presentes— están muertas, inmovilizadas social y políticamente; la energía que les da vida está encapsulada forzosamente en sus casas, y las universidades, las escuelas todas, son museos de cartón que se derrumban de tristeza y aburrimiento.

Antes de que se me acuse públicamente de “conspiranoico”, el nuevo estigma para excluir y silenciar a todo aquel que se oponga al discurso hegemónico que se emite desde la Organización Mundial de la Salud (OMS) y sus cómplices del Nuevo Orden Mundial; debo aclarar que no estoy negando la existencia de la pandemia, estoy afirmando la gravedad de los efectos colaterales de control social que han sumido al mundo entero en la mansedumbre y el sometimiento voluntario a los designios implacables de la nueva religión de la salud que ha generado fanatismos sin precedentes en la historia de la evolución humana.

La manipulación mediática no se queda atrás al magnificar hasta el delirio la gravedad de la “plandemia” (término acuñado por “los conspiranoicos” para hablar de todo un plan de dominio universal) y enviar mensajes torrenciales y estridentes de alerta en torno a la pandemia, resaltando las cifras de muertos, contagiados, enfermos, hospitales saturados y lo que es peor, desinformando sin ninguna ética periodística, al descalificar todas y cada una de las acciones que ha emprendido el gobierno federal en su combate en contra del virus; estos medios, han desatado una guerra sin cuartel fingiendo una auténtica preocupación por sus audiencias, cuando en realidad lo único que les importa es dar un golpe de estado mediático al gobierno que encabeza Andrés Manuel López Obrador.

Este es el panorama que nos abruma, el modo como se va a imponer una “nueva normalidad” que tiene todos los visos de que llegó para quedarse y crear nuevos modos de organización social que tienen que ver con la cancelación de todo tipo de libertades a través de la generación del terror sanitario, del miedo a la enfermedad y peor aún, del pánico a la muerte como mecanismo de sometimiento, el más efectivo de todos y que, a los perpetradores del nuevo sistema mundial, les está dando excelentes resultados, incluso más allá de lo que nunca pudieron imaginar.

Por ello, Carlos Fazio nos alerta sabiamente sobre los graves riesgos de que aceptemos este discurso hegemónico sin chistar, al señalar que el distanciamiento social, el confinamiento sanitario y la obligada conexión virtual serán los nuevos principios de organización social, en especial el que pregona la paradoja de que el cese de toda actividad social y política presencial, se presenta como “la forma ejemplar de participación cívica”. Hablan de los” bien portados”. Los irresponsables, egoístas, conspiradores en contra del discurso dominante, somos los “mal portados” (Por cierto, ¿alguien sabe qué pasó con Karina Acevedo Whitehouse? Ya no la veo en los medios universitarios…¡gulp!).

Esta historia continuará…

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