Martes, 04 Febrero 2020 00:00

Kobe y la simulación periodística

Escrito por: José Luis Álvarez Hidalgo

La muerte del superastro del baloncesto estadounidense, Kobe Bryant, ha provocado un auténtico cataclismo mediático de proporciones épicas y de una extrema apología y culto a la personalidad. Los medios de todo el orbe se desgañitaron y desgarraron todas sus vestiduras al informar sobre la fatal noticia. No hubo mesura, sino estridencia.

La excesiva cobertura mediática no tuvo paragón alguno, no recuerdo cuál fue la última figura pública a la que se dedicó tanta atención en los medios de comunicación. ¿El asesinato de Kennedy? ¿La muerte de Juan Pablo II? ¿El magnicidio de Colosio? Oh, dioses, no puedo recordar…

El problema no es estrictamente el tiempo al aire, en pantalla o las miles de páginas impresas sobre el tema; no es la cantidad, es la cualidad; es decir el tratamiento, o mejor aún, el tono periodístico que revistió a toda la información. Y volvemos a caer en lo mismo, en el género predilecto de las multitudes: el melodrama ranchero y barato de la cultura nacional.

Lo vivimos in extremis cuando ocurrieron los decesos de dos grandes de la música popular, Juan Gabriel y, más recientemente, José José. Es entonces que esa cultura lacrimógena y sensacionalista que suele tener nuestro periodismo, llegó a grados aberrantes de fanatismo puro a la figura pública, al esplendor efímero de la fama.

El caso de Kobe Bryant no es la excepción, y es que además tiene otras aristas muy filosas y peliagudas, de las que no se ha querido dar cuenta debido a que el periodismo deportivo que se practica a nivel internacional parece que solamente tiene una cara: la de enaltecer al ídolo de las multitudes y/o lamentarse por el héroe en desgracia.

No da para más, es festejo o luto. Lo anterior significa que la crítica que se práctica en estas lides periodísticas, se enfoca principalmente a cuestionar el desempeño de un equipo o individuo, al nivel de calidad que tuvo tal o cual encuentro o informar y hacer la crítica de los resultados deportivos.

El tema a discernir, es que el periodismo deportivo se ocupa muy poco de analizar la raíz política de los acontecimientos deportivos; no existe un ejercicio crítico sobresaliente acerca del lado oscuro del deporte que, al igual que cualquier otro suceso de la vida nacional e internacional, también muestra una faceta muy compleja y retorcida en donde las decisiones políticas que alteran y corrompen la faz del deporte, se ocultan debajo de la alfombra y, si acaso se abordan; sólo se hace de modo superficial, sin revelar y cuestionar las causas profundas de tal evento noticioso.

Tal es el caso de la información revelada por Felicia Somnez, reportera del periódico más emblemático de los E.U., el Washington Post, al dar a conocer una faceta poco conocida de la estrella de los Lakers: la de violador.

En la nota publicada nos narra el atroz abuso sexual al que sometió a una jovencita a quien le destrozo la existencia y a la que no se le hizo justicia jamás, lo mismo que otras mujeres que no se atrevieron a denunciar los atropellos sexuales de este falso profeta del heroísmo deportivo, debido a que el poder que le otorga la fama le hace inmune, e impune, a cualquier aplicación de la justicia en su contra. ¿Usted conocía la faceta más siniestra de esta figura pública?

Lo peor del caso, es que la periodista fue marginada y sancionada por su propio periódico al atreverse a divulgar esa información sin el consentimiento de la empresa, lo cual resulta inverosímil en un periódico que ha sacudido la conciencia nacional y que fue capaz de derrocar a un presidente y estremecer al poder político con sus grandes investigaciones periodísticas.

Ahora, censura a una colaboradora que se atreve a “ensuciar” la imagen del ídolo de las multitudes. Sin duda, un acto de alta traición al periodismo libertario que juraron defender.

Por ello, me resultan patéticas e insulsas todas las intervenciones de los monos parlantes de la televisión, las voces de la radio y los medios impresos que se desgañitan en alabanzas desmedidas hacia alguien con un pasado tan controvertido. “Que eso no se sepa”, el periodismo deportivo se esmera en pulir la imagen sacrosanta del héroe y oculta las pestilentes verdades.

Por supuesto que existe un periodismo deportivo digno y valiente que indaga en los entretelones del deporte y exhibe las lacras que se generan desde el poder político que gobierna al mundo deportivo.

Basta con citar la sección deportiva de la revista Proceso, que siempre publica sendos reportajes que sacan a la luz la corrupción y el nepotismo que inundan al deporte nacional. Ese es el periodismo que nos hace falta, no aquel zalamero y laudatorio que crea ídolos de barro y podredumbre y los eleva a la cima del mundo. Ese periodismo no nos sirve.

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