Lunes, 17 Febrero 2020 00:00

Ingrid

Escrito por: José Luis Álvarez Hidalgo

“Con el corazón roto y la sangre en llamas, hoy y siempre te nombramos, Ingrid”

–@brujasdelmar

El nombre de Ingrid pasará a la historia, no sólo como el referente obligado de un crimen atroz y despiadado, propio de un ser diabólico lleno de odio hacia la mujer, sino como un símbolo lacerante del escarnio público de un hecho que debería avergonzar a la sociedad entera.

Ingrid es el nombre de una víctima más de la ola de feminicidios que sacuden al país y que se ha naturalizado de tal manera que, incluso, se hace mofa del suceso en varios medios de comunicación y se le revictimiza en las redes sociales de tal forma que es difícil creer que existan personas del sexo masculino con un nivel tan alto de insensibilidad social.

Para muestra un botón: “¿Porqué las mujeres no se valoran y andan con tipos así? ¿De quién es la culpa?”. Esta joyita de expresión, la manifiesta en su cuenta de twitter, un sujeto que dice ser abogado litigante independiente y que responde al nombre de Jesús Sócrates Miranda, lo cual nos escandaliza sobremanera debido a que esta ha sido una tendencia importante en redes sociales donde no se tiene el menor escrúpulo en responsabilizar a la propia víctima por haber sido asesinada brutalmente.

No me cabe en la cabeza que alguien pueda pensar que Ingrid tuvo la culpa por vivir con un criminal como Francisco “R”, quien le arrebató la vida.

La insensatez, las expresiones de odio y la más pura y cruel misoginia es la que permea el espacio mediático y de la web que se irradia en todas direcciones y sin ningún control formal y mucho menos, sin el menor atisbo de ética en esa muchedumbre anónima que se expresa “libremente” en las redes sociales. ¿De verdad creemos que son las “benditas redes sociales”, como suele decir el primer mandatario de la nación?

Cierto es que representa el medio ideal para que la ciudadanía se exprese con total libertad y que suele desbordar todos los límites deontológicos posibles, al grado del linchamiento mediático como práctica habitual, normalizada y hasta celebrada por muchos.

Lo mismo ocurre con los medios de comunicación tradicionales, tales como los periodicuchos sensacionalistas que no tuvieron ningún empacho en publicar la información del criminal suceso con sorna, desparpajo y burla soez, sin el mínimo respeto a la víctima del atroz feminicidio. Es el caso de La Prensa, El metro y de un impreso intitulado Pásala, que en su primera plana cabecea a ocho columnas “La culpa la tuvo Cupido. Días de san Valentín…”, para dar cuenta del acontecimiento.

Lo peor de todo es que publica la fotografía, a todo color y de gran tamaño, del cuerpo degollado, desollado y destazado de la víctima. ¿No hay autoridad alguna que pueda intervenir y sancionar con multas muy altas o sacar de la circulación a medios de tan baja ralea? Es tanta la impunidad…

Me consterna aún más el hecho de que las fotografías del cuerpo de Ingrid hayan sido filtradas incluso por autoridades de la propia Fiscalía de la CDMX, debido a que representa un ultraje totalmente violatorio a la integridad y al respeto del cuerpo de la víctima. Es el cuerpo expuesto, lacerado, asesinado, que se exhibe impúdicamente como si fuese un espectáculo digno de verse, una imagen pornográfica del crimen feminicida a los ojos mórbidos del espectador hambriento de sangre femenina. ¡¿A qué intolerables excesos hemos llegado como especie humana, como personas del sexo masculino?!

Otra faceta muy grave por haber difundido en los medios las imágenes del cuerpo lacerado de Ingrid, son las consecuencias legales y judiciales que tiene este suceso, lo que implicaría que se lastime la dignidad y la honra de la víctima, así como el hecho de que ya no se presente a dar seguimiento al proceso (en caso de sobrevivir al ataque violento), no participe en el peritaje, no declare y no muestre más pruebas, además de que se les estigmatiza, estereotipa y, lo más grave,  se les revictimiza y considera culpable de su propio asesinato. ¿Hay un absurdo y atrocidad mayor?

Ingrid no se merece esto. No se merece ser recordada así, como un cuerpo masacrado, ultrajado que inunda las páginas de los medios amarillistas. Ingrid es un nombre que no debemos olvidar, es una marca indeleble, un sello de fuego y un símbolo de lucha para que su crimen y el de miles de mujeres mexicanas no quede impune una vez más. Ingrid será la sangre en llamas que nos obligue a no olvidarla y que nunca más se vuelva a escribir esta historia de la infamia.

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