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20 años del TLCAN y la extraña encrucijada mexicana.

Por: Celso Hernández Rojas

Economista por la UNAM y militante de la economía solidaria

 

En la historia del TLCAN, en el lado mexicano hay pocos motivos para celebrar estos 20 años de su promulgación –incluso hay quien los señala como “20 años de pesadilla económica(La Jornada, 31/12/2013)”. Pero de igual modo ha cubierto un conjunto de objetivos visibles para sus participantes sobre todo en el acuerdo comercial. Lo paradójico es que el éxito de unos es la pérdida de otros.Cuando volvemos la vista a 1994, para encontrarnos con la firma del TLCAN en el gobierno recién iniciado de Ernesto Zedillo, se encontrabana punto de estallar la crisis económica; por lo que no podemos menos que decir, que uno de los momentos más salvaje del capitalismo se estaba perpetrando con los llamados “errores de diciembre” del 94. Ahorase materializóde distinta forma la llamada Reforma Energética en este pasado diciembre de 2013. La similitud de ambos eventos estriba en que son decisivos porque cambian el rumbo del país.

 

32 años de favorecer al capital extranjero

Paradójicamente en 1982, López Portillo seautoproclama como el último presidente postrevolucionario, sin imaginar lo asertivo de su alocución ya que Miguel de la Madrid adopta la figura del primer presidente neoliberal y, obviamente, el conjunto de medidas que se profundizan como resultado del consejo de los órganos internacionales FMI-Banco Mundial se llevan a cabo en el periodo de Carlos Salinas de Gortari 88-94.Más esas políticas no se terminan ahípuesto que los gobiernos de Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y de Enrique Peña Nieto, son sus continuadores, lo que se traduce en los 32 años que se favorece al capital extranjero, principalmente.

Con Carlos Salinas se despliega un gran viraje en el que se abandonan las teorías del desarrollo nacional independiente para plantearse un modelo de desarrollo dentro delaglobalización, renunciando al mercado interno para buscar la inserción de México en el mercado mundial, con un crecimiento merced a la competencia internacional, esto trae como consecuencia que la industria manufacturera nacional se desmantele, ocupando su lugar un nuevo tipo de empresa dependiente del mercado esencialmente norteamericano, “la maquila”.

El conjunto de medidas que se tomaron para reorientar al modelo de acumulación, en su tránsito del mercado internoa la liberación del comercio, comienzan con  la eliminación  inmisericorde de todas las barreras arancelarias y de los gravámenes especiales con que se había protegido a la industria nacional -como se recordará, en el año 2000 las últimas protecciones al maíz, arroz, frijol, carne de pollo, y otros cereales, fueron eliminadas, dejando una economía totalmente abierta al libre comercio-, sin embargo, no debemos dejar de avistar que el impulso a la apertura comercial, se inicia dos años antes de la firma del TLCAN con la entrada de México al GATT (Acuerdo mundial de aranceles y comercio) y de la incorporación de México a la OMC (Organización Mundial de Comercio) que dan pie a la masiva derogación de impuestos y aranceles y a la abrogación de leyes, como la de las inversiones extranjeras.

Libre mercado vs. Proyecto nacional

Esto que hoyse señala pudiese ser anecdótico, la percepción general de los economistas de profesión, es proclive a la libertad de comercio y los mercados de competencia, un proyecto nacional basado en el mercado interno, con barreras arancelarias y políticas de protección a determinadas ramas o áreas productivas se percibe como algo obsoletoy, evidentemente,lo es así se le mira aislado de un proyecto nacional o de carácter estratégico.

Lógicamente, cuando se piensa en el TLCAN, se deben de tener claros los intereses de Estados Unidos y de sus grandes corporaciones, quienes a la postre han resultado las mayormente beneficiadas del acuerdo comercial. Pero también es imprescindible recordar otros actores; como la intervención de los senadores Jesse Helmsy Ross Perot, entre otros,quienes se opusieron aduciendo que con el TLCAN perderían millones de empleos en EUA, o de aquellos que lo hicieron estrictamente por motivos raciales.

Igualmente podemos inscribir la experiencia de Canadá, que firmó un tratado bilateral –Canadá-EUA–, mismo que después se incluyó en el TLCAN, pero con diferencia de dos años, en donde se dio una significativa y aleccionadorapérdida de industrias canadienses que se convirtieron en firmas norteamericanas.

No ha sido en vano,para Estados Unidos el esfuerzo que se realiza alrededor de la firma del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA), caso contrario con la creación del ALBA, que encabezó Hugo Chávez, la cual se creó como una iniciativa de integración latinoamericana opuesta a la visión neoliberal ya que en la reunión del Mar de la Plata Estados Unidos se retira.Como podemos ver los pactos bilaterales o multilaterales como el TLCAN son un instrumento en favor de los gobiernos neoliberales y llevan implícita la dependencia económica con Estados Unidos.

La falta de competencia

Bajo dichos planteamientos es fácil ver que no se trata de que el modelo de desarrollo que México sostuvo hasta inicios de la década de los 80 fuese mejor,   sino que la entrada del TLCAN, nos hace más dependientes de las decisiones económicas de las corporaciones norteamericanas y de su visión, y que no se cuenta con el margen de maniobra que nos daba la diversificación de mercados.Hasta ahora no parece que la situación se pudiese recomponer,SídneyWeintraub, en su obra “El TLC cumple tres años, informe de avances”, México, 1997, publicado por el Fondo de Cultura Económica,presenta el ejemplo de Levi’s, señalando que fabricando mezclilla con algodón sembrado en Coahuila y confeccionándolo y distribuyéndolopara el mercado mundial en suplantas de California, se daba un modelo de “integración económica” que es lo que el autor trata derealzar en su análisis, pero como bien sabemos esto no se generalizó e incluso las fábricas de Levi’s secerraron, lo que demuestra que este tipo de modelos si bien son funcionales no son garantía de nada; más bien diríamos que la maquiladora o“los talleres de sudor (sweatshops)”, como le llaman los anglos,funcionan como un modelo de integración económica de la mano del TLCAN.

La asimetría económica del tamaño de las empresas entre países no permite que haya un desarrollo económico del lado mexicano, lo único que se ha desarrollado es una competencia relativa y lo que ha operado essólo algo más general que en Canadá,la absorción de las empresas mexicanas por las norteamericanascon el consecuente avasallamiento de sus mercados. De manera paradójicaCargill de México, la mayor empresa introductora de maíz en nuestro país, determina los precios de la tortilla, la falta de identidad de los empresarios nacionales, va de la mano de los gobiernos para ampliar las ventajas para las empresas extranjeras.

Con la firma del TLCAN se identificaron cinco ramas industriales que soportarían la economía nacional de México: minería –oro y plata–, cemento, vidrio, cerveza, y algunos productos agropecuarios –aguacate, jitomate, hortalizas, etc.–, hoy “Corona”,la mayor cervecera del país, pasó a ser parte de la Budweiser; la minería paulatinamente va siendo ocupada por las empresas Canadienses y Norteamericanas como GoldenStar;y el vidrio ya no es tan importante como antes, ya que ha sido desplazado por otros productos como el PET.Y lo más catastrófico es que Pemex, haya sido abierta a la inversión extranjera formando parte de la “llamada seguridad energética de los EUA”,nos debe llamar seriamente la atención, que el consumo de los alimentos depende del comercio mundial y particularmente de la producción de las empresas norteamericanas, porque nos dice que no tenemos una perspectiva propia.

 

Desde la firma del TLCAN, quedaron temas pendientes como lo ambiental, tema en el que EUA es muy reacio a abordar; lo laboral, en particular la libre migración; el transporte fronterizo, donde sigue siendo excluido el transporte nacional, en tanto los transportes de EUA no tienen restricciones en México; y el desarrollo social, ya que un país con más de 60 millones de pobres tarde que temprano deberá buscarse una salida viable que no posee la clase gobernante actual o la elite de empresarios neoliberales.

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