23 de septiembre: el legado guerrillero continúa

Antes de asumirse bajo el estandarte de la hoz y el martillo en 1973, con el nombre de Liga Comunista 23 de Septiembre y consagrar su vidas a la lucha guerrillera para crear las condiciones de la revolución socialista y la abolición del estado burgués, un grupo de jóvenes de Guadalajara, Jalisco, se congregaban en espacios como la plaza del barrio de San Andrés para formar vínculos y promover la democracia en las instituciones educativas, que tomadas por las mafias locales, eran cómplices de la peor represión de la Guerra Sucia.
El documental 23 de septiembre, dirigido por el periodista y cineasta Mario Marlo, hace un registro de las historias y testimonios de esa generación de luchadores sociales, que incluso ante la demonización política y mediática que ha continuado hasta nuestros días, la brutal represión, la pérdida de sus camaradas y el aprisionamiento que enfrentaron en el apogeo de la dictadura priista, mantienen una firme convicción en la necesidad de un cambio revolucionario y un acompañamiento a las luchas contemporáneas, porque su diagnóstico es que aunque ha cambiado de forma y la ocupan otros nombres, la naturaleza de las instituciones gubernamentales es la misma.
Entre estos adolescentes unidos por la marginación, la violencia y la exclusión en los espacios públicos, en que la falta de oportunidades, la pobreza y la discriminación eran el pan de cada día para los hijos de la clase trabajadora, la agrupación barrial de “Los Vikingos” fue un espacio en que aprendieron una voluntad de resistencia y participación en la vida pública, en que fueron desarrollando las sensibilidades que les harían saber que otro mundo es posible.
De la agrupación estudiantil a la lucha revolucionaria
La contradicción que representaba una educación pública sin democracia para sus estudiantes o para el magisterio invocó un espíritu de lucha, ya que la principal agrupación de representación estudiantil, la Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG), era un nido de privilegios y de cooperación con el Estado en sus crímenes, al grado de que, a décadas de su desaparición formal, fueron hallados restos humanos debajo del edificio de la FEG.
La demolición de esa instalación en 2014 por la Universidad de Guadalajara desapareció en minutos un recordatorio de su complicidad y su uso como parte de la maquinaria estatal en el apogeo de la Guerra Sucia, en que la tortura, la desaparición con mecanismos como los vuelos de la muerte y las ejecuciones extrajudiciales, fueron prácticas comunes.
La instauración del Frente Estudiantil Revolucionario para luchar contra la FEG y recuperar los espacios estudiantiles recibió una represión armada, en que los asesinatos, secuestros y tortura de los jóvenes luchadores llevó a constituir la organización guerrillera de la Liga Comunista 23 de septiembre.
A lo largo del documental puede verse la creación de un antimonumento que fue colocado en ese jardín en que todo comenzó, en la plaza principal de San Andrés, en que las familias y camaradas de los caídos y desaparecidos siguen la lucha por la memora, la reivindicación de la guerrilla, la resistencia ante el Estado y el acompañamiento de los movimientos populares contemporáneos, en que encuentran en el estudiantado, los defensores del territorio, los feminismos y las diversidades una voluntad crítica similar a la que ellos han sostenido.
Por lo que los momentos finales también incluyen los movimientos estudiantiles contemporáneos al interior de la Universidad de Guadalajara, que a 50 años muestra los paralelos históricos que muestran esa necesidad de organización y lucha, así como de continuidad del espíritu revolucionario. En que aquellos que ya lucharon no se han dejado de hacer presentes, sin desistir hasta los últimos días por resistir y así mostrar el ejemplo a los que vienen.
Un espíritu de lucha que no desiste ante el tiempo
Con la asistencia de miembros de la Liga Comunista 23 de septiembre, el filme se proyectó en la Universidad Autónoma de Querétaro, como parte de su periodo de muestra en festivales, instituciones académicas y eventos conmemorativos, para eventualmente tener una distribución más accesible al público general.
La presencia de Antonio Orozco Michel, Bertha Lilia Gutiérrez y Jorge Pérez Nora, hermano del “Tenebras” -líder guerrillero que participó en la fuga del Penal de Oblatos y fue ejecutado extrajudicialmente-, sirvió para dar muestra de la humanidad de aquellos luchadores sociales, que incluso en edad avanzada respondieron a un auditorio desbordado con entusiasmo, paciencia, sensibilidad y convicción en que la lucha debe continuar.
Gutiérrez destacó que las mujeres siempre tuvieron un rol fundamental incluso si llega a ser invisibilizado históricamente, ya que para la organización guerrillera muchas mujeres dieron sus vidas y sufrieron las peores de las consecuencias, como fue el caso de la desaparecida por el Estado, Alicia de los Ríos Merino. Así como de las madres, hermanas, vecinas, amigas y compañeras de todo tipo de rubros, que, a su manera, aportaron a la lucha incluso cuando arriesgaron su integridad.
Un espíritu de lucha que no desiste ante el tiempo
En entrevista para Tribuna de Querétaro, Antonio Orozco Michel, planteó que incluso si han cambiado los gobernantes el espíritu de represión es el mismo, pero que ha degenerado y subsistido con mecanismos como el narcotráfico que son los principales verdugos del Estado capitalista.
En cuanto a la importancia de dejar este registro de memoria histórica, Orozco reflexionó que “una vez que sobrevivimos, que salimos de las cárceles, que regresamos a nuestros lugares de origen, que nos reencontramos con compañeras y compañeros, comentamos entre nosotros qué podíamos hacer para no olvidar a nuestros compañeros caídos y compañeras”.
Por lo que emprendieron un “proceso de recuerdos y de articulación de los recuerdos” para compartir su historia, hasta ahora desconocida y distorsionada, condenada por los grupos de poder. En que la escritura de libros, los testimonios, conversatorios y documentales, “con el corazón en la mano”, han sido cruciales para “revertir esa campaña de descalificación de todos los medios al servicio de los poderosos”.
Los mecanismos de esclarecimiento tienen que incluir a las víctimas
Orozco recalcó que en un reciente encuentro de sobrevivientes de la Guerra Sucia y sus familiares hicieron un reclamo de que el Mecanismo de Esclarecimiento Histórico no “llegó al fondo”.
“La Comisión de la Verdad documentó las violaciones cometidas durante la Guerra Sucia, demostró la participación de organismos oficiales, del Ejército y de las policías en crímenes de lesa humanidad, documentó con datos duros que son imposibles de negar, pero no pasó de ahí”, señaló.
El exguerrillero puntualizó que deben continuar estos mecanismos pero que necesitan que les dejen ser partícipes como coadyuvantes al trabajo de la Comisión de la Verdad, “en la que queremos realmente que se diga qué pasó con los cientos de compañeras y compañeros desaparecidos, quiénes las desaparecieron, las responsabilidades que hay en tanto en el ejército como en los grupos paramilitares”.
Ante todo, enfatizó que su reclamo es por la justicia, en que no solamente quieren que se “identifiquen las cadenas de mando, sino además que se ubique a los perpetradores de esos crímenes y se le someta a juicio, tanto a los que están vivos como a los que no lo están, y que se castiguen las responsabilidades”. En que sigue una contradicción de engrandecimiento del poder del Ejército y su defensa por la administración de Obrador.
El sistema sigue siendo el mismo
Con el advenimiento de la izquierda electoral, la desaparición del CISEN como sucesor de la DFS y la conquista de algunos derechos, aparentaría haber progresos sustanciales sobre la pluralidad del Estado, sin embargo, Antonio Orozco distingue una “fachada” montada en una farsa de concesiones para proteger las mismas estructuras y privilegios.
“Los supuestos cambios que ofrecen gobiernos como este actual no son tales, son concesiones, algunas migajas, pero la estructura que provoca la desigualdad y la injusticia sigue intacta. Nosotros cuestionamos de raíz al sistema como el causante de todos los males de la sociedad, el sistema que divide a nuestra sociedad en clases, la clase explotadora, la clase burguesa, la clase empresarial, los grandes magnates, los grandes oligarcas y los trabajadores del otro lado, obreros, campesinos y masas populares, estudiantes, eso no ha cambiado”, precisó el exguerrillero.
“El asesinato de líderes comunitarios, de defensores de los derechos humanos, de periodistas, es una cifra espeluznante. No hay mecanismos que protejan, nuestro pueblo sigue siendo víctima de esta violencia descomunal”, en que las organizaciones criminales forman instrumentos del Estado y el sistema de partidos sólo legitima el poder y sus injusticias.
Por lo que siguen con la misma conclusión a pesar de todos estos años, Michel señala que el “pueblo tiene que adquirir conciencia y crear sus organizaciones independientes de todo poder, de todo partido desde abajo y a partir de su propia organización y de sus propias conciencias de clase. No hay otro camino”.



