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300 familias establecidas en marginación y pobreza

Viviendas a base de láminas, cobertores, plásticos, tarimas inservibles son la estampa de la colonia  San José el Alto.

Por: Ricardo Lugo

La inmensa cantidad de agua que desaguan las avenidas de la colonia San José el Alto hacia el asentamiento Las Margaritas, han destruido las rocosas calles y algunas casas. A causa de las lluvias, acceder a la zona en automóvil es imposible.

La construcción de las viviendas está basada en láminas, cobertores, plásticos, tarimas inservibles o cualquier cosa que sea útil para colocar de puerta, pared o techo.

Al transitar por el anillo vial Fray Junípero Serra, a la altura del campus norte del Instituto Tecnológico de Querétaro (ITQ), el lugar resalta por las humildes casas edificadas por las personas que habitan allí.

Una suela de zapato sirve de bisagra, cobertores o lonas de azotea con algunas llantas encima para detenerlos y no se los lleve el viento, o una tabla para que los niños la utilicen de carrito.

En esta colonia alrededor de 300 familias se han establecido ahí ya que no tienen otro lugar a dónde ir mientras, otros, simplemente quieren adjudicarse un trozo de tierra.

Para algunos, rentar un cuarto arrebata el poco dinero que ganan en las calles vendiendo chicles o limpiando parabrisas.

Los vecinos se quejan de la disgregación entre ellos y eso impide regularizar la colonia.

“¡Tamales, tamales!”, se escucha. Un señor aparece recorriendo el accidentado camino mientras sus dos pequeños hijos tiran del triciclo que difícilmente puede rodar entre los canales que las lluvias han abierto.

El olor a caucho quemado invade el ambiente. La nube de fuego que un montón de basura quemada provoca, emerge hacia el cielo y se confunde con las grises nubes que cubren el día. El aspecto de este asentamiento irregular es de pobreza.

En él coexisten familias que provienen del campo en busca de trabajo, sin embargo al llegar a la ciudad se encuentran con otra realidad: la marginación. Personas que por su situación social y económica son rechazadas en la industria o en algún otro empleo formal.

Amenaza lluvia y la señora Vicky, vecina del lugar, presiente que el día será difícil nuevamente: no sabe si su casa construida con tarimas y láminas resistirá otro torrencial aguacero.

“Esa casita es de mi sobrino. Se inundó y uno no puede vivir así. Ya lo que queremos es que nos reubiquen o nos den los terrenos. Nomás nos llevan largas y nada, puro sacar dinero. Nos piden mucho dinero; cada ocho días hay que dar”.

– ¿Para qué es el dinero?

– Según que para las láminas, que para beneficio de las colonias. Ahorita nos dijo un licenciado que nos pedirán los enganches de los terrenos, si todavía ni los miden. Pero ese dinero no va a pasar a enganche del terreno, sino que va a ser para calles. Si no nos han vendido los terrenos, ¿cómo nos van hacer calle primero?

No lo vemos correcto, estamos ignorantes pero cómo nos van a vender los terrenos si no están medidos -increpa la señora Victoria.

El asentamiento Las Margaritas tiene cinco años de haber sido ocupado. Don Tomás, presidente de la asociación que se encarga de sostener las pláticas con gobierno municipal, aseguró que llegaron al lugar, y a pesar de que los terrenos no eran propios, lo hicieron por necesidad.

Sin embargo, a pesar de los problemas que han tenido con la organización de la colonia, la esperanza les abre camino y un acercamiento con el ejidatario les proporciona la oportunidad de un supuesto acuerdo.

“Nuestra líder anterior llegó a caer en problemas ‘pesados’. Cada terreno tenía más de un dueño, había golpes y maltratos. A mi vecino lo mataron. La líder aceptó que fue ella quien había dado las armas y se fue hace seis meses. Contratamos un abogado y él ha tenido acercamiento con Jesús Zúñiga, el abogado de ellos. Empezarán un diálogo con ellos”.

“Antes vivíamos una vida caótica -continuó- nomás pensando a qué hora nos iban a sacar. A qué hora vienen con las armas nos atacan o golpean. A los vecinos los golpearon. Siempre ha habido necesidades. La primera vez se nos metió el agua a la casa”.“Apóyenos, digan a gobierno que sea verdad lo que habla. No tenemos, hay gente que está esperando una lámina”, concluyó.

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