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5 de Febrero presentó ambiente festivo; desplazó a la protesta

La camioneta poco a poco empieza a avanzar por la calle Corregidora en dirección hacia Universidad. A su paso, la gente también aumenta su velocidad. Y como si se tratara de una estrella de Rock, corren detrás del vehículo

Son las dos de la tarde, en el Centro Histórico de Querétaro aún quedan los rastros que dejó Andrés Manuel López Obrador, presidente de la República: vendedores ambulantes ofrecen llaveros con la imagen de AMLO y gorras con la frase “Me canso ganso”. En el jardín Corregidora algunos de los que protestaban dejan el megáfono y se dispersan lentamente. A unos metros, la ambulancia llega para auxiliar a un hombre adulto que se encuentra herido por un golpe en la cara, consecuencia de perseguir la camioneta del Ejecutivo federal.

En la calle 16 de Septiembre, uno que otro funcionario es interceptado por la gente que aún ronda por ahí: a Martí Batres le piden fotos y a Javier Jiménez Espriú unas reporteras le preguntan por el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. El día sigue soleado y el bullicio que caracteriza al Centro poco a poco vuelve a la normalidad.

Protesta, desplazada mas no ausente

El 5 de febrero de 1917, el Teatro de la República fue testigo de la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; 102 años después, mientras ese mismo recinto se llena de la “cuarta transformación”, las calles aledañas reciben a ciudadanos que esperan tomarse una foto con el presidente de México y otros que protestan porque sus causas no han sido atendidas. Cuatro horas antes, la conmemoración apenas comienza.

El pronóstico del tiempo indica que será un día soleado. Un poco antes de las 10 de la mañana, plaza Fundadores se encuentra con más movimiento que lo habitual. Hay gente que lleva banderas de la organización Unidad Cívica Felipe Carrillo Puerto (UCFCP). Las banderas que más llaman la atención son de color rojo y llevan la hoz y el martillo que caracterizan al símbolo del comunismo. Hoy es un día especial. La plaza está llena de carteles y mantas que dicen: “Fuera Elvia Montes” o “Represores los caciques Pérez Rojano. Libertad a Ana Ochoa, presa política”.

La cobertura mediática no es la misma que tendrá el evento protocolario del Teatro de la República, que mantuvo la misma liturgia de los últimos años. Aquí, apenas unos 4 reporteros entrevistan a Pablo González Loyola, líder de la UCFCP, quien explica el motivo que los tiene congregados frente al templo de La Cruz. Son campesinos, comerciantes y activistas de causas populares. También hay niños y mujeres que llevan a sus bebés en carriolas o portan sombrillas para cubrirse del sol.

Más de 200 manifestantes empiezan a formarse en tres filas. Se dividen en contingentes por cada organización civil: comerciantes de La Griega, San Juan del Río y la Peña de Bernal; organizaciones de San Luis Potosí, Michoacán, Guanajuato y la Ciudad de México.

Elementos de la policía municipal dicen a través de sus radios que el recorrido que dará la marcha es incierto. “No nos quisieron decir por donde se van a ir”, comentan. Los locatarios de alrededor miran con sorpresa, murmuran; la gente que pasa por ahí los mira con morbo.

El sol comienza a ocasionar pequeñas gotas de sudor de quienes están ahí presentes. Manuel Acuña, Zaragoza y después Corregidora son las calles que sienten los pasos firmes de los manifestantes. Voces que citan a Emiliano Zapata; mujeres que gritan: “¡Mujeres proletarias dejaremos el mandil y si fuera necesario tomamos el fusil!”. En una de las filas, un niño de no más de siete años imita el conteo que hacen los adultos por los 43 estudiantes de Ayotzinapa; lleva una gorra puesta y con las manos recarga una bandera sobre sus hombros.

Un aniversario diferente

Once de la mañana: a la altura de plaza Constitución se empiezan a ver algunos elementos de seguridad, toman fotos de la marcha, anotan en sus libretas. En este punto, la gente se detiene y presta atención del contingente que no deja de hacer ruido. Pese a que en un par de horas el presidente de México encabezará un acto solemne, las calles próximas al Teatro de la República no están cerradas, sólo el cuadro alrededor del recinto. A diferencia del año pasado, cuando se desplegó un operativo de seguridad desde las cinco de la mañana, y más avenidas, tales como Universidad, permanecían cerradas.

En años anteriores, los manifestantes mostraban un rechazo al entonces presidente de México, Enrique Peña Nieto. En 2017 se hizo un acto de “fusilamiento” de Peña Nieto: destrozaron figuras de cartón con la imagen del mexiquense, así como del gobernador Francisco Domínguez Servién, el entonces alcalde capitalino, Marcos Aguilar Vega, y miembros del gabinete. Este año, los manifestantes ofrecen su ayuda al presidente de la República para lograr sus demandas.

Su recorrido termina en Corregidora y Ángela Peralta, sin embargo, las protestas continúan. Peralta se encuentra cerrada; apenas unos 10 policías estatales resguardan la valla. Exigen que los dejen pasar a entregar los pliegos petitorios de las organizaciones reunidas; quieren ser testigos de que AMLO reciba sus demandas. Mientras tanto, gente vestida formalmente empieza a acceder por esa misma calle; “somos invitados de Josefina Vázquez Mota” les dicen a los cuerpos de seguridad para que los dejen pasar.

A las 11:18, del otro lado de la calle, sobre Juárez, se ve la llegada de Olga Sánchez Cordero, secretaria de Gobernación. De este lado, las consignas son más intensas. También llega Mauricio Kuri, senador queretano coordinador de la bancada del PAN; saluda a algunos cuantos y entra rápidamente por este mismo acceso.

Los manifestantes sostienen que se van a quedar hasta que salga el presidente. Un señor que pasa entre los que protestan y les vende libros escritos por el presidente de la República. La banda de guerra se escucha, las personas comienzan a sentarse en las banquetas, buscan la sombra, se cubren del sol.

Acto seguido, se acerca un señor con traje; es un trabajador del gobierno federal. Se presenta como Carlos Sánchez, de la ayudantía del presidente. Desde el otro lado de la valla, comienza a dialogar con los líderes de las organizaciones. Les dice que por ser un evento protocolario el presidente no puede salir, pero que él les recibirá sus peticiones. Ellos exigen que los reciban.

El ambiente es pacífico, señoras comienzan a improvisar y escriben cartas dirigidas al presidente; son peticiones, le escriben sobre sus problemas. Un señor le entrega un folder dirigido a Beatriz Gutiérrez Müller.

Atropellada salida

Un poco antes de las 13:30, las personas ponen en su celular el discurso que el presidente comienza a dar. Sus rostros están cansados, pero esperan poder ver al titular del Ejecutivo cuando salga, aunque hay incertidumbre si el presidente saldrá por el acceso en que han pasado casi tres horas a la espera.

Se escucha el “viva México” tres veces. Las personas saben que adentro el acto concluyó. Elementos de seguridad comienzan a despejar a la gente, una camioneta blanca se dispone a salir. Las personas se amontonan y lentamente abren paso. Poco a poco las consignas cambian de lema, ahora solo gritan: “¡presidente, presidente!”. Ya no son las organizaciones civiles quienes gritan, también gente que camina y se queda en la multitud. Se escucha el clásico “Es un honor estar con Obrador”.

Minutos después, en una camioneta negra y del lado del copiloto, la mano del presidente saluda a todo aquel al que encuentra a su paso. Mujeres, hombres y jóvenes se abalanzan para tomar su mano; también hay fotógrafos y reporteros que buscan el mejor ángulo.

El tumulto de gente cada vez es más prominente; esto impide la circulación de la camioneta en donde va el presidente de México. Un adulto que también persigue el vehículo es aplastado por la gente y termina en el suelo; hay sangre en su rostro. A unos 10 metros, los empujones de la gente tiran a una segunda persona, aquí el presidente se baja de la camioneta para ayudarla y pide que no se empuje mientras entre jalones dos elementos de seguridad tratan de impedirlo, Andrés Manuel López Obrador regresa a su camioneta.

La camioneta poco a poco empieza a avanzar por la calle Corregidora en dirección hacia Universidad. A su paso, la gente también aumenta su velocidad. Y como si se tratara de una estrella de rock, corren detrás del vehículo. Hay ovaciones, gente que mira con sorpresa por la escena que acaban de presenciar. La conmemoración del 5 de febrero concluyó.

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