A 20 años del crimen de odio contra Octavio Acuña: su legado incide sobre Querétaro

El 21 de junio se cumplieron veinte años del crimen de odio contra Octavio Acuña Rubio, que fue asesinado a los 28 años por ser un hombre homosexual con la voluntad de dedicar su vida al activismo, los cuidados colectivos y la creación de comunidad con aquellos que eran excluidos por el Querétaro históricamente conservador.
Un Querétaro que entonces vivía su segundo gobierno estatal emanado del Partido Acción Nacional bajo la figura de Francisco Garrido Patrón, que no rompió la línea del fundamentalismo católico y el carácter socialmente reaccionario de los grupos de poder político-económico locales, sino que les dio fuerza bajo políticas de prohibicionismo moralino de la educación sexual y el erotismo, la marginación de cualquier persona que no entrara en la heteronorma, la represión y la negación continua de las diversidades, la impunidad como política de Estado, así como la desestima y culpa a víctimas.
Sin embargo, el fin de la vida de Octavio no fue el fin de su incidencia social, pues los lazos que creó y la familia elegida a la que cuidó y acompañó con esmero se mantienen vigentes, no sólo tras haberse organizado para demandar justicia y visibilizar internacionalmente el crimen que sufrió, sino por haber encontrado, a su manera, la forma de mantener la voluntad y redes de apoyo para las disidencias sexogenéricas en el estado, en un empuje constante por la dignidad, el orgullo y la progresión de los derechos sociales formalizados jurídica y políticamente en el marco institucional.
Congregados en “La Casa de Rubén”, un centro comunitario LGBTIQNB+ localizado en la calle José María Morelos del Centro Histórico, un espacio que acoge a las disidencias sexuales y de género que no habría podido imaginarse visible o sostenible en Querétaro apenas unas décadas atrás, amigos, familiares, conocidos e, incluso, quienes no tuvieron oportunidad de acercarse a Octavio, relataron sus testimonios sobre lo que compartieron y aprendieron de él, así como la forma en que sigue marcando sus vidas y la de muchas personas queretanas.
La creación de vínculos y redes comunitarias ante la negligencia institucional
La coordinadora en Querétaro de la Red por los Derechos Sexuales y Reproductivos en México (Ddeser), Lluvia Cervantes Contreras, recordó el ambiente de violencia estructural, censura y conservadurismo político que prevalecía en la entidad y cuyos efectos permean todavía.
Un “contexto profundamente adverso” para hablar de las sexualidades, la diversidad y las disidencias, así como el VIH que representaba una emergencia de salud a la que fue negligente el Estado, por las que surgieron redes de apoyo y proyectos como la Asociación Queretana de Educación para las Sexualidades Humanas (Aquesex), de la que Octavio fue parte desde sus inicios en la Facultad de Psicología de la UAQ y su formalización en 1993.
Desde los años ochenta, “comenzaron a surgir esfuerzos educativos en torno al VIH y los derechos sexuales y reproductivos desde la sociedad civil y el ámbito universitario”, aunque estos se enfrentaban con una fuerte oposición política y social. “Querétaro estaba gobernado por una derecha panista muy marcada, y luego por un priismo también antiderechos”, explicó Cervantes.
Un ejemplo fue el caso del “Condón Móvil”, un proyecto del Colectivo Sol que recorría el país para promover la educación sexual y prevención del VIH. En 2002, durante una visita al Jardín Zenea, el equipo fue agredido por un grupo de jóvenes: destruyeron la botarga de condón inflable, arrojaron pintura roja y lanzaron insultos homofóbicos. “Gritaban: ‘No les hagan caso a los homosexuales’”, recordó Cervantes.
Ese mismo año se censuraron espectáculos con contenido erótico, campañas de recaudación de fondos con temática homoerótica e incluso exposiciones artísticas, todo bajo una narrativa moralina y conservadora desde el poder. “Todo estaba documentado: censuraron desde un espectacular de Paulina Rubio hasta una exposición de pintura con desnudos femeninos”, puntualizó.
En ese contexto, Octavio Acuña se convirtió en un referente de resistencia y organización. “Aquesex se consolidó como espacio seguro para muchas personas disidentes que no eran aceptadas en sus casas, y Octavio fue clave para eso”, dijo Cervantes.
“Muchas de nosotras llegamos ahí porque en nuestras casas no podíamos hablar de lo que éramos. Octavio entendía eso. Luchaba porque todas las personas tuvieran una vida digna, sin importar su orientación o identidad”, refirió.



