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A 4 años, la lucha sigue y sigue…

“Ha sido ejemplar la actitud de los padres de familia. Gente campesina, muchos de ellos que ni hablaban español y que de un día para otro tuvieron que despertar a una realidad que los rebasaba; no ha dejado que el tema se muera”, dice otra ciudadana en la concentración

Sociedad civil y activistas encabezados por Amnistía Internacional Querétaro se reunieron para exigir al Gobierno Federal el esclarecimiento de la desaparición forzada de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa “Rafael Isidro Burgos”, ocurrida hace ya cuatro años. Poco después de la 18:00 horas del 26 de septiembre, plaza de Armas fue escenario de consignas que llevaban la voz de más de 50 personas; un contingente más modesto que todos aquellos que marcharon en 2014: “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!”.

Frente al palacio de Gobierno podía observarse una lona con la leyenda “Basta de mentiras históricas, queremos la verdad”; al mismo tiempo, activistas con chaleco amarillo colocaban alrededor los rostros en papel de los 43 normalistas que la noche del 26 de septiembre y la madrugada del 27 de septiembre del 2014 fueron desaparecidos en Iguala, Guerrero.

En México existen más de 37 mil personas desaparecidas, a lo largo y ancho de todo el país, muchas de las cuales pueden haber sido víctimas de desapariciones forzadas. No es normal que los casos no se investiguen adecuadamente y los responsables no sean llevados ante la justicia. El caso de los 43 estudiantes normalistas, en el estado de Guerrero, es quizá, el caso más emblemático de esta grave situación”, fueron las palabras del activista de Amnistía Internacional Querétaro, Ramón Mendoza.

Acto seguido, se dispuso a leer una carta en donde las palabras que más resonaron fue “impunidad”, “justicia”, “desaparición forzada”. De acuerdo con la Convención Internacional para la Protección de todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas, la desaparición forzada es “el arresto, la detención, el secuestro o cualquier otra forma de privación de libertad que sean obra de agentes del Estado o por personas o grupos de personas que actúan con la autorización, el apoyo o la aquiescencia del Estado, seguida de la negativa a reconocer dicha privación de libertad o del ocultamiento de la suerte o el paradero de la persona desaparecida, sustrayéndola a la protección de la ley.”

La carta dirigida al presidente de México, Enrique Peña Nieto, es un pronunciamiento que circula por todo el país, el cual, Ramón Mendoza invitó a que pudiera firmarla la ciudadanía congregada esa tarde: “Se llama a que se reabra el caso, y [que] por otra parte, se haga una investigación profunda con instancias nacionales e internacionales; de tal manera que se pueda llegar a la verdad. Llegando a la verdad, a la justicia, y a la reparación del daño… que se creen mecanismos para que no se repita el caso”.

¡En pie de lucha!

Posteriormente, una mujer activista indica que se hará el pase de lista. Dos voces de la sociedad civil pasan al centro y comienzan a gritar el nombre de aquellos 43 jóvenes del que su paradero continúa incierto: Luis Ángel Abarca Carrillo y todos responden ¡En pie de lucha!; Adán Abraján de la Cruz, ¡En pie de lucha!

Ayotzinapa, Tlatlaya, Atenco, Acteal, Nochixtlán, Tlatelolco: ¡Fue el Estado! Era la leyenda de un cartel que llevaba un joven, el cual era notable la voz al gritar Jorge Álvarez Nava, ¡En pie de lucha!; Felipe Arnulfo Rosas, ¡En pie de lucha!; Benjamín Ascencio Bautista…

Al dar por concluido el pase de lista, una señora toma la palaba y expresa que es necesario poner atención a una comisión de la verdad para esclarecer no sólo el caso de Ayotzinapa, sino desde lo ocurrido desde la matanza de Tlatelolco el 2 de octubre de 1968. Posteriormente, un joven agradece los pronunciamientos y las concentraciones que se dan desde las organizaciones y asociaciones civiles para no olvidar estos hechos.

“Cuatro años que llevamos con estos estudiantes desaparecidos; ha sido ejemplar la actitud de los padres de familia. Gente campesina, muchos de ellos que ni hablaban español, y que de un día para otro tuvieron que despertar a una realidad que los rebasaba, pero que han estado a la altura y que no ha dejado que el tema se muera”, dice otra ciudadana y pide un aplauso para los padres de los estudiantes normalistas.

¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!, ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!, ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos! Son las consignas que se escuchan a continuación.

No sólo es Ayotzinapa…

Después se procede a escuchar el discurso de una mujer que hace alusión al año de 1967, con la matanza de profesores y padres de familia en el municipio de Atoyac de Álvarez, en la Costa Grande de Guerrero; lo que derivó a que Lucio Cabañas comenzara su lucha guerrillera: “Desde ese momento hay un ataque directo a las normales rurales, de jóvenes estudiantes e indígenas con una formación socialista… jóvenes que pueden cambiar el futuro. Quiero recordar que esto fue también un ataque a las normales rurales y a la educación popular de México, en una masacre que viene en Guerrero desde hace muchas décadas; además de la coyuntura particular que vive el país, hay raíces históricas que es importante tener presente en este momento”.

 

Finalmente, cada uno de los presentes toma uno de los rostros de papel que representan a los jóvenes de Ayotzinapa y, en un acto de performance, se disponen a gritar el nombre de cada joven: José Eduardo Bartolo Tlatempa, ¡En pie de lucha!, Saúl Bruno García, Israel Caballero Sánchez… y la lista continúa.

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