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A falta de seguridad, vecinos deben vigilar centro de salud

Tras agresión a joven pasante de Medicina por jóvenes alcoholizados, autoridades condicionan el apoyo a los pobladores de La Solana

Por: Redacción, con información de Mariana Chávez Castañeda

Bajo la advertencia de que si no lo hacen les serán suspendidos los apoyos que les entregan mediante los programas federales Oportunidades y Cruzada Nacional contra el Hambre, unas 250 mujeres de La Solana (en Santa Rosa Jáuregui) denunciaron que son las encargadas de ofrecer vigilancia al personal médico del centro de salud, debido a la inseguridad.

Todo comenzó cuando una mujer, pasante de Medicina, se encontraba en el centro de salud y fue agredida por un grupo de jóvenes que estaba bajo los efectos del alcohol y estupefacientes.

Por ello, el subdelegado de la comunidad, Carlos Velázquez Bautista, organizó grupos de vigilancia conformados por los beneficiarios de programas sociales. “Nos pidió ir armadas con palos”, afirmaron las mujeres.

Ante esta situación, el delegado de la Sedesol, Manuel Pozo Cabrera; el alcalde de la capital, Roberto Loyola Vera; y el secretario de Seguridad Pública Municipal, Héctor Benítez López, coincidieron en rechazar que la ayuda de los ciudadanos sea condicionada a la entrega de apoyos que reciben vía programas gubernamentales.

Pozo Cabrera, exoficial Mayor en el gobierno de José Calzada Rovirosa, señaló que existe la figura de corresponsabilidad para los beneficiarios de algunos programas, que deben limpiar escuelas o participar en otras tareas comunitarias.

Para el edil capitalino Loyola Vera, del Partido Revolucionario Institucional, la inseguridad que viven comunidades de la delegación Santa Rosa Jáuregui se debe al abandono de las instituciones, pues en administraciones anteriores a la actual (que empezó en 2012) no había subdelegados que apoyaran a la autoridad, que sola no puede atenderla. “Necesitamos sintonizar esfuerzos con la propia comunidad”, expresó.

El secretario de Seguridad Pública consideró que con 923 agentes divididos en tres turnos para atender a un millón 200 mil habitantes, la policía capitalina no puede tener presencia permanente en cada comunidad; por ello, recibe apoyo de ciudadanos en algunas colonias por medio de comités “de buen orden”.

Héctor Benítez indicó que en La Solana hay grupos de jóvenes, la mayoría menores de edad, que consumen bebidas alcohólicas, lo que propicia riñas y robos.

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