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A las calles a defender las aulas. Marcha por un presupuesto justo

Por: David A. Jiménez / Mar Robledo

Cerca de 3 mil personas marcharon para demostrar su descontento con el recorte federal a la educación pública

“Educación primero al hijo del obrero”. Fue la consigna que rompió la tranquilidad de las calles aquel miércoles 26 de octubre. Estudiantes, autoridades universitarias, académicos y sociedad en general aparecieron por todos lados hacia la calle Hidalgo; el fin era el mismo: exigir un presupuesto justo y ético para el 2017.

 

El Rector de la Universidad Autónoma de Querétaro, Gilberto Herrera Ruiz, observó el arranque de la movilización, pero ante los cuestionamientos de la prensa, se limitó a decir: “Vayan con los muchachos”, en señal de un respaldo respetuoso a las acciones estudiantiles. Herrera ha persistido en que la unión de todas las universidades rendirá frutos contra este recorte, aunque al gobernador del estado le parezca que el Rector solo debe enfocarse en su Universidad.

“Somos estudiantes, no guerrilleros”

El contingente tocó avenida Universidad y se extendía todavía a Hidalgo. La avenida Tecnológico se convirtió en terreno para los manifestantes. Cerca de 3 mil almas se terminarían congregando en el jardín Corregidora de la capital.

La gente de los alrededores admiraba la marcha. Comentaban que nada de lo que hace el gobierno es correcto; los estudiantes tratan de mantenerse informados pues no pueden renunciar a algo de lo que son acreedores desde hace mucho: educación. Los ciudadanos más acelerados pitaban desde sus autos. Importaba más llegar a ver el “clásico” que apoyar a los causantes del tráfico en el Centro. “Somos estudiantes, no guerrilleros” gritaban los alumnos, como si respondieran a estas críticas.

Los estudiantes se detuvieron desde los pies de la Corregidora y casi tocaron los de Hebe en el jardín Zenea. Gritaban a coro: “¡palacio!, ¡palacio!, ¡palacio!”, pero varios mediadores entraron a calmar la situación con la justificación que la marcha era pacífica y prometiendo que serían escuchados.

Por un momento la opinión se dividió. Si bien, algunos fueron a la ocupada Plaza de Armas, la voces en el jardín Corregidora decían que no valía la pena separarse, pues esto los debilitaría. El frío se acrecentaba y la noche cobijaba a todos los presentes. Todo esto había sido ignorado, pues los universitarios siguen en pie de lucha.

 

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