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Abajo y a la izquierda, 25 años construyendo organización

Un breve destello de esos indocumentados de la política —que con o sin papeles, o títulos académicos, están haciendo la verdadera teoría política— se expresan en los tres tomos de ‘El Pensamiento Crítico Frente a la Hidra Capitalista’

Amaneciendo el año de 1994, nos despertamos con la sorpresa del levantamiento armado de indígenas mayas organizados en el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). La insurrección sacudió la conciencia, sobre todo de jóvenes que se identificaron con la rebeldía zapatista, reflejada en la organización de las movilizaciones que salieron a las calles en el país y desarrollaron alternativas al supuesto “fin de la historia” en el mundo.

Al tiempo que se exigía al gobierno parar la guerra, se construye una rebeldía que grita “NO”, ubicando la rebelión indígena como una referencia tangible de que otro mundo es posible. Democracia, libertad y justicia, como demandas y consignas, cimbraron la línea en boga a la que se ceñía la izquierda institucional limitada a la democracia representativa, sumisa al nuevo orden mundial, pasmada ante “el fin de la historia”.

Se abre un proceso constante, vigente, en el que irrumpe la izquierda de abajo con anteriores y nuevas luchas, experiencias, demandas de hombres y mujeres de colectivos y organizaciones —sin cabida en los estrechos márgenes clientelares de la izquierda partidista— que se construyen con otras formas de hacer política; con nuevas prácticas que se van enlazando a las diversas iniciativas pacíficas impulsadas desde las comunidades zapatistas, generando desde entonces nuevos procesos sociales.

Las diversas y continuas iniciativas zapatistas posibilitan procesos organizativos, convocando y acompañando siempre a los perseguidos, a los humillados, los excluidos, humildes como ellos mismos, a la gente digna y rebelde, con la misma rabia pero diferente en sentirla y encaminarla; enfrentarla, sin caer en la tentación de la hegemonía y la homogeneidad, reconociendo en la pluralidad el rumbo y destino.

Un llamado insistente destaca y se retoma según las formas y modos en las diversidades que se sienten aludidas y convocadas: la organización. Con la referencia en concreto de las mismas comunidades zapatistas que desarrollan su lucha, su autonomía y resistencia sostenida en su organización, aún ante el incremento del hostigamiento, el rearme de los paramilitares, el aumento de patrullajes militares aéreos y terrestres —y todo lo que hacen los malos gobiernos para tratar de destruirlos— y como quiera siguen resistiendo y rebeldes.

Instan a responder: “¿Y tú qué?”, con y desde la organización. Asumiéndose no como un ejemplo a seguir, sino sólo como una referencia. Ellos lo han hecho así. No todos son zapatistas: otros modos habrá —reconociendo las diferencias— pero iguales en elementos sustanciales. Así nos ubicamos quienes asumimos el acompañamiento que han significado los llamados, las iniciativas desde la selva lacandona. Nos ubicamos al lado de los despreciados, de los reprimidos, de los despojados y de los explotados de la tierra.

No miramos para arriba. Sí nos reconocemos en la mirada cómplice que se organiza abajo, escuchando su experiencia sin dictarle discursos. Rechazamos dirigir los movimientos buscando, entendiendo, lo que dicen sus bases, respetando sus formas organizativas. No nos reconocemos ni seguimos las coyunturas de arriba por muy “momentos históricos electorales” que traten de deslumbrarnos; generamos nuestros propios calendarios.

Reconocemos la riqueza de la diferencia trabajando y construyendo en la diversidad, impulsando espacios donde las mujeres se organicen en concordia, sin hostigamientos; donde se acepta la diversidad de las preferencias sexuales sin imposición de ninguna religión ni del ateísmo.

Desechamos la idea de un líder o una vanguardia que dirige, imprescindible, al movimiento social; así como que la teoría corresponde exclusivamente a los pensadores de la burocracia universitaria. Construimos en la práctica un pensamiento muy otro, enfrentando la visión del pensamiento único, diluyendo la percepción de que la política es tarea sólo de los especialistas.

La teoría política basada en los contundentes hechos sociales está surgiendo en las comunidades, en los ejidos, en los barrios, en colectivos, en los movimientos y organizaciones donde se reflexiona el tomar el destino en sus manos y, a partir de ahí, se produce una teoría elaborada por ese quehacer colectivo.

Un breve destello de esos indocumentados de la política —que con o sin papeles, o títulos académicos, están haciendo la verdadera teoría política— se expresan en los tres tomos de El Pensamiento Crítico Frente a la Hidra Capitalista.

La ética de la práctica política en la experiencia de la autonomía zapatista se sostiene como un referente de las posibilidades de los pueblos a seguir existiendo conservando sus formas, sus modos; en sí: su cultura. Ante el olvido, el desprecio, el exterminio, ante la muerte como único camino que el sistema impone, que “los abajos” del mundo se organicen sigue siendo una necesidad urgente.

Tender puentes entre las luchas del campo y la ciudad que permitan hermanar las rabias para enfrentar la tormenta que arrecia, es tarea importante en la conformación de la nueva iniciativa zapatista que se impulsa entre los pueblos originarios y las redes de resistencia y rebeldía en el mundo.

¿Qué sigue? “Remar contra corriente… cualquier capataz va a ser enfrentado, cualquiera; y no sólo quien propone una buena administración y una correcta represión —o sea, este combate a la corrupción y el plan de seguridad basado en la impunidad—; también quienes detrás de sueños vanguardistas pretendan imponer su hegemonía y homogeneizarnos. No cambiaremos nuestra historia, nuestro dolor, nuestra rabia, nuestra lucha, por el conformismo progre y su caminar detrás del líder”.

Con todo en contra: construir esperanza rebelde frente al finquero, al capital mundial, que busca convertir en finca amurallada todos los territorios y en mercancías a quienes habitan cada rincón de las geografías. Frente al capataz, con su nueva retórica oficial en el país, que intenta subsumir la tradición de lucha popular y democrática cooptando dirigencias (o sumisas doblegándose) y atacando frontalmente a quienes se resistan al “orden, honradez y ornato” de sus programas para las comunidades originarias y urbanas para llevar “progreso” a sus vidas.

Construir esperanza, con la memoria y dignidad que aportan las luchas de abajo en sus experiencias y formas organizativas, en un espacio de encuentro que incorpore las luchas de todos los oprimidos, de los desechables, de las desaparecidas y asesinadas, de los presos políticos, de las mujeres agredidas, de la niñez prostituida, de los calendarios y geografías que trazan el mapa imposible para las leyes de probabilidad, las encuestas y las votaciones: el mapa contemporáneo de las rebeldías y las resistencias en todo el planeta, desafiando los esquemas, las reglas, las leyes, los preceptos, los números y los porcentajes.

Construyendo organización es al ritmo con el que se baila en este veinticinco aniversario, sin rendirse, sin venderse, sin claudicar, porque —con logros y tropezones— siempre la lucha sigue.

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