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Alzheimer: las señales detrás de un simple olvido

La enfermedad de Alzheimer puede comenzar a desarrollarse en el cerebro muchos años antes de que una persona o su familia identifiquen los primeros síntomas, lo que una familia identifica como un simple olvido puede ser parte de un proceso que comenzó muchos años atrás. En el marco del Día Internacional del Alzheimer, María Guadalupe García Gomar, académica de la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) de la UNAM y experta en neurociencia, explicó que esta enfermedad es la demencia con mayor prevalencia mundial a comparación de otras, ya que esta afecta directamente al hipocampo, el cual está relacionado con las funciones de memoria.

El Alzheimer se caracteriza por generar acumulaciones de proteínas mal plegadas, principalmente beta-amiloide y tau; estas alteraciones afectan el funcionamiento de las células cerebrales y pueden provocar inflamación, modificaciones en el metabolismo de la glucosa, degeneración y, finalmente, muerte celular. La enfermedad conlleva diversas etapas y se considera una enfermedad multifactorial, esto quiere decir que no existen aspectos específicos que puedan incurrir en que una persona pueda obtener Alzheimer. La investigadora señaló que existen factores no modificables –como la edad, la genética o la historia familiar– y los factores modificables para el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas, como el consumo de tabaco, una dieta, actividad física; igualmente, tiene que ver si hay presencia o no de enfermedades metabólicas o antecedentes importantes de traumatismo cranioencefálico, e incluso cuestiones sociales importantes como el nivel educativo de la persona, el compromiso o el involucramiento cognitivo social, la calidad del sueño o la contaminación en el ambiente.

Uno de los principales signos del Alzheimer es la pérdida de memoria cuando esta comienza a interferir con las actividades de la vida diaria; sin embargo, detectar la enfermedad antes de que los síntomas sean evidentes continúa siendo uno de los principales retos para la investigación. Gomar explicó que actualmente existen estudios de imagen capaces de identificar alteraciones relacionadas con el Alzheimer, pero aún no se cuentan con biomarcadores que permitan establecer de manera general un diagnóstico durante las etapas más tempranas. «Si bien no podemos hablar todavía de que estemos en una fase de cura de la enfermedad, considero que hay avances importantes en el mundo y ya hace falta mucho por hacer», agregó la experta al referirse a las investigaciones que se han realizado para encontrar alguna manera de ralentizar o mejorar el pronóstico del Alzheimer.

El envejecimiento también puede producir cambios en la memoria, por lo que distinguir entre un deterioro normal y uno asociado con una enfermedad neurodegenerativa resulta fundamental. Olvidar ocasionalmente un nombre, una cita o algún dato no necesariamente representa una señal de Alzheimer, particularmente cuando la persona consigue recordarlo posteriormente y el olvido no altera sus actividades cotidianas; la preocupación aparece cuando la pérdida de memoria comienza a interferir con la vida diaria. Entre las señales alerta, Gomar mencionó olvidar información recibida recientemente, preguntar repetidamente por los mismos datos o comenzar a depender de anotaciones y estrategias que antes no eran necesarias; también pueden aparecer dificultades para planificar, resolver problemas, concentrarse o realizar actividades como pagar cuentas. La diferencia, explicó, se encuentra en el impacto que estos cambios tienen sobre la autonomía de la persona, mientras los olvidos ocasionales pueden formar parte del envejecimiento normal, los cambios asociados con el Alzheimer pueden dificultar actividades que anteriormente se realizaban de manera independiente.

Conforme avanza la enfermedad, sus efectos alcanzan también a quienes rodean a la persona diagnosticada. Los familiares pueden convertirse en cuidadores y enfrentar cambios en su dinámica social y familiar, además de asumir nuevas responsabilidades. La académica señaló que las labores de cuidado suelen recaer principalmente en mujeres, por lo que consideró necesario fortalecer los espacios de autocuidado para quienes acompañan a personas con enfermedades neurodegenerativas.

En México, estimó que el Alzheimer afecta aproximadamente a entre 7.8 y 8 por ciento de las personas mayores de 60 años; el envejecimiento de la población plantea, además, la posibilidad de que aumente el número de personas afectadas por enfermedades neurodegenerativas.

Aunque en el país existen grupos dedicados a la investigación de estas enfermedades, tanto mediante modelos animales como en el ámbito clínico, la especialista señaló que todavía se requieren mayores recursos y participación para ampliar el conocimiento disponible: «Como muchas otras enfermedades neurodegenerativas, se sabe bastante y siempre se desconoce bastante. Mientras más vamos conociendo, más necesitamos investigar», sostuvo la experta. Además, planteó, que el reto no consiste únicamente en encontrar tratamientos, también implica fortalecer la prevención, conseguir diagnósticos oportunos y generar condiciones para que las personas con Alzheimer y sus familias puedan enfrentar la enfermedad sin perder de vista su autonomía, dignidad y derechos humanos.

Para Gomar, prepararse para el envejecimiento también significa reconocer desde ahora las necesidades que pueden surgir con el aumento de la población adulta mayor; esto implica impulsar la investigación científica y construir redes de atención para las personas que viven con la enfermedad y para quienes asumen las labores de cuidado, de manera que estas responsabilidades no recaigan únicamente en las familias. En una población que avanza hacia un mayor envejecimiento, comprender el Alzheimer antes de que sus efectos sean irreversibles se convierte no solo en un desafío médico, sino también en una tarea de salud pública y de protección de la calidad de vida de quienes envejecen: «Yo creo que sabemos que el envejecimiento está, que con suerte nos va a pasar a todos y hay que prepararnos para que nosotros o esas personas envejezcamos y podamos tener la mayor autonomía y calidad de vida posible», expresó la investigadora.

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