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Ante abusos contra docentes surgió sindicato de académicos

Por Alfredo Rodríguez

Los orígenes del sindicalismo universitario en el estado de Querétaro se remontan al año de 1967, cuando en una primera expresión y ante las condiciones precarias de los maestros, se creó una Asociación Civil de Maestros Universitarios, movimiento que finalmente fue infiltrado por las fuerzas del gobierno y murió de inanición, narra el doctor en Sociología y percusor del movimiento, Mariano Amaya Serrano.

En una serie de entrevistas documentadas por el Sindicato Único del Personal Académico de la Universidad Autónoma de Querétaro (SUPAUAQ), Amaya Serrano explica que durante la administración del gobernador Juventino Castro Sánchez (entre 1967 y 1973), se aprobó una ley con la que se sometían los aspectos administrativos a un patronato controlado por la Cámara de Comercio, encabezado por un abarrotero llamado Antonio Espinoza.

 

El primer secretario del SUPAUAQ, Mariano Amaya, señaló que este patronato les jugó una ‘mala pasada’ a los maestros cuando decidió reducir el salario de los profesores de tiempo completo de cinco mil a cuatro mil pesos, aun cuando trabajaban hasta 52 horas aula por semana.

Ante la situación, los afectados se organizaron en una Asociación Civil de Profesores Universitarios, encabezada por José Ortiz Arana, Alejandro Juárez Zúñiga y el propio Mariano Amaya Serrano, a la cual se unieron la mayor parte de los docentes en activo.

Sin embargo, inmediatamente servidores públicos que al mismo tiempo trabajaban en la Universidad, se infiltraron en la asociación y comenzaron a entorpecer las tareas de las asambleas, en las cuales apenas se aprobaban unos cuantos artículos en tres o cuatro horas en sesión. Así, la asociación murió por inanición, ya que nunca se aprobaron los estatutos.

En 1974 nace el SUPAUAQ

Por su parte, Alejandro Obregón Álvarez, quien fue secretario general del SUPAUAQ y miembro fundador, manifestó, en la revista Superación Académica, que fue a unos días de salir de vacaciones de fin de año, en 1974, cuando iniciaron las reuniones entre maestros de bachillerato inconformes con su situación laboral.

Obregón Álvarez recuerda el contexto y apunta que el antecedente más inmediato al movimiento en Querétaro fue la primera huelga constitutiva del Sindicato de Trabajadores y Empleados de la UNAM, en los años de 1972 y 1973, organización que intentaba ser sofocada por el Rector en turno, al imponer otro sindicalismo de corte oficial.

Además, comentó que desde 1966 la universidad pública entró en una etapa crítica que se agudizó en 1968 y 1972, con el enfrentamiento entre estudiantes y maestros, contra los gobiernos de los Presidentes Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez.

El historiador aseguró que aunque no se vivieron las manifestaciones que hubo en otras entidades, la UAQ de ninguna manera permanecía al margen de los cuestionamientos y de la polarización ideológica subyacente a la vida académica y profesional.

Obregón Álvarez consideró que ante este contexto, los maestros en Querétaro ya se habían reunido durante algunos meses para crear un organismo.

Sin embargo, no lograban consolidar un documento satisfactorio hasta que se unió el doctor Mariano Amaya, quien finalmente escribió y presentó ante la asamblea constitutiva, la declaración de principios del sindicato, así como al estatuto del sindicato del personal académico de la Escuela de Bachilleres de la UAQ.

Para Mariano Amaya Serrano, la Asociación Civil de Profesores Universitarios de 1967 es el antecedente lejano de la fundación del SUPAUAQ.

Explicó que cuando se unió al movimiento de profesores y conoció la propuesta de retomar una asociación civil, les recordó el antiguo fracaso y les propuso, en cambio, la creación de un sindicato.

Amaya Serrano indicó que en ese momento la unión de los trabajadores era indispensable ya que existían diversos abusos por parte de las autoridades, quienes, entre otras cosas, les retuvieron sus salarios por tres quincenas.

Finalmente, el 29 de noviembre de 1974, a las 12 del día, en el Patio Principal de la Escuela de Bachilleres, se presentó el estatuto del Sindicato Único de Personal Académico de la Escuela de Bachilleres de la Universidad Autónoma de Querétaro (SUPAEBUAQ) ante 35 maestros reunidos.

En el primer punto se lee: “El personal académico de la Escuela de Bachilleres de la UAQ nos constituimos como sindicato, con el fin de estudiar, mejorar y defender nuestros intereses”.

En la revista Diálogo Universitario del 3 de diciembre de 1974, se consigna que el primer Comité Ejecutivo del SUPAEBUAQ estaba compuesto por Mariano Amaya como secretario general, Francisco Perusquía, como secretario de Actas y Acuerdos, Dolores Cabrera como tesorera, así como Agustín Pacheco y Eduardo Sánchez, como vocales.

Pero inmediatamente la Rectoría de la Universidad Autónoma de Querétaro respondió al nacimiento del SUAPEBUAQ y trató de formar una organización que se denominaría “Asociación de Maestros de las Escuelas Profesionales”.

La revista Diálogo Universitario del 21 de enero de 1975, precisa que la organización denominada “Colegio de Profesores de Enseñanza Superior de la UAQ”, agrupaba a 60 maestros y tenía como presidente a Juan José Vázquez Peña, como secretario a Leopoldo Ángeles Manríquez, y como tesorera, a Leticia Mercado, además de tres vocales representantes de las Facultades de Derecho, Psicología y Enfermería.

Recuerda Mariano Amaya que en esos días el naciente sindicato se dedicó a realizar una labor de proselitismo entre los maestros de escuelas profesionales del Centro Universitario y para el 6 de diciembre de 1974 se realizó una asamblea general para cambiar el nombre y ampliarlo a todo el personal académico.

Los estatutos fueron reconocidos y firmados por la autoridad en septiembre del 75

El 15 de enero de 1975, los miembros del SUPAUAQ presentan ante la Junta Local de Conciliación y Arbitraje la solicitud para obtener el reconocimiento legal del sindicato, con la finalidad de ser inscritos en el apartado “A”, del artículo 123 constitucional, buscando ser el primer sindicato universitario bajo esta figura, lo que fue ratificado tres meses después.

Entre los principios generales del sindicato están el estudio, mejoramiento y defensa de los intereses económicos, sociales y profesionales de los maestros, se exige la libertad de cátedra e investigación, el aumento del salario, el derecho a contratación colectiva, así como a vivienda, salud y educación.

Sobre los documentos de fundación, reconoce su creador, Mariano Amaya Serrano, que fueron creados maquiavélicamente, ya que un mismo derecho está diluido entre cuatro o cinco cláusulas.

“Sabía que íbamos a pelear en contra de García Ramírez, abogado de la Universidad. Con que entrara una parte de un derecho en una cláusula, ya habíamos ganado algo. La verdad, está hecho de mala fe. Estilo abogado. Eso no lo saben, yo tengo las claves, yo lo hice”, dice el teólogo y sacerdote.

Sin embargo, el SUPAUAQ aún tuvo que presionar a la Rectoría, encabezada en esos días por José Guadalupe Ramírez Álvarez, para que aceptara firmar el Contrato Colectivo de Trabajo. Mariano Amaya puntualizó que el 16 de julio de 1975 los sindicalizados entregaron el original del Contrato para que fuera validado por la Universidad, hecho que no se cumplió.

Casi un mes después, para el 14 de agosto de 1975, después de 30 días, el SUPAUAQ anunció que ejercería su derecho a huelga en contra de la Universidad en caso de no llegarse a un acuerdo.

Finalmente, el 18 de septiembre estalló la huelga, la cual se mantuvo durante cinco días, durante los cuales se negoció bajo obstáculos.

Aun así los sindicalizados finalmente lograron su objetivo y las autoridades se comprometieron a firmar los estatutos, lo que cumplen el 25 de septiembre de 1975.

Mariano Amaya relató que durante esa huelga escapó, junto con Álvaro Arreola, de una presunta agresión que les tenían preparada.

“Nos mandaron a los porros. La escuela preparatoria fue tomada por un grupo de ellos. Cuando salíamos de una sesión, ocho muchachos armados nos esperaban por el rumbo de la Facultad de Enfermería. Recibimos el ‘pitazo’ por teléfono, no entramos por la Facultad de Enfermería, lo hicimos por la Facultad de Química, nos salvamos”, finalizó.

 

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