Información

Ante negativa de gobierno, recurren en Peñamiller a minería ilegal

Pobladores del ejido Plazuelas solicitan, sin éxito, permiso al Gobierno Municipal y Estatal; inversionistas canadienses ya tienen ‘la mira puesta’ en minas

Cortesía: AGENCIA SIETEFOTO

Por: Mariana Chávez / Especial

“Le he dicho al gobernador: ¡tenemos hambre!, ¡queremos comer! El gabinete no nos los va a regalar, se lo vamos a pagar, nada más que ahorita carecemos de ese recurso”, expresó Anastacio Reséndiz, comisariado del ejido Plazuelas ubicado en el municipio de Peñamiller.

Por tercera ocasión acudió a Palacio de Gobierno a solicitar apoyo económico para adquirir maquinaria y explotar legalmente la mina denominada “Cristo Vive”.

Ese apoyo económico representa para los campesinos de Plazuelas una forma de reactivar la economía en la localidad donde habitan más de mil personas en condiciones precarias. Un lugar donde tienen como calle principal el cauce de un río que no tiene agua.

Los habitantes de Plazuelas –ubicada a aproximadamente a 190 kilómetros de la capital– encontraron en la extracción y venta de mercurio de forma irregular una forma de obtener sustento económico para sus respectivas familias.

El cuidado y la venta de cabras y vacas ya no son redituables. Tampoco la siembra en un lugar rodeado de cerros áridos y enclavado a seis kilómetros debajo de la carretera estatal hacia la Sierra Gorda.

Apenas en junio pasado, tres hombres fallecieron en la mina de “El Mono” –ubicada en la misma localidad– al asfixiarse y luego caer al agua del pozo, mientras buscaba mercurio, del que podrían obtener de entre 500 a mil pesos el kilogramo. “Es el riesgo”, dijo Reséndiz.

La comunidad sigue de luto. Los familiares de los hombres que fallecieron prefieren no hablar, pero la vida tiene que seguir y a pesar de la vigilancia ordenada por el Gobierno Estatal en las tres minas ubicadas en Plazuelas, los coyotes ingresan para continuar con la extracción de mercurio.

Para Anastacio Reséndiz, una forma de reactivar la economía de la localidad es a través de la extracción legal y venta del mercurio. Para lo cual, requieren dos millones de pesos y adquirir la maquinaria.

Aseguró que en enero pasado pidió personalmente al gobernador del estado, José Eduardo Calzada Rovirosa el apoyo económico vía crédito para los lugareños que contemplan integrar una cooperativa. “Me dijo que sí”, narró. En junio pasado, nuevamente le hizo la petición y le contestó “’es un hecho que se le da’, pero hasta hoy no se ha visto nada”.

Anastacio dice que no piden que les regalen el dinero, sino que sea un préstamo. “El precio (del mercurio) está bueno, pero ¿cómo le hago yo? No quiero endrogarme con otra persona, ésos piden un porcentaje. Es su obligación (del gobierno) ver por nuestro ejido, por lo demás”, expresó.

“Nos dedicamos a juntar piedritas”

Mientras están a la espera de obtener el recurso económico para equipar la mina, Anastacio indicó que lugareños se dedican a juntar ‘piedritas’.

Algunos gambusinos se ubican sobre el cauce del río. Con pico y pala buscan piedras que tengan una franja roja, las cuales caen de las minas o las arrastra el agua de lluvia.

La meten en una cubeta con agua y posteriormente lo funden en hornos artesanales a pesar de los altos niveles de contaminación que ello genera.

En el año de 1996 químicos de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) realizaron la investigación denominada “Presencia de mercurio en alimentos de origen animal, vegetal y en agua de algunas comunidades de Cadereyta, Peñamiller y San Joaquín”, con el que obtuvieron el segundo lugar del premio Alejandrina a la investigación.

Cortesía: AGENCIA SIETEFOTOMartín Adelaido Hernández Landaverde, Paulina Bautista Botello, Juan Ciro Rivera Solís, y Elvira González de Mejía, de la Facultad de Química, concluyeron que existe presencia de mercurio en vísceras de res, hígado, corazón, cerebro y riñón de pollos y ganado vacuno, así como en frijol, maíz, chile, acelgas, zanahoria y col, y además en agua de los manantiales de la comunidad de Plazuela, Peñamiller; San Joaquín y en menor medida en Cadereyta.

Al tomar muestras en animales, vegetales y agua, concluyeron que en el hígado de pollo encontraron 345.56 unidades por gramo, cuando lo permitido es de 50 unidades por gramo. Ello representó que existe un 80.6 por ciento más de lo permitido por las normas oficiales en el consumo de una persona que pesa 60 kilogramos.

“El solo hecho de que la concentración de mercurio permitido en alimentos sea superado hasta en 10 veces por este tipo de muestras, indica un serio problema de contaminación de alimentos por mercurio en este poblado, siendo entonces necesario un estudio completo para determinar el grado de exposición total”, se indica en los documentos del estudio.

La contaminación del mercurio en vegetales y agua es por el humo que emiten los hornos artesanales instalados dentro de los domicilios particulares o cercanos a las zonas habitacionales.

Las partículas emanadas a través del humo se esparcen en el aire y llegan al suelo y son inhalados por personas y animales.

Inversionistas canadienses quieren el mercurio de la zona serrana

El titular de la Secretaría de Desarrollo Sustentable (Sedesu), Gregorio Peláez Velázquez, confirmó que hay empresas de capital canadiense interesadas en el mercurio de la zona serrana.

Las empresas de origen canadiense ya tuvieron acercamientos para ubicar una planta denominada “Banco de beneficios”, para lo cual, realizan trámites ante la Secretaría de Economía.

El funcionario estatal indicó que realizan exploraciones para identificar los lugares estratégicos donde podrían ubicar esa planta como una forma dijo, de reactivar la minería y con ello la economía en toda la zona serrana.

Para no hacer a un lado a los lugareños que son dueños de las tierras donde están ubicadas las minas, contemplan que ese banco funja como receptor y compra de las ‘piedras’ que contienen el metal y la compañía se encargue de ‘refinar’ el producto.

Hasta el 2011, fueron otorgadas 386 concesiones para explotación y operación de minas, pero algunas no tienen actividad.

También como parte de los trabajos para reactivar la minería en la zona serrana, se integraron dos cooperativas por lugareños de San Joaquín, Cadereyta de Montes y Pinal de Amoles, quienes realizan trámites para obtener autorización de explotación de metales y uso de explosivos, además que unos 60 mineros conformaron la Asociación Estatal de Mineros.

Para Anastasio Reséndiz, la explotación y venta del mercurio debe estar a cargo de los ejidatarios que son los que enfrentan múltiples carencias en sus comunidades por la falta de fuentes de trabajo en la zona serrana y a pesar de los riesgos, continúan ingresando a las minas sin equipo de seguridad en busca del metal, el cual se traduce en alimentos para toda su familia.

{loadposition FBComm}

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Botón volver arriba