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Arte y discapacidad: María Guadalupe, una historia fotográfica desde la ceguera

María Guadalupe Campos Cabrera es una fotógrafa queretana con discapacidad visual, quien ha presentado al menos cinco exposiciones en la entidad queretana desde el 2012. En entrevista para Tribuna de Querétaro, la también masoterapeuta, narró su historia artística y profesional.

La extracción de un tumor en el cerebelo oscureció por completo su visión, pero la fotografía regresó enteramente la luz a su vida, luego de que el resto de sus sentidos convergieron para permitirle observar el mundo a través del arte y la cultura. Fue en el 2012 cuando, por primera vez, tomó un taller de fotografía para personas ciegas en la Unión de Minusválidos de Querétaro.

“El día que tomé la cámara, la luz regresó a mis ojos (…) Aprendí a hacer la técnica de lightpainting, que se volvió mi técnica favorita, y es la que yo trabajo al pintar con luz, usando las linternas y el cuarto oscuro para crear esas imágenes, y después realizarlas para transmitirlas a los videntes y que ellos conozcan lo que yo quiero ver’’.

El lightpainting, o pintado con luz, consiste en disminuir la velocidad con que una cámara digital captura la imagen: se posiciona la cámara en un cuarto completamente oscuro y quien está frente al aparato realiza movimientos con lámparas o luces. Cuando la cámara termina de fotografiar, la imagen arrojada muestra el trazo luminoso que la persona generó a su consideración.

“En el momento en que se apaga la luz para que yo empiece a trabajar mi foto, en mi cuerpo, en mi mente, en mis ojos esa luz se enciende (…) la luz, con la fotografía, llegó a mis ojos, así como las imágenes con mis manos, porque podía yo recrearlas. La imaginación no es ciega y puede recrear eso’’.

En suma, la técnica de lightpainting es en realidad una fotografía a ciegas para cualquier persona, pues al momento de accionar la cámara nadie sabe en realidad lo que ocurrirá. Es hasta que se cierra el obturador cuando las personas sin discapacidad observan aquello que solo estaba materializado en la imaginación de María Guadalupe.

Además de dicha técnica, la artista queretana también ha incursionado en la fotografía sonora, técnica que le permite a las personas con debilidad visual capturar aquello que escuchan al colocar la cámara en sus oídos y, de esta manera, dirigirla hacia el lugar donde perciben los ruidos. También ha hecho uso de su bastón guía para medir distancias entre objetos y tener noción de hacia dónde direccionar la cámara.

Su primera exposición tuvo lugar en la Galería Municipal, 11 años atrás, con una fotografía titulada Mi Magia’. Se trata de un encuadre donde podemos observar su propia silueta, así como un ‘’aura celestial’’ de color azul que la rodea, generada a través del pintado con luz.

Luego, en 2014, María Guadalupe presentó en el Museo de Arte Contemporáneo de Querétaro (MAQRO) su proyecto Sabor y Emoción, serie fotográfica de espacios gastronómicos donde la lente capturaba lo que el olfato percibía: pan, pizzas, ajos, entre otros alimentos.

Su exposición más reciente, Naturaleza Perfecta, fue presentada en el Centro de la Imagen Queretana en 2022 y en Jalpan de Serra el presente año. Aquí, María Guadalupe volvió a ser protagonista de su arte: posicionándose frente a la cámara, utilizó el elemento de los árboles alusivos a cada estación del año y realizó distintas poses para expresar lo que en su interior representa cada concepto.

“En cuatro fotografías narro el ciclo de la vida: es un árbol humano que tiene en la primavera esa etapa de la niñez, donde todo es alegría, donde los problemas no existen; ese árbol está lleno de flores en la cara. Viene el verano, donde este árbol ya tiene frutos; es la adolescencia donde empezamos a trabajar, donde viene la felicidad, el éxito. Llegó el otoño, que era en la etapa donde yo me sentía en ese entonces, una etapa de pérdidas [ya había perdido la vista] y termina con una fotografía que se llama invierno; se muestra ese árbol ya frío, las raíces salen del piso y el árbol muere, pero la naturaleza es perfecta y ese ciclo vuelve a empezar”.

A través de los cursos y talleres en la Unión de Minusválidos de Querétaro, María Guadalupe comenzó a desarrollar un interés por la masoterapia, hecho que la llevó a certificarse en la Universidad de Salud Natural de Chapingo (UNISANA) en 2017 y contar, hoy en día, con su cabina de masaje linfático, modelante, de aromas y de aceites esenciales.

“Fue otro gran prejuicio mío (…) voy y me doy cuenta de que cuando mis ojos se cierran, mis manos hablan. Decidí empezar con mi cabina porque era una forma de poder apoyar a la sociedad a darle salud, pero también una forma bien importante de recibir un recurso”.

Con su emprendimiento y fuente de ingresos, María Guadalupe ejerce el derecho establecido en el artículo 27 de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, en donde se garantiza un trabajo y empleo dignos, así como la igualdad de oportunidades y condiciones laborales para población con discapacidad.

A través del mismo tratado internacional promovido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la fotógrafa ejerce sus derechos plasmados en el artículo 30, en el que los Estados parte (incluido México) tienen la obligación de garantizar la participación en la vida cultural y esparcimiento para personas con algún tipo de discapacidad. Además, en el artículo 6 los países también se comprometen a prevenir la discriminación hacia mujeres con discapacidad.

“Tenemos la oportunidad de exponer en un museo igual que ustedes que ven (…) la sociedad de hoy es inclusiva al grado de que te digo que yo estoy trabajando ya como terapeuta ciega y estoy participando también en la sociedad (…) hace años, tan solo el simple hecho de que tuvieras una discapacidad, no podías participar ni en muchas cosas culturales. Actualmente los derechos para las personas con discapacidad han aumentado”.

Desde que era muy joven, María Guadalupe fue perseguida por un tumor en el cerebelo denominado hemangioblastoma. Aunque benigno, tal padecimiento la orilló a cinco intervenciones quirúrgicas, y a partir del 2010 perdió la vista completamente.

“Estos 14 años me han llevado a darme cuenta de que la ceguera, en mi caso o alguna otra discapacidad, no es un motivo para dejar de vivir. Y pues me di cuenta, con esto de la fotografía, de las terapias de masaje, de la vida misma (…) que la vida sigue. A lo que te presente tienes que ponerle buena cara y enfrentar las cosas porque la vida sigue”.

Fabián Bocanegra

Estudiante de Comunicación y Periodismo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ). Reportero de Tribuna de Querétaro desde agosto de 2023.

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