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Asilos en Querétaro: Abandono de adultos mayores e instituciones

¿Abandono? El abandono es una práctica regular en el estado. Se deja a las personas mayores a su suerte, viviendo en espacios recortados.

Canas por cabellera, arrugas por rostro. Las personas de la tercera edad, postradas en su silla, esperan en la sala de San Sebastián. Calle otoño, invierno de la vida. Casas de día, de noche, asilos y residencia. Un conjunto de paredes destinadas a albergar el fin de la vida humana. Una vida productiva, desemboca en el olvido.

Aproximadamente existen 24 establecimientos de asistencia para personas mayores en el estado de Querétaro: Instituciones religiosas, asistencia privada, y apoyos del gobierno: 24 lugares destinados para albergar a una parte del 37.1 por ciento de la población queretana que representa este sector, según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

José Luis Ortiz, psicólogo que ha trabajado con personas de la tercera edad, comentó que la calidad de vida depende de la institución, así como la condición de abandono. Dentro de las clases sociales, los privilegios no conocen edad. Hay casas con una mensualidad de 60 mil pesos, cuidados para la depresión, instalaciones de calidad. Las hay para ayudar, pero la precariedad depende de las donaciones y los recursos que se bajan a un nivel gubernamental.

De igual forma, las casas de día y noche, y los lugares pensados para dar un apoyo gratuito, tienen deficiencias en la atención por la falta de recursos: No siempre se tiene un psicólogo en planta; no siempre se organizan las actividades con un fin recreativo; el trabajo es mucho, la ayuda no tanta. En promedio se atienden 60 personas mayores al día, aunque el número varía acorde al tipo de institución.

Entre manualidades, algunas comidas y una tarde de estar sentados se pasan las horas. Mirando el techo, reconociendo una vida de trabajo, extrañando los tiempos que no regresarán. Las familias se van; ellos se quedan. “A mí me gustaba mucho dibujar, era arquitecto. Ahora me duele agarrar un lápiz. Aprovechen la vida que tiene, no se repite —recalcó un residente, mientras miraba una hoja de papel—. Ahora paso mis días aquí, extrañando a mi familia”.

La población de la tercera edad sigue en crecimiento y más de la mitad vive en condiciones de vulnerabilidad. Las instituciones no se modifican. Las convocatorias dejan de salir y la precariedad toca la puerta. Autoridades dan la espalda, como las familias. ¿Abandono? El abandono es una práctica regular en el estado. Se deja a las personas mayores a su suerte, viviendo en espacios recortados, que no cuentan con el apoyo, y donde el sentido de la vida se escapa. Al final, lo único que queda es la soledad como su única compañía.

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