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Atemorizan comandos armados a universidades públicas

Grupos delincuenciales han asaltado ya a dos instituciones educativas bajo el mismo patrón

Por: Ricardo Lugo / Noé Girón

Una oleada de inseguridad golpeó al estado de Querétaro en los dos últimos meses. El discurso político que tiñe de máxima seguridad a cada rincón de la entidad es quebrantado por las acciones de un comando armado que saqueó con violencia dos instituciones o centros de educación y una plaza comercial (Antea).

El 21 de julio, alrededor de la una de la mañana, dos vigilantes de la Universidad Politécnica de Santa Rosa Jáuregui escucharon a un camión ingresar por el estrecho sendero de terracería que conecta la Carretera Federal 57 con el campus.

Faltaban sólo cinco minutos para realizar el próximo rondín.

Un instante después, un grupo de delincuentes, el cual ingresó por un camino de terracería alterno por la parte trasera del lugar, rompió las ventanas del pequeño módulo de vigilancia donde el personal aguardaba.

La Universidad se encuentra a 31 kilómetros de la ciudad, a un costado del Parque Industrial Querétaro; es un lugar alejado e inhóspito durante la madrugada, y cuya comunicación y acceso son complicados si se trata de llegar por otro medio de transporte que no sea un automóvil.

Sobajados y amedrentados, los vigilantes fueron conducidos a punta de cañón hacia el edificio principal para que abrieran las puertas.

Quien portaba las llaves sufrió una crisis nerviosa, le fue imposible reaccionar, los delincuentes lo aventaron al piso y optaron por romper el cristal de la puerta con sus armas; otros dos agresores condujeron a los vigilantes a una choza de cartón.

Los inmovilizaron y amarraron de las manos; dos sujetos les resguardaron mientras los demás forzaban las puertas y sustraían equipo de cómputo, proyectores, tablets, celulares, herramienta del taller de mecánica.

El atraco duró hora y media, aproximadamente. Subieron el botín a un vehículo Torton con total calma y tras escuchar la sirena de una patrulla, la cual atendía otro asunto y siguió de largo por la 57, se escuchó: Vámonos.

“Si dicen algo, volvemos en una hora y los matamos, conocemos a sus familias y sabemos dónde viven”, dijeron a los vigilantes y se marcharon. Las pérdidas fueron valuadas en 1.5 millones de pesos.

Mismo modus operandi, ¿Mismo grupo?

A 38 días y 9 kilómetros de distancia del nuevo campus de la Universidad Politécnica, también fueron saqueadas las instalaciones del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (Cinvestav). Las descripciones de los testigos son similares: comando armado compuesto de 8 a 10 sujetos, en camionetas, algunos con armas de alto calibre, bien organizados.

En el sitio se respira un aire de desconfianza. Al ingresar a dicho campus, los vigilantes interceptan a los automóviles y piden identificación; aún con rostros de aprensión, no quisieron narrar lo sucedido, ya que se les prohibió hablar.

El director del Cinvestav, Gerardo Trápaga Martínez, describió el atraco como una ola de violencia que ha afectado a otras instituciones de educación como el Cinvestav Irapuato, hecho en el que el “modus operandi” fue similar.

«Aquí ya pasó en universidades tecnológicas, en las politécnicas”. Advirtió que en Querétaro están empezando este tipo de atracos a las instituciones de educación, como sucede en varias partes del país.

“Vienen de alguna manera «barriendo», digamos, la zona; es posible que sea el mismo grupo”, pues operan de la misma manera, aseguró.

A pesar de que no existen declaraciones o descripciones claras -enfatizó el director del Cinvestav- por parte de los vigilantes del plantel que se encontraban la noche del robo, “sí se podrían rescatar algunas de las características del grupo que ingresó a las instalaciones: fueron alrededor de ocho personas armadas, con armas cortas, y por lo menos una de ellas con un rifle; camionetas en las que ingresaron y en las que sustrajeron el equipo de cómputo; amagaron y amarraron a los vigilantes para evitar que pudieran hacer algo”.

Lejanía de las escuelas aumenta su vulnerabilidad

Los dos comandos armados atienden a descripciones similares por parte de los testigos; incluso, el monto del equipo de cómputo y de investigación sustraído en el Cinvestav ronda entre millón y medio y los 2 millones de pesos.

La rectora de la Universidad Politécnica de Santa Rosa Jáuregui, Luz Elena Narváez Hernández, coincidió con lo señalado por Gerardo Trápaga de que la inseguridad ha cambiado en los últimos años por el crecimiento de la ciudad de Querétaro. No descartan que esto se vuelva un problema para otras instituciones en el estado, como ya sucedió con la Politécnica de Corregidora.

Además, Narváez Hernández alertó que el campus que dirige se encuentra en una situación “vulnerable”, debido a que está alejado de la ciudad, no hay rejas, y que escuelas como ésta son blanco ‘fácil’ para que los comandos armados que se dedican al atraco de este tipo de instituciones hagan su trabajo con calma.

Universidades de todo el país han sido asaltadas con el mismo modus operandi

Los robos a la Universidad Politécnica en Santa Rosa Jáuregui y al Cinvestav se encuentran vinculados con recientes robos en universidades de otras entidades.

El 11 de noviembre de 2013, fue asaltado el Cinvestav campus Irapuato que se ubica en kilómetro 9.6 del Libramiento Norte, en la carretera León-Irapuato; apartado de la ciudad, las descripciones de los vigilantes atienden a las mismas características de operar que en los casos pasados.

Al Cinvestav de Saltillo, el 20 de enero, llegó un grupo armado. Los vigilantes fueron inmovilizados de pies y manos -con cinta canela- y encerrados en la caseta, mientras los delincuentes desmontaban un cajero Banorte.

El 4 de agosto, fue atracada la Universidad La Salle del Bajío, en Salamanca, Guanajuato. El modo de operar fue el mismo: en la madrugada, ocho sujetos que viajaban en camionetas amarraron al vigilante con cinta canela y sustrajeron un automóvil y equipo de cómputo de la escuela.

Otro caso también referido por medios nacionales, el que sucedió en la Universidad Autónoma de Hidalgo (en 2012), donde 15 personas fuertemente armadas acumularon un botín de 100 computadoras portátiles y de escritorio.

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