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Aumenta depresión en hombres por cambio de roles sociales

Por Alfredo Rodríguez

La falta de oportunidades, de salarios dignos, y sobre todo el cambio de roles y costumbres en la sociedad, está provocando que cada vez más hombres entren en crisis personales que los mantienen deprimidos, insatisfechos y confundidos, aseguraron especialistas en el tema.

Estos problemas, además, cada vez más llevan a las familias a la confrontación, a la violencia entre sus miembros y finalmente al rompimiento. En este proceso son afectados la mujer y los hijos, pero también el hombre, quien con el tiempo puede acabar abandonado, sin familia y sin recursos económicos para sostenerse.

Al respecto, el miembro de la organización Salud y Género y autor de varios estudios sobre el tema de las masculinidades, Gerardo Ayala Real, apuntó que uno de los principales problemas personales que enfrenta actualmente el hombre es el desempleo y los salarios mal remunerados.

Explicó que al no encontrar una fuente de ingreso adecuada, muchos varones están siendo afectados en su salud y su vida personal cuando no pueden cumplir con su rol de proveedores de la familia.

Interiormente, este fenómeno los lleva a considerar que no son “suficientemente hombres” y empiezan a vivir el problema como si fuera de ellos, sin contar con que es un asunto estructural, señaló Gerardo Ayala.

El especialista consideró que varios problemas contemporáneos se derivan de la desintegración familiar o la falta de padre, sin embargo, aclaró que no sólo se trata de una responsabilidad individual, ya que también el Estado es el encargado de crear políticas y leyes que beneficien a los hombres.

“La política de este gobierno es la lucha contra el narcotráfico, es comprar pistolas, comprar patrullas y tener más policías, lo cual es aterrador. En el ámbito laboral se está discutiendo una ley que vulnera flagrantemente los derechos conquistados por los trabajadores en los últimos años.

“De esta manera, el pronóstico sería que (los hombres) no van a tener más trabajo, no van a tener más ingresos. Eso va a minar todavía su capacidad para poder responder a la expectativa social que existía antes, eso va a traerles más conflictos”, consideró Gerardo Ayala.

“Van a crecer los rompimientos”

Nelly Sánchez Díaz, psicóloga graduada en la Universidad de La Habana, explicó que hoy en día el hombre se encuentra desconcertado con los cambios de roles que se han dado durante los últimos años en la sociedad. Señaló que con la liberación de la mujer, con su desarrollo y autoafirmación, se han dado transformaciones drásticas que han creado conflictos graves dentro de la familia.

Por ejemplo, señaló que actualmente la mujer ha dejado de ser sumisa y ha comenzado a cuestionar todo en la vida cotidiana. Estas interrogantes son molestas para algunos hombres y comienzan a crear enfrentamientos entre las parejas.

“La gente no sabe cómo sentarse a discutir, a hablar bien. Lo hacen en la oficina, pero no en la casa. Todo es imposición, lucha de poderes y ver quién le gana a quién. Eso es lo peor que puede pasar en una familia, estar en un continuo pleito, en una escalada de agresividad, en donde todo el tiempo hay odio.

“Todos estos enfrentamientos se van haciendo cada vez más grandes hasta que llega el rompimiento. Ya es imposible y es mejor para la mujer estar sola y el hombre se va de la casa, ya no aguanta a la mujer”, relató la hipnoterapeuta uruguaya.

Agregó que ante la situación es indispensable y urgente realizar cursos para padres y parejas, ya que en estos procesos de separación comúnmente se involucra también a los hijos, quienes con el tiempo aprenden que las cosas no se solucionan, sino que se rompen, lo que implica que el divorcio, con sus diversas consecuencias, puede multiplicarse.

“El divorcio puede darse en las siguientes generaciones, ya que son familias divorcistas las que forman a los muchachos. No aprenden que las familias deben de hacer todo lo posible por solucionar esos problemas y que se siga adelante.

“Entonces estas nuevas generaciones van a hacer también familias que a la primera de cambio se rompen. Con esto se pueden esperar más divorcios, más separaciones, muchísimo más”, consideró la autora de varios libros y ensayos en revistas literarias y científicas.

Al respecto, el sociólogo Gerardo Ayala coincidió en señalar que actualmente pasamos por una transición social que está siendo vivida con dificultad por muchos hombres.

Ahora las mujeres trabajan asalariadamente y en algunos casos ganan más o mantienen incluso al hombre desempleado, lo cual provoca vaya en sentido contrario al concepto tradicional bajo el que fueron educados.

“En el fondo no son las mujeres las culpables, es el sistema de géneros lo que está en crisis y muchos hombres lo están viviendo con conflicto. Ahora los hombres se enfrentan con tareas para las que no fueron educados, de repente tienen que alimentar a los hijos, tienen que cambiar pañales, cuando para lo que fuimos socializados es para disparar metralletas, aunque después, con los años, nos estemos lamentando de esto”, apuntó el especialista.

En Querétaro han aumentado los divorcios 450% en los últimos 14 años

De acuerdo con las cifras del INEGI, el rompimiento de las familias en México se ha cuadriplicado en los últimos 20 años. La tasa de divorcios en 1980 era de 4.4 por cada cien matrimonios. Para 1990, esta cifra casi se duplicó, al pasar a 7.4. En el 2009, la tasa se volvió a multiplicar, pasando a 15.1 separaciones legales por cada cien uniones.

En Querétaro el crecimiento también es destacado. En 1994, en la entidad apenas se registraban 330 divorcios. Para el año 2000, la cifra pasó a 646 y luego se duplicó en sólo cinco años, llegando a mil 114 divorcios anuales.

La última estadística señala que en el 2008, se registraron mil 487 divorcios en el estado. Así, la cifra en 14 años creció en un poco más 450 por ciento.

Uno de los tantos casos de hombres divorciados o separados de su pareja por problemas familiares es el de “Marco Torres”. Él está por cumplir cuatro años de haberse separado de su esposa y considera que haber abandonado a su familia fue la decisión más difícil, ya que tuvo que dejar también a su hijo de tres años.

Cuando lo recuerda repite varias veces lo mismo: “Soy un fracaso, un fracaso como papá, un fracaso como esposo, no sé por qué, mi papá nunca se fue de la casa, yo no pude, fracasé”.

También añora aún a su mujer, considera que siempre fue una buena madre, estaba siempre al pendiente de él y su hijo, pero la relación de pronto se le hizo insoportable.

“Teníamos problemas: soy muy débil y ella tiene mucho carácter (…), estudió más y a mí no me dejaba crecer, decidía todo y era ya una relación de celos de su parte.

“Sentía como que ya me estaba volviendo loco, porque ella quería que yo fuera de otra manera, que fuera fuerte, que hasta agresivo o aventado, que tuviera más dinero y pues no podía. La gente no cambia, ya es así, no puedes cambiar a tu pareja, es casi imposible, y ella quería otra cosa”, relató el hombre quien actualmente está en terapias de grupo.

 

“Yo soy el que estoy mal”

Actualmente Raúl Gómez tiene 40 años, se mantiene sólo y asegura que está bien de esa manera.

“A lo mejor si necesito alguien con quién platicar, pero ya no quiero otra familia ahorita. Sí estoy más libre que antes, pero también más solo y lejos de mi hijo. Me pienso dedicar al trabajo, no quiero tener mucho dinero, ni comprar lujos, sólo ya ahorita es trabajar y sacar adelante a mi hijo”, manifestó.

Aun después de separarse de su mujer, Raúl no ha podido recuperar su tranquilidad, ahora su principal preocupación es conseguir cada mes dinero para darle la pensión correspondiente a sus hijos.

Se queja de que su ex mujer lo presiona todo el tiempo con el dinero. Se pregunta qué pasaría si por cualquier circunstancia perdiera su trabajo y no pudiera dar más recursos para sus hijos.

Asegura que su error fue que se casaron muy jóvenes. Ella apenas tenía 20 años y él 22. Inmediatamente tuvieron un hijo y dos meses de haber nacido, su relación se terminó. Lleva dos años dando pensión para su hijo y considera injusto también tener que mantenerla a ella por un “error de la juventud”.

Raúl cuenta que al poco tiempo su vida de casado se hizo aburrida, apenas se hablaban durante la noche y su mujer siempre estaba de mal humor. En esos días conoció a otra mujer, se sintió confundido y luego decidió que lo que sentía era amor. Quiso contárselo a su esposa, pero nunca lo hizo, ella lo descubrió y lo corrió el mismo día de la casa.

Pronto su relación con la otra mujer terminó de la misma forma. Ella se enteró de que estaba sosteniendo una relación con otra mujer. Ella le reclamó y lo corrió de la casa, sin embargo, en esta ocasión se negó y terminó por sacarla a ella, junto con sus dos hijos de su anterior matrimonio.

“Ahora me doy cuenta que me equivoqué, ella ya no quiere saber nada de mí, vive en casa de su madre (…) no quise antes ver mis errores, ya perdí a dos mujeres y a mi hijo. Ahora quiero recuperar algo y cambiar, porque sé que yo soy el que está mal”, reconoció Raúl, quien se mantiene solitario desde hace varios años.

“El hombre tiene que adaptarse”

La psicóloga Nelly Sánchez Díaz aseguró que es urgente que el hombre recapacite y trabaje con sus problemas, de lo contrario, van a pasar muchas generaciones en que se repitan los fracasos matrimoniales.

Por lo pronto, muchos de estos hombres que se van de la casa no están sacando ejemplos de sus errores y forman familias con los mismos patrones.

Aseguró que este fenómeno es preocupante, ya que con mucha frecuencia estos hombres vuelven a fracasar con una segunda familia, terminando solos, sin casa, sin una jubilación importante, viviendo en la calle o “parasitando” la casa de los hijos a los que nunca atendieron.

Consideró que es urgente que se creen grupos de apoyo para hombres y mixtos, ya que hasta el momento sólo las mujeres cuentan con este tipo de servicios.

Agregó que los hombres deben trabajar en primer lugar su masculinidad, ocuparse de los errores que ha cometido y redefinir cuáles son las nuevas reglas de juego en la sociedad, para poder adaptarse a ellas.

Por lo pronto, reconoció que en el estado de Querétaro existe la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, la cual está vigente y en algunos apartados también contiene lineamientos para beneficiar a los hombres.

Sin embargo, criticó que por el momento esta ley aún no pueda ser utilizada, ya que no existen reglamentos, no está armonizada con otras leyes y cuenta con problemas técnicos para su operación.

“Los hombres y las mujeres sí queremos estar juntos, no sólo las mujeres queremos hombres, sino los hombres quieren mujeres. Pero que ya no sea para ponerla a su servicio, tiene que haber respeto.

“La meta sería integrar al hombre a una nueva sociedad, en donde valore a la mujer, donde intercambie con la mujer, y donde se sienta a gusto con la mujer y con los hijos”, explicó la psicóloga.

Al respecto, Gerardo Ayala señaló que es indispensable y urgente trabajar con los hombres a nivel personal, creando grupos de apoyo y capacitación para padres, pero también a nivel social creando más políticas, leyes, instituciones, estudios e investigaciones, relativas a los problemas del sexo masculino.

El especialista señaló que no se trata de dar un paso hacia atrás y regresar a la mujer al hogar, sino más bien de crear un modelo social diferente en el que hombres y mujeres compartan autoridades y responsabilidades familiares, como el cuidado y mantenimiento de los hijos, dentro de un esquema laboral que se los permita.

“La mayoría de los hombres sí quiere estar, pero por otro lado no pueden estar, porque tienen que ir al trabajo que cada vez es más exigente y más lejos. Eso muchos hombres lo viven como una crisis, incluso existencial. Esto es un caldo de cultivo para la violencia, no sólo la violencia dentro de la familia, sino la violencia en general.

“A los hombres nos está costando mucho pasar del ámbito público, en donde el mandato cultural nos ha colocado, al ámbito doméstico. Necesitamos un acercamiento al ámbito privado, que además es algo muy interesante y muy saludable, un contacto con la intimidad y con los afectos, con el cuidado, el cariño, el amor.

“El sistema de género distancia a los hombres de estas dimensiones, de los afectos, de la intimidad, del respeto, del cariño y de la ternura, los coloca en el ámbito de la guerra, de la violencia, de la distancia con la intimidad”, concluyó el investigador.

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