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Aumenta violencia psicológica entre niños de escuelas particulares

Por David Eduardo Martínez Pérez

Según algunos psicólogos educativos, la violencia es un elemento común en los salones de clase de las escuelas primarias queretanas. Maestros amenazados, presiones psicológicas, niños que compiten para ver cuál es el que tiene más dinero, o la posibilidad de unas vacaciones más costosas, son fenómenos que se presentan en las aulas del siglo XXI.

 

En ciertas escuelas de alto nivel socioeconómico (particulares), los niños viven prácticamente abandonados por sus padres y no reciben absolutamente nada de cariño ni atención. Esto los transforma en personas vulnerables y propensas a reclamar el afecto de los demás de manera violenta.

 

Una psicóloga con más de cinco años de experiencia en una escuela particular de la ciudad, cuyos datos se omiten por motivos de seguridad, manifestó durante una entrevista concedida a Tribuna de Querétaro, que los niños que asisten a dicha escuela tienden a ejercer la violencia psicológica contra sus compañeros, por encima de la violencia física.

 

Aquí casi no se escucha de peleas ni problemas vinculados al acoso sexual. Lo que sí se escucha a diario es el llanto de algunos niños que se lamentan por la presión que sus compañeros ejercen en su contra.

 

Es común que existan “chivos expiatorios” en los salones de clase, dijo la psicóloga; son alumnos distintos a los demás y, por lo tanto, se encuentran propensos a la agresión por parte de sus compañeros.

 

En esta escuela, ser diferente es sinónimo de ser “un poquito más pobre”, entendiéndose por pobre al niño que va de vacaciones a Nuevo Vallarta en lugar de hacerlo a Las Bahamas, o al que llega acompañado sólo por su chófer, en lugar de hacerlo con una escolta de guardaespaldas detrás, señaló la especialista en Psicología.

“En la escuela se visualiza a los profesores como esclavos”

Los maestros y el personal psicopedagógico poco pueden hacer para enfrentarse con el problema. En ocasiones, las principales víctimas de estos niños son los propios profesores.

 

Cuando un profesor trata de encarar al niño que victimiza algún compañero, lo usual es que reciba insultos y hasta amenazas por parte de los padres del menor regañado.

 

En este colegio, se han dado casos de profesores que pierden sus empleos por regañar o presionar a los alumnos.

 

La psicóloga insistió en que éste es además un problema de clase social, pues tanto los alumnos como los padres de familia miran al profesor como si éste fuera inferior por no tener el mismo estatus económico.

 

Los profesores son para ellos poco más que esclavos, y por lo mismo, ya se han dado por vencidos en sus intentos de llamar la atención a sus alumnos cada que incurren en alguna falta de respeto a los demás.

 

Sin embargo, la especialista indicó que ni los profesores ni los chicos utilizados como “chivos expiatorios” son las “verdaderas” víctimas del problema.

 

De acuerdo con su opinión, las verdaderas víctimas son los que humillan a los demás, y los verdaderos victimarios son sus padres.

 

Aseguró que los padres de muchachos como éstos, que gozan de humillar a los demás por su situación económica, suelen ser personas poderosas y ocupadas.

 

Prominentes miembros de la política local, así como de los ámbitos industrial y financiero, envían a sus hijos a estudiar a este tipo de escuelas y se desatienden de ellos la mayor parte de la tarde.

 

Son familias donde los padres trabajan de forma desgastante con tal de “mantener el estatus”, olvidando a sus hijos y relegando su educación a una institución ajena.

 

La misma presión que ejercen los niños en las aulas para ver quién tiene más, es la que obliga en ocasiones a los padres a trabajar más con tal de no quedarles mal a los niños y no ponerlos en ridículo frente a sus compañeros.

 

Sin embargo, la psicóloga advirtió que esto genera un círculo vicioso del cual los niños no pueden escapar, pues según ella, al recibir los niños todo lo que piden, se acostumbran a exigir más y a exigir más de sus compañeros, forzando a los padres de éstos a optar entre una actitud similar, o ver a sus hijos transformados en parias sociales.

 

Podría pensarse que en las escuelas de bajo nivel socioeconómico la situación es diferente. Sin embargo, esto es así sólo hasta cierto punto.

 

La trabajadora social de una escuela para niños de escasos recursos ubicada en Corregidora, insiste en que la ideología neoliberal ha alcanzado inclusive a quienes viven en las zonas más marginales de la zona metropolitana.

 

Explicó que en esta escuela, al igual que en las de alto nivel económico, los padres mantienen abandonados a los niños y los cargan desde los seis años con responsabilidades que no son propias de niños de su edad.

 

Los padres de estos niños suelen ser personas que pasan penurias económicas, y por lo mismo desean que los niños vivan con lo que ellos no tuvieron.

 

Según la trabajadora social, los padres de familia experimentan un sentimiento de culpa cuando dejan solos a los niños por tanto tiempo y buscan limpiar su conciencia comprándoles todo lo que piden.

Se discrimina a niños que no tienen iPod o celular

La actual ideología de mercado pone al alcance de los niños cientos de productos, como por ejemplo gadgets tecnológicos, que, según la trabajadora, representan una ruptura en la inocencia de los niños.

 

Los niños de las escuelas de zonas marginales han entrado en la dinámica neoliberal y han obtenido el acceso a material que en otros tiempos no existía.

 

Los psicólogos que trabajan en estas escuelas advierten que los niños encuentran fácilmente el acceso a la pornografía y a otros materiales “no aptos para ellos”, mediante la adquisición de instrumentos de alta tecnología como es el caso de laptops, iPods y otros gadgets similares.

 

La ignorancia de los padres respecto a la tecnología es otro factor que contribuye a que los niños busquen estos materiales.

 

Aun en escuelas donde los alumnos llegan sin desayunar a clases, se discrimina a quien no tiene iPod o a quien no tiene celular.

 

La trabajadora social de la escuela resaltó que, según su experiencia, muchos niños vienen de ambientes domésticos violentos que posteriormente llevan hasta el salón de clases. Se habla pues de niños abandonados, violentados y educados en un egoísmo brutal que no les permite darse cuenta de que existen otras personas.

 

En las escuelas de colonias marginales no se dan tanto amenazas contra los profesores, aparecen más bien agresiones entre los alumnos de las cuales no está exenta la violencia física aprendida en casa.

 

En las escuelas particulares, por el contrario, se da menos la violencia física, pero se desarrollan mecanismos de dominación y humillación que no se ven en otros ambientes; es ahí donde los mismos padres humillan a los profesores y fuerzan a sus hijos a competir para ver quién es el mejor.

 

Sin embargo, en ambos casos es palpable el influjo de la cultura del consumo, pues los niños se acostumbran a pensar que el que tiene más es el que vale más.

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