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Autoridades cómplices en la violación de DD.HH. de migrantes: Robles Benítez

Por: Mar Robledo

PARA DESTACAR: De acuerdo con la activista, la línea divisoria entre el crimen organizado y el gobierno es mínima, lo que permite el paso de la impunidad, cuando se presentan casos de agresiones contra los desplazados.

La sociedad en general todavía debe aprender a tratar a los migrantes como personas

Existe un doble discurso por parte de las autoridades de todos los niveles en la atención del fenómeno de la migración, debido a que en las leyes y en el discurso difunden la defensa de los derechos humanos del sector, mientras que en la realidad son omisos ante la operación de grupos delincuenciales o se coluden con ellos, consideró Rita Marcela Robles Benítez, del Movimiento Jesuita Migrante.

Durante su visita al estado de Querétaro, en evento organizado por la Universidad Marista, la abogada explicó que las autoridades conocen los lugares en los que operan los cárteles y los negocios ilícitos que existen, como la venta de armas, de drogas, el tráfico de armas y el mismo comercio con personas, actividades que se continúan realizando con total impunidad.

“La línea divisoria entre narco y gobierno es mínima, entonces por ahí se pueden colar un montón de cosas, como la impunidad. Es omiso en ese sentido, en que no da garantía de protección o seguridad; es omiso cuando llegan casos de personas que fueron víctimas de violencia y no investigan o hace como que investigan, pero nunca se lleva a proceso a nadie”, señaló Marcela Robles Benítez.

El Movimiento Jesuita Migrante es una organización de la sociedad civil encaminada al apoyo de los migrantes, establecida en los estados de Puebla, Chiapas y la Ciudad de México. Entre otros servicios, ofrece asesoría jurídica, búsqueda de personas desaparecidas, investigación y documentación del fenómeno, así como la intervención directa en albergues y comunidades.

Rita Marcela Robles Benítez inició su trabajo con los migrantes en el 2003, cuando ingresó al Centro de Reflexión y Acción Laboral, una institución jesuita. Su labor consistió en el asesoramiento de trabajadores sindicalizados disidentes, puesto en el que conoció muchos casos de personas obligadas a migrar ante la falta de oportunidades.

Posteriormente, Robles Benítez se involucró en un par de investigaciones sobre el tema, tras lo cual, quedó impactada con la magnitud del fenómeno y marcada por las diversas historias de vida. “Fue la época en que más accidentes se registraron del tren, más amputados o muertes, porque el tren los aplastaba, porque es cuando conozco los albergues, conozco de viva voz el testimonio de las personas, veo la parte institucional que responde o no las consecuencias de la migración. La mutilación es una consecuencia terrible y eso hace que me involucre”, recordó.

 

Complicado hacerlos cambiar de opinión

La activista jesuita consideró que es muy complicado y no trata de convencer a las personas de quedarse en su lugar de origen cuando viven una situación difícil y aspiran a mejorar, sin embargo, trata de hacer conciencia sobre el valor de las cosas a las que renuncian.

“Cuando tú dejas tu lugar, estás descuidándolo, estás dejando que otros decidan. En tú país tienes derechos y voz, puedes opinar, se supone que es así. Eso es lo que les decimos, ‘piénsalo’, porque si te vas ahora tras el ‘sueño americano’, allá no vas a tener nada, no vas tener casa, vas a compartir con nadie”

“El salario tal vez es mejor, pero vas a terminar explotado y cuando quieras dar la vuelta atrás, posiblemente ya no haya nadie en tu lugar, en tu comunidad; incluso quizá ya ni haya comunidad, porque otros aprovecharon para expandirse y crear otro tipo de dinámicas económicas, las cuales te van a ser ajenas”, apuntó Rita Marcela Robles Benítez.

“Entonces trata de defender tu país, tu tierra, tu territorio, a tu gente. Allá tú no eres persona, tú no eres ciudadano, no existes, no tienes derechos, aquí tienes todo eso; hay que defender lo que tenemos.

“Tratamos de hacerlo, pero es muy complicado que las personas entren en esa reflexión porque la necesidad inmediata para ellos es tener una casa, tener un coche, tener dinero, tener ropa de moda, tener unos tenis, tener una televisión de plasma, como si eso fuera la felicidad, no”.

En cuanto al trato que otorga la sociedad civil a los migrantes en México, la abogada explicó que se puede dividir en dos niveles: el primero es el de los grupos organizados, como los albergues, las casas y centros de asistencia, los cuales tienen cada vez más presencia y están funcionando bien.

Por otro lado, en el caso del segundo nivel, el de la sociedad en general, falta más información para tratar al migrante como una persona que necesita ayuda y no como a una amenaza o a un delincuente: “Que se vea a la persona desde su contexto de humano y que tiene una serie de necesidades como yo… cuando veamos así a las personas que están llegando a nuestro país, será más sencillo el trato del tema de la migración, pero para eso hay que trabajar mucho con la gente”.

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