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Azotan encapuchados a la Epigmenio González

Vecinos y estudiantes de esa delegación se han visto afectados por enfrentamientos entre pandillas rivales

Por: Noé Girón

Un grupo de diez jóvenes encapuchados ha puesto en jaque la paz de habitantes de al menos tres colonias en la delegación Epigmenio González, al provocar pleitos con otros jóvenes en la vía pública, causar agresiones físicas a estudiantes del Cobaq 17 —en la calle Cerro del Sombrerete— y daños en rutas del transporte público, sin que policías estatales o municipales hayan hecho algo para detenerlos o investigar cómo prevenir otras agresiones.

El lunes 20 de octubre, Paola Loaeza Narváez, habitante de la colonia San Pedrito los Arcos, se dirigía a su casa a bordo de la ruta 9 de RedQ acompañada de Héctor, quien trabaja con ella. Alrededor de las ocho de la noche, el camión fue “apedreado” por el grupo de jóvenes encapuchados: rompieron los vidrios del autobús, lo que causó heridas a varios pasajeros y originó shock nervioso a otros más.

“Cuando llegamos a la parada que está frente al Cobaq 17, se subió un muchacho —pero se veía como nervioso— y atrás de él, otro. En eso, empezamos a ver sobre el enrejado que está en la parada como a diez muchachos que se empezaron a tapar la boca y la nariz; en ese momento le dije a mi compañero que se fijara cómo se estaban acercando esos muchachos.

“Empezamos a escuchar que comenzaron a pegarle a uno de los que estaban abajo (…) se escuchaba muy fuerte, como si fueran palos.

“Fue cuando nos dimos cuenta de que los que se habían subido tenían pleito con los de afuera, y uno de los muchachos empezó a decir que por favor avanzara el chofer, pero él no podía avanzar porque estaba el alto y además están los chavitos del Cobaq.

“De pronto nos empezaron a aventar piedras, una tras otra. Mi compañero lo único que hizo fue abrazarme, nos agachamos en el asiento como pudimos y nada más oímos cómo estaban rompiendo los cristales; avanzó el camión, ya no le importó si estaba el alto o no, y adelantito se detuvo, le dijimos que no se detuviera, que nos dejara bajar, pero nos dijo que no podía porque tenía que hablar al seguro y le pedimos que mínimo nos dejara bajar”, relató.

Paola y Héctor observaron que un hombre mayor estaba sangrando, después de que los agresores rompieron los vidrios del camión. Los pasajeros insistían en que el chofer los dejara bajar.

“Ya me había parado y mi compañero también. Delante de nosotros venía una pareja de señores grandes y ellos también se querían bajar. Entonces vi que el señor ya venía sangrando. Supongo que fue un cristal porque si hubiese sido con una piedra, habría sido peor.

“Estaba atrás del chofer pidiéndole que nos dejara bajar, cuando escuché que empezaron a gritar las personas que ahí venían, fue cuando nos alcanzaron otra vez y nos empezaron a aventar piedras de nuevo.

“Me agaché, me hice bolita, me quedé atrás del asiento del chofer y el chofer avanzó. No se detuvo en las esquinas y todos veníamos gritando, espantados. Recorrió su ruta normal y nos dejó en la gasolinera”, recordó Paola Loaeza.

Aproximadamente veinte minutos después, Paola llegó a su casa; ahí se encontraba su mamá, a quien le había hablado cuando se encontraba en el camión para decirle lo que sucedía.

Fue cuando observaron que una patrulla de la Policía Municipal se encontraba en la esquina. Informaron lo sucedido a los oficiales para que buscaran a los responsables, sin embargo, los elementos encargados del orden dijeron que no podían actuar, que “ellos ni siquiera podían estar dando vueltas aquí, porque eran muchas escuelas las que hay y poca la seguridad con la que contaban”.

Autoridades se deslindan del caso

Con base en los hechos, Teresa Catalina Narváez Arellano, madre de Paola y presidenta de la asociación de colonos, redactó una carta que dirigió a Adolfo Vega Montoto, secretario de Seguridad Ciudadana; a Héctor Benítez López, secretario de Seguridad Publica Municipal; al diputado Juan Guevara Moreno, presidente de la Comisión de Seguridad Pública y Protección Civil de la LVII Legislatura; y a Ricardo Ortega Pacheco, delegado de Epigmenio González.

Tribuna de Querétaro posee una copia de las cartas con el sello de recibido de cada una de las dependencias.

En la carta, Narváez Arellano denuncia los hechos ocurridos el lunes 20 de octubre y otros casos de inseguridad, como la presunta sustracción de una joven en la colonia El Vergel y el caso de otra estudiante del CETIS 116, a la cual intentaron “levantar”. Asimismo, solicitó la colocación de un módulo de seguridad pública para la zona, pues carecen de él.

Las cuatro cartas fueron entregadas en las dependencias correspondientes y tienen el sello de recibido el día 21 de octubre de 2014.

El único que ha respondido y recibido a la señora Narváez  Arellano ha sido Héctor Benítez López, secretario de Seguridad Pública, quien, el miércoles le expresó que no tenían capacidad para cubrir la demanda de seguridad, pues en todos lados le exigen lo mismo. Asimismo, Héctor Benítez le manifestó que en casos de enfrentamientos entre grupos “numerosos” de jóvenes, la responsable de establecer el orden es la Policía Federal Preventiva.

Según vecinos, los “encapuchados” ya han sido vistos con anterioridad y la mayoría de ellos son jóvenes de entre 15 y 20 años que tienen “pleitos” con otros grupos. Además, en algunas ocasiones han ocurrido enfrentamientos entre grupos rivales —en los que también están involucrados alumnos del Cobaq 17— lo que ha dejado como saldo varios jóvenes lesionados.

Casos similares de “pandillas” han sido detectados en otras colonias del municipio como Menchaca, Lomas de Casa Blanca y Carrillo Puerto.

En Santa Rosa Jáuregui, el pandillerismo también ha sido identificado como una de las causas de la violencia en esa zona; en especial en la comunidad de Pie de Gallo, en donde han sido registradas hasta siete pandillas de jóvenes de entre 14 y 25 años (Tribuna de Querétaro 716).

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