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Brujas feministas, ceremonia por las que ya no están

“El machismo es una fuerza de supresión poderosa, pero no tan poderosa como una hermandad fuerte, y todas las mujeres del mundo, y los hombres que nos apoyan, son el arma que necesitamos para enterrar al macho”.

Polotitlán, Estado de México. – Lorena es una mujer muy espiritual. Ella se considera a sí misma como bruja, y forma parte de un grupo de personas que dedican gran parte de su vida al “arte de la brujería”.

Como muchas mujeres, Lorena y sus ‘hermanas’ sienten la necesidad de hacer algo que ayude a mejorar la integridad de las personas en el país. Tienen organizada una ceremonia que dará inicio a las 6 de la tarde. Antes de reunirse con su grupo, debe meditar para ser recibida sin ninguna energía que perturbe el ambiente.

Dentro de su creencia es muy importante el dominio de sus emociones y la conexión con la naturaleza, es por ello que sale al patio de su casa y se sienta con los ojos cerrados. Acompasa su respiración y se mantiene inmóvil, dejando que el viento le recorra el cuerpo. Debe hacerlo hasta que sienta que es parte del entorno.

Después de la meditación, Lorena entra a su casa y regresa con un cesto lleno de alimentos y vino. Se echa a andar hacia la calle en dirección al punto de reunión. Ella vive en una zona rural, llena de árboles y maleza. El camino es cuesta arriba, difícil de caminar. En una parte del trayecto se aleja del camino y entra a la naturaleza. Se pierde entre los árboles y 20 minutos después llega al lugar indicado.

Uno se puede dar cuenta de que ya han estado en aquel sitio antes: alguien había acomodado varias rocas a modo de mesa, no muy lejos de restos de ceniza. Es un buen lugar para esconderse, imposible de espiar debido a la protección de las ramas.

El grupo de Lorena es muy puntual. Para cuando el reloj marca las 6 ya están todos los integrantes, cada uno de ellos con alimentos en mano. Poco después acomodan un banquete con sus platillos en la mesa improvisada, mismo que se rodea de unas cuantas velas. Cerca de su banquete hay tierra, agua, carbón y plumas en cuatro contenedores, cuya posición se coordina con los puntos cardinales.

Inés, la suma sacerdotisa del aquelarre, da inicio al banquete agradeciéndole a sus dioses: La Madre y El Padre, y encomendándose a la luna, pide justicia por todas las mujeres del país, por sus hermanas y por “el despertar de la conciencia”. Su petición la hace mirando al cielo, con las manos extendidas al aire. Al terminar sus oraciones saca un frasco lleno de pedazos de papel con nombre. “Son de nuestras hermanas fallecidas y asesinadas”, explica.

Posteriormente unta el frasco con una especie de bálsamo y lo enciende con fuego a la vez que todos se inclinan en una reverencia. Inés anuncia que, como brujas, también son mujeres, y que como mujeres tienen el deber de apoyarse unas a otras; por ello, al día siguiente, el 9 de marzo, ninguna bruja de aquel grupo dará sus servicios a la comunidad, se encerrarán en sus casas a meditar y a enviar “energías de silencio” a quienes denigren el movimiento feminista.

La Suma Sacerdotisa da la orden para proceder a comer los alimentos bajo la luz de la luna. La celebración termina en un baile sin música. Tienen que dejar todo listo antes de la media noche. Al día siguiente Lorena y sus hermanas, al igual que las demás mujeres en el país, se unieron al paro nacional porque, según Lorena, “el machismo es una fuerza de supresión poderosa, pero no tan poderosa como una hermandad fuerte, y todas las mujeres del mundo, y los hombres que nos apoyan, son el arma que necesitamos para enterrar al macho”.

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