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Centro Histórico: gentrificación y patrimonio empresarial

Abelardo Rodríguez Macías

 

“La venta ambulante es un cáncer para la dinámica regular del Centro Histórico. No siempre es posible extirparlo, pero es necesario evitar la metástasis”.

Ciro Carballo Perichi, autor de “Patrimonio Cultural. Un enfoque diverso y comprometido”.

UNESCO, Oficina en México.

 

Uno

La gentrificación de las ciudades es un proceso mundial derivado de la globalización neoliberal que rige las políticas públicas desde la década de los Setenta del siglo pasado. Y se refiere al desplazamiento, en el espacio urbano, que una clase o grupo social con mayor poder económico ejerce sobre otra, con menor poder económico o sin él.

 

El término fue acuñado en los años sesenta por la inglesa Ruth Glass, para referirse al proceso de aburguesamiento de ciertos barrios en donde la población obrera fue desplazada hacia la periferia, convirtiendo estos barrios en espacios de clase media. Igual pasó en Nueva York, en donde los antiguos barrios de los trabajadores se convirtieron en barrios bohemios, debido a las rentas baratas, que pronto se encarecieron ante la dinámica social que generaron la actividad cultural y económica de sus nuevos habitantes.

La gentrificación de colonias y barrios céntricos en las grandes ciudades de América Latina solo beneficia a los desarrolladores inmobiliarios, a los empresarios y al turismo. De acuerdo con Luis Alberto Salinas, investigador del Instituto de Geografía de la UNAM, “La gentrificación de un espacio urbano es también una revalorización del mismo (el cambio de uso de suelo eleva el costo de vida), pues el sector poblacional o clase social que llega puede pagar por vivienda y servicios caros, y el que se va, ya no. Este proceso no es positivo, porque la revalorización del espacio urbano (aumento de precios del suelo, vivienda, renta y servicios) “se hace a costillas de una población”. Al dejarse el desarrollo inmobiliario y comercial al libre mercado, sin una regulación, hay una afectación social: genera desplazados”.

En la Ciudad de México son notables los casos de gentrificación en las colonias Condesa y Roma, que se han convertido en lugares de antros, restaurantes y vivienda para hipters.

En Querétaro este proceso se empezó a dar entre la última década del siglo XX y la primera del siglo XXI. Hasta el segundo tercio del siglo XX, en el Centro Histórico se asentaban vecindades, en lo que hoy son el patio barroco y el Museo Regional, en donde convivían familias prolíficas, con animales domésticos como perros, gatos, gallinas y guajolotes. En donde habían cantinas, pulquerías, tienditas de abarrotes, puestos de fritangas y garnachas, ferreterías, tlapalerías, salones de bailes, cines, arenas de box y luchas, boticas, misceláneas, la cárcel en lo que ahora es el palacio de gobierno y hasta zona de tolerancia para trabajadoras sexuales. Todo un mundo popular que fue expulsado paulatinamente hacia la naciente periferia queretana, a las colonias de Satélite, Lomas de Casablanca, Cerrito colorado, la Lázaro Cárdenas, el Tintero, entre otras muchas.

En esto tuvieron que ver factores económicos y políticos como el potencial turístico que puede tener una ciudad colonial, pues con las leyes de protección del patrimonio histórico que paradójicamente al proteger y promover la conservación de la arquitectura virreinal y decimonónica, elevaron el valor estético y turístico de la ciudad, provocando que las políticas públicas se orientarán a crear “áreas de oportunidad” para el negocio particular y se diera una especie de limpieza social del Centro Histórico con la expulsión de vendedoras indígenas, comerciantes ambulantes, vecinos pobres y jóvenes de las mal llamadas tribus urbanas, como darketos, punk, emos, cholos.

Todo esto para atraer un turismo clasemediero con capacidad de compra, atendido por prestadores de servicios igualmente clasemedieros. Aunque hay que decir que los grupos sociales non gratos para las administraciones municipales, han opuesto una resistencia a su expulsión.

Un ejemplo son los comerciantes ambulantes de la asociación Felipe Carrillo Puerto, que inicialmente, durante el gobierno de Enrique Burgos García (1991-1997) vendían en el corazón de la ciudad y que fueron desplazados hacia la alameda durante el gobierno de Francisco Garrido Patrón (2003-2009).

Pero que en 2016, bajo el gobierno de Francisco Domínguez (2016-2021) y siendo presidente municipal Marcos Aguilar (2016-2019), fueron desalojados de la alameda sin ser reubicados y siendo preso su líder Pablo González Loyola. Sin embargo, éste no solo recobró su libertad, sino que ganó un amparo de la justicia federal para recuperar sus espacios de venta en la alameda.

 

Dos

El Centro Histórico de la ciudad de Querétaro, incluido el acueducto, es el símbolo primordial de la identidad queretana. En él se resumen casi 500 años de historia y por él atraviesan todas las vicisitudes del choque entre la tradición y la modernidad. Hasta los años Sesenta se mantuvo casi intacto, pues a pesar de las destrucciones de las guerras, como la del sitio de 1867, que enmarcó en un aire de tragedia la caída del imperio de Maximiliano, la ciudad vieja se mantuvo, con todo y escombros, en su larga y apacible línea de continuidad.

Pero a partir de los años sesenta, con la ampliación de las avenidas de Corregidora, Ezequiel Montes, la ribera del río, llamada Universidad y Zaragoza; la destrucción de la vieja plaza de toros y la reubicación del viejo mercado Escobedo, enclavado en el corazón del Centro Histórico, la ciudad vieja empezó a transformarse de manera distinta, bajo otra lógica, la del desarrollo capitalista.

La destrucción de casas para dar paso a una vía que conectara el centro de la ciudad con las nuevas zonas industriales, ocasionó el descontento popular, pues no solo se quedaron sin hogar cientos de queretanos, sino que se mutiló una parte de la historia e identidad queretanas, de acuerdo a los sentires de los afectados, provocando uno de los sentimientos más cultivados por la élite cultural de la ciudad: La nostalgia. Muestra de esto es el texto de José María Hernández Cortina, publicado en el semanario Nuevo Amanecer de Querétaro en 1991, quien 30 años después escribió: “La imagen que palpita bajo mis párpados cerrados cada vez que rememoro el tiempo adscrito al régimen del ingeniero González Cosío, es el de un grupo de ancianas, el coro de las Suplicantes de Esquilo, con sus manos arrugadas estrujaban almas y corazones; se interponían entre la maquinaria pesada y su vivienda, una vecindad adjunta al colegio “Centro Educativo”, en la calle de Morelos, justamente por donde ahora corre la arquitectónicamente estúpida calle de Corregidora. A golpes fueron separadas, sus pertenencias arrojadas al viento. Órdenes del supremo gobierno”.

Esto sucedió durante el sexenio de Manuel González Cosío (1961-1967) cuando cuajó la industrialización del estado e Ingenieros Civiles Asociados (ICA), esa empresa ícono del nacionalismo desarrollista mexicano, hizo buenos negocios en Querétaro, de la mano de su líder, el ingeniero Bernardo Quintana Arrioja, principalmente en la construcción de parques industriales y en los primeros desarrollos inmobiliarios.

El 30 de marzo de 1981, durante el sexenio de Salvador Camacho Guzmán (1979-1985), el Instituto Nacional de Antropología e Historia, el INAH, y el presidente de la república, José López Portillo, incorporaron a la ciudad de Querétaro a la ley federal de sitios y monumentos históricos, en cuyos considerandos o argumentos se planteó la importancia de la ciudad en la historia nacional. Años después siendo gobernador Mariano Palacios Alcocer (1985-1991), se cerraron calles, como 5 de Mayo, para convertirlas en andadores peatonales “como en las viejas ciudades europeas”, se llegó a decir.

Ya se empezaba a reconocer la importancia histórica y económica de la ciudad vieja, aunque el valor histórico y su valor económico corrieran en sentido contrario, llegando a chocar cada vez más fuerte y más frecuentemente. Junto al embellecimiento constante de la ciudad creció también la especulación de sus inmuebles. En la memoria de los viejos queretanos subsiste el recuerdo de la adquisición de muchas casas y edificios del Centro Histórico por parte del entonces gobernador Palacios Alcocer, quien presuntamente se los quitó a la Junta Vergara, quien las alquilaba para allegarse fondos para sus obras pías.

El 25 de julio de 1991, en el marco del Segundo Festival Querétaro Ciudad Barroca y Segundo Simposio Internacional de Arte Barroco Iberoamericano, organizados por la Secretaría de Cultura y Bienestar Social del gobierno del estado, se propuso “elevar ante los organismos internacionales de competencia el considerar a la ciudad de Querétaro de Arteaga como Patrimonio de la Humanidad”.

Estatus que se obtuvo en 1996, ya en el sexenio de Enrique Burgos García (1991-1997). El objetivo del programa es catalogar, preservar y dar a conocer sitios de importancia cultural o natural excepcional para la herencia común de la humanidad, de acuerdo con los requisitos marcados por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura(UNESCO).

Bajo ciertas condiciones, los sitios mencionados pueden obtener financiación del Fondo para la conservación del Patrimonio de la Humanidad. México se encuentra en el tercer lugar a nivel mundial con más lugares considerados “patrimonio de la humanidad”.

También el Estado mexicano, a través de la Secretaría de Desarrollo Social, SEDESOL, otorga un presupuesto anual. Todos estos financiamientos tienen también el objetivo de acrecentar el turismo en la ciudad. En 1997 llegó la alternancia en el gobierno estatal, con el gobernador Ignacio Loyola Vera (1997-2003), del Partido Acción Nacional, el PAN, y con ella se aceleró el proceso de “aburguesamiento” o gentrificación en el Centro Histórico. A escasas semanas de iniciado su gobierno se suscitó el asesinato de una joven por parte de sus compañeros y amigos “dark”.

Su cuerpo semi-destazado fue encontrado a una cuadra del palacio de gobierno. Esto desató una satanización y caza de brujas en contra de los llamados “darketos”, principalmente en los medios de comunicación subordinados al gobierno, que devino en una expulsión sistemática de cualquiera de las mal llamadas “tribus urbanas”. Hasta entonces era común ver por el centro de la ciudad a jóvenes ataviados y maquillados de acuerdo a sus asumidas expresiones culturales juveniles de la época.

En poco tiempo fueron borrados del mapa. Se les hostigó y se fueron cerrando sus pocos espacios, a excepción del Museo de la Ciudad. El colofón de esta política de asepsia social y política fue la clausura del café “Tarumba”, espacio alternativo de las culturas juveniles de los primeros años del siglo XXI queretano.

Su administradora, la psicóloga egresada de la Universidad Autónoma de Querétaro, Narmind Álvarez, fue sometida a un desgastante litigio acusada de un delito de la época más sombría del autoritarismo en México: Disolución social. Años después, en 2007, el linchamiento de los “emos”, iniciado en las redes sociales y llevado a cabo en el Centro Histórico de la ciudad, marcó la expulsión definitiva de cualquier expresión cultural juvenil de éste espacio.

Se puede decir que actualmente solo una juventud “fresa”, con capacidad de compra, puede pasearse por la ciudad vieja, convertida en boutique. Al mismo tiempo, y como parte de las políticas públicas municipales, fueron perseguidas e igualmente expulsadas de las calles del centro las vendedoras ñaño de muñecas de trapo y otras artesanías, y solo algunas “reubicadas, controladas y regularizadas” en la plaza Fundadores. Sin embargo, ante la invasión ilegal del espacio público por parte de bares, restaurantes y cafeterías/franquicia, como  The Italian Coffe, la municipalidad solo guarda un cómplice silencio.

 

Tres

De acuerdo con el docente e investigador de la Universidad Autónoma de Querétaro Daniel Hiernaux: “la transformación del Centro Histórico en la ciudad de Querétaro, sigue este proceso: Por una parte, una política conservacionista que mantiene e incrementa el valor patrimonial del Centro Histórico y, por ende, propicia la búsqueda de “renta diferencial patrimonial” por parte de particulares y empresas.

A la par, las instancias locales han puesto en marcha desde tiempo atrás políticas de remodelación del espacio asociadas con otra de “limpieza visual” las cuales, al alimón, han impulsado el proceso de reemplazo de la población tradicional de bajos ingresos por otra de mayor poder económico”.

Con la intensificación de las reformas neoliberales y la gentrificación, el Centro Histórico queretano se ha convertido en una especie de “ciudad-boutique”, en donde proliferan pequeños antros “exclusivos”, restaurantes, tamalerías, taquerías y cafés “gourmets”, franquicias como Oxxos, Matadores, Super Q, farmacias del Ahorro o Similares, pizzerías, pastelerías, hostales tipo europeos, “alternativos” u “hotel-boutique”, estacionamientos y recorridos teatrales comerciales de leyendas para turistas.

De acuerdo con Hiernaux, la gentrificación despoja a los habitantes de la ciudad de su ciudad, pues: “La apropiación del espacio consiste en la posibilidad de moverse, relajarse, poseer, actuar, resentir, admirar, soñar, aprender, y de crear siguiendo sus deseos, sus aspiraciones y sus proyectos (…) el proceso de gentrificación no es únicamente un proceso anclado en la materialidad del espacio, sino que tiene mucha articulación con diversos procesos de apropiación simbólica”.

Para la legislación protectora del patrimonio histórico de la ciudad sus habitantes “no existen”, pues no son cosas; son intangibles pese a su contundente materialidad. Por eso su opinión, preferencias, sentimientos e intereses no pesan en las políticas públicas que les afectan, como la privatización del espacio público, como es el caso de la imposición de los parquímetros. Tampoco su derecho a la tranquilidad cuenta frente a la proliferación de antros y restaurantes. De acuerdo con Alejandra García García, de la Maestría en Diseño e Innovación Facultad de Ingeniería Universidad Autónoma de Querétaro, la forma en la que se vende actualmente la oferta turística en Querétaro no contempla las opiniones de los grupos ya establecidos, pequeños comerciantes, habitantes de los barrios.

“Sin un diagnóstico como este es imposible saber las necesidades de inversiones y hacia qué sector debe enfocarse, el estado y las políticas públicas deben contemplar la formación de cadenas productivas que generen beneficios económicos para la comunidad establecida y que pueda mantener su forma de vida y costumbres (…) En el Centro Histórico de la ciudad de Querétaro se está dando este fenómeno de despersonalización y modificación de espacios urbanos en favor de un turismo masivo, anclado en el periodo novohispano y el movimiento independentista, que lleva al visitante a un paseo programado y organizado por los espacios y calles que están inscritos en la historia nacional y que deja de lado la vida cotidiana, las costumbres que pasan de generación en generación rescatando su identidad y su memoria como espacio único y particular en el mar homogéneo de producción turística”.

El 7 de diciembre de 2016, con motivo del 20 aniversario del Centro Histórico de Querétaro como Patrimonio Mundial, la titular de la Oficina de Turismo y Asuntos Internacionales, Esther Carboney Echave, anunció una campaña de promoción turística cuyo eje es el Centro Histórico: “La campaña busca posicionar al Centro Histórico como una obra de arte virreinal porque eso es lo que representa tener un título de Patrimonio Mundial”. Para ello se van invertir 2 millones 387 mil pesos, cuyos recursos provienen del impuesto de hospedaje.

De acuerdo con la funcionaria, “la idea es posicionar a Querétaro como un lugar que ofrece una amplia agenda cultural, con muchos eventos, de grandes monumentos históricos y una amplia oferta de servicios, un destino donde pasa de todo: eventos culturales, musicales, literarios y creativos”.

Esta campaña tendría una inversión de 3 millones de pesos en tres etapas que son: el diagnóstico y el estudio; la propuesta; y finalmente producción e instalación. Informó también que de 2015 a 2016 el número de hoteles en la ciudad subió de 139 a 153, y que llegaron 2 millones 424 mil turistas noche que generaron una derrama económica de 6 mil millones de pesos.

 

Cuatro

En este marco de gentrificación, el pequeño comercio tradicional del Centro Histórico queretano (venta de ropa, artículos eléctricos y electrónicos, comida, cibercafés, abarrotes, etc.) ha enfrentado el encarecimiento de las rentas debido a que la demanda de espacios supera la oferta.

Situación que en 2016, con la nueva administración municipal, se ha agravado por la implantación de parquímetros, que han venido a encarecer la vida en el centro. Existen dos asociaciones de pequeños empresarios, una, la mayoritaria, es la Asociación de empresarios del Centro Histórico, que nació en 1991 y cuenta con cerca de 700 asociados.

Se oponen a los parquímetros porque consideran que es una privatización de la calle que beneficia a una sola persona y afecta a más de 15 mil comerciantes que existen en el Centro Histórico queretano. En esta lucha van de la mano con la asociación de vecinos y habitantes del Centro Histórico.

En una entrevista con su presidente Alfredo Serrano Valdés, quien tiene su negocio en la avenida Corregidora, nos comentó “que nunca fuimos consultados ni tomados en cuenta para tomar una decisión tan importante; fue una decisión arbitraria la que tomó nuestro presidente municipal (…) porque de aquí dependemos muchas familias, comemos, vivimos del comercio y hay muchos habitantes del Centro Histórico que llevan muchos años de vivir aquí.

Lo que va pasar es que el habitante del Centro Histórico va a huir (…) ¿cómo nos afecta? En primer lugar viene a encarecer el de por sí caro espacio del Centro Histórico. En la calle de Hidalgo (cerrada por obras del llamado “paseo estudiantil” e instalación de los primeros parquímetros) ha bajado la venta en un 70% y 30 comercios van a cerrar por lo mismo”.

Esto representa un atentado a la vida económica de la ciudad, pues hay que señalar que los servicios y el pequeño comercio local dan empleo a 9 de cada 10 queretanos. De las siete que existen, la delegación municipal del Centro Histórico es la que genera mayor empleo, debido al pequeño comercio.

Sin embargo, el gobierno municipal no solo no lo apoya, sino que le impone una serie de trabas burocráticas que no le pone a las grandes empresas y negocios. En resumidas cuentas, la gentrificación acaba con el comercio local, privilegiando a consorcios trasnacionales.

Hace 20 años, en sus inicios la asociación de pequeños empresarios del Centro Histórico se opuso al comercio ambulante que “invadía” el espacio público y generaba una competencia “desleal, pues no pagaba renta ni impuestos” (cosa no cierta, pues el comercio ambulante paga derecho de piso, permisos e impuestos). Hoy la privatización del centro ya los tocó a ellos y amenaza por extenderse a sus últimos habitantes.

Por otro lado, en conferencia de prensa realizada el 19 de diciembre de 2016, la doctora Martha Fabiola Larrondo Montes, a nombre de residentes y comerciantes del Centro Histórico, también manifestó el descontento de este grupo social por dos acciones realizadas por la actual administración municipal: La privatización de la recolección de basura y la implantación de parquímetros.

Respecto a la primera se critica “el aniquilamiento de un sistema de recolección de basura que funcionaba muy bien (…) éramos una ciudad limpia, pulcra y hoy la basura se desparrama por las calles”. Se le inquiere al alcalde “que no destruya lo que no ha construido”, pues se argumenta que el servicio de limpia se fue consolidando como un sistema eficaz a través de muchos años y administraciones municipales, y premiado a nivel mundial. También se dijo que Querétaro tenía el orgullo de ser considerada la ciudad más limpia del país, orgullo hoy perdido por la privatización.

Por su parte, también los trabajadores municipales de recolección de basura se han opuesto a esta privatización que les ha hecho perder derechos laborales como la jubilación, una rebaja del salario del 50% y el incremento de horas de trabajo. Ante el abandono de la dirigencia sindical, los trabajadores municipales destituyeron a su comité ejecutivo y nombraron a uno nuevo dispuesto a defender su fuente de trabajo. Pero el presidente municipal, Marcos Aguilar, los despidió de manera fulminante.

Orquestando además una campaña de amenazas, intimidación y represión y comprando a la vieja y corrupta dirigencia sindical. Sin embargo, al igual que los comerciantes ambulantes, los trabajadores en lucha de limpia, ante la ilegalidad con que ha actuado el alcalde, han echado mano de recursos legales que siguen su curso y que muy probablemente puedan revertir la privatización de los servicios municipales en Querétaro.

Pese al descontento cada vez más generalizado de la sociedad queretana, alcalde y regidores no paran sus agresivas políticas privatizadoras y más recientemente han anunciado un nuevo plan de reordenamiento, que no pasa de ser otro eufemismo que pretende privatizar los mercados públicos de la ciudad.

Esto ha provocado que vecinos, comerciantes, trabajadores municipales despedidos y ciudadanos del Centro Histórico se unan y armen el “Frente Social Queretano”, con el que harán frente a la ola de privatizaciones del gobierno municipal. Cabe mencionar que una de las estrategias de este Frente es gestionar la declaración de patrimonio cultural para los mercados públicos, para protegerlos de los voraces apetitos del negocio.

Respecto a los parquímetros hay que decir que es un jugoso negocio para una empresa nueva en el ramo, como lo es Aquiles park, cuyo dueño es el señor Raúl Álanis de la Huerta, y que además, a su reciente creación hay que agregarle que ya cuenta con demandas en municipios de Veracruz por parte de usuarios afectados, lo que habla de la nula transparencia en la adjudicación de no solo de ésta concesión, sino también la que se dio a la empresa “Red ambiental” para hacerse cargo de la recolección de basura en la ciudad. Pues esta empresa pertenece a políticos panistas de Guanajuato, como Carlos Medina Plascencia, quien no tuvo empacho en agradecer públicamente al alcalde queretano la adjudicación del negocio de la basura.

El plan es instalar 360 parquímetros en el Centro Histórico, a 10 pesos la hora y sin seguro para el auto de los usuarios, cuando en 2016 el Centro Histórico fue la delegación municipal con mayor índice de robos a comercio, casa-habitación y coches. Se calcula que anualmente cada uno de los parquímetros arroje una ganancia de un millón de pesos, que multiplicado por los 360 parquímetros que inicialmente instalarán, da un total de 360 millones de pesos al año. ¿Qué ganará el municipio y la ciudadanía? No se sabe, porque el contrato es mantenido en secreto por el ayuntamiento.

 

Colofón

Actualmente la ciudad de Querétaro es la de mayor crecimiento económico y demográfico del país, pero esto no se refleja ni en los salarios ni en el nivel de vida de la mayoría de sus habitantes. Al igual que en resto del país, las ganancias se las llevan unos cuantos, los dueños de las grandes empresas. En este marco se mueve la gentrificación del Centro Histórico queretano, que parece dirigirse a ser un escaparate comercial, con parque temático colonial y patrimonio de las grandes empresas.

 

 

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