Ciencia

Biocombustibles, limitados por falta de normativa

Para la producción del biodiesel en la UAQ se utilizan aceites de segunda generación; es decir, aceites comestibles que ya han sido utilizados y que por el proceso de oxidación que han sufrido dejan de ser aptos para consumo humano

Los biocombustibles como el bioetanol y biodiesel son una opción económica y ambientalmente viable para combatir la escasez de gasolina y diésel en México; sin embargo, su comercialización se ve obstruida por normas jurídicas que no permiten contar con la infraestructura necesaria para ofrecer mezclas de biocombustibles, señaló el responsable del proyecto de biodiesel de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), Saúl López Ordaz.

De acuerdo con el académico e investigador, tanto el biodiesel como el bietanol son alternativas viables para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero y reducir la dependencia al petróleo. Consideró factible utilizar biocombustibles en automóviles y autobuses de uso cotidiano, debido a que varios autos tienen la capacidad de funcionar con cierto porcentaje de bioetanol o biodiesel. Algunos pueden llegar a utilizar “una mezcla gasolina-etanol [conformada con] hasta 85 por ciento de etanol”, sostuvo.

El porcentaje de biocombustible con el que puede operar un automóvil o autobús está marcado desde fábrica y no todos cuentan con dicha capacidad; sin embargo, modelos que operan en Europa y Estados Unidos tienden a ser más receptivos debido a que en estas zonas “el biodiesel se utiliza desde hace décadas y sus autos están acostumbrados al uso de biocombustibles”, externó López Ordaz.

El biodiesel no se limita a los motores que operan con diésel, pues también puede ser utilizado como aditivo en autos que operen con gasolina. “Se puede colocar hasta medio litro por tanque para que reduzca las emisiones; al igual que el etanol que puede utilizarse en autos de gasolina, en ciertas mezclas”, explicó.

Saúl López indicó que, a pesar de contar con el desarrollo científico y tecnológico para hacer crecer la industria de los biocombustibles, la principal limitante es normativa. En México, toda la infraestructura de las gasolineras está enfocada a dos tipos de gasolina —las denominadas “magna” y “premium”— y al diésel.

Para introducir los biocombustibles primero se tiene que ‘abrir la normatividad’ para comercializar y contemplar la infraestructura necesaria para recibir este tipo de combustible. Los biocombustibles también son viables económicamente. Los costos de producción, que van desde las materias primas hasta el proceso de obtención, están por debajo de los que tiene el combustible convencional.

La Comisión Reguladora de Energía (CRE) no establece un precio a la comercialización de biocombustibles, ya que sólo se enfoca en los combustibles tradicionales derivados del petróleo. El académico recalcó la necesidad de “cambiar la normatividad del país para que contemple la regulación de la producción y comercialización de biocombustibles”. Ante la situación, Saúl Pérez comentó que México debe cambiar hacia un mercado que ofrezca mezclas de gasolina y diésel con distintos porcentajes de biocombustibles.

Reciclaje: la base

La accesibilidad económica de los biocombustibles tiene sentido cuando se conocen los productos a partir de los cuales se producen. La norma mexicana sobre bioenergéticos contempla que las materias primas para la elaboración de biocombustibles deben ser “cualquier producto que no sea destinado para los alimentos”.

Es común utilizar residuos de campo como lo son restos de paja y rastrojo para la producción del bioetanol. En el caso del biodiesel pueden utilizarse deshechos de uso doméstico. Para la producción del biodiesel en la UAQ se utilizan aceites de segunda generación; es decir, aceites comestibles que ya han sido utilizados y que —por el proceso de oxidación que han sufrido— dejan de ser aptos para consumo humano.

En el campus Amazcala se ha explorado con la producción de aceites a bases de microalgas; para ello se ha implementado un modelo de reciclaje de agua, en conjunto con el Agropark en Colón. El agua de los invernaderos, que es rica en nutrientes, se recircula para la producción de las microalgas.

El proceso de elaboración del biodiesel genera un producto de desecho útil y con un mucho valor económico, la glicerina. Esta puede ser utilizada como aditivo para la gasolina o dentro de la industria cosmética. Los biocombustibles reutilizan desechos orgánicos, generan residuos aprovechables, son económicamente más accesibles y ambientalmente más amigables que los combustibles fósiles.

La crisis del hidrocarburo

En diversas entidades federativas —incluido el estado de Querétaro— la gasolina ha sido un tema central debido a la escasez del mismo o “retraso del suministro”, como lo calificó Petróleos Mexicanos (Pemex). La medida para detener el robo de combustible —implementada por el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador— evidenció lo indispensable de este recurso para la vida cotidiana y la estabilidad económica.

Independiente de que el desabasto haya sido consecuencia de una medida federal, el petróleo y sus derivados tienen fecha de caducidad, debido a que es un recurso no renovable. Por otro lado, los combustibles derivados del petróleo se encuentran en jaque desde hace varios años debido a su contribución en la crisis ambiental.

La quema de combustibles fósiles emite a la atmosfera potentes gases de efecto invernadero, como dióxido de carbono (CO2) y óxido nitroso (N2O). Dichos gases son los principales responsables del calentamiento global y el cambio climático, por su alta capacidad para retener energía. Además de que su extracción ha sido controversial por representar un peligro para los ecosistemas en varias ocasiones.

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