Ciencia

La clonación: el debate de la intransigencia y la tolerancia

La técnica de clonación de organismos, como por ejemplo de ranas, consiste en lo siguiente: los núcleos de células diferenciadas de un animal, se trasplantan en huevos no fecundados, de los cuales previamente se ha eliminado el núcleo. A los huevos resultantes se les induce para que se dividan, crezcan y formen ranas con características idénticas a las del individuo original.

Técnicamente se puede decir que una clona es una población de moléculas, células o individuos que se derivan de la multiplicación de una sola molécula, célula u organismo y todos los miembros de esa clona son prácticamente idénticos al que les dio origen, por lo que la clonación es una forma de obtener muchas copias de un genotipo específico.

La clonación, como modelo experimental tiene una gran repercusión no sólo desde el punto de vista biológico sino, sobre todo, biomédico. Junto con el proyecto del genoma humano, con el cual se conocerá la secuencia de nuestros genes, formará parte de aquellas herramientas de las que se valdrán los científicos para profundizar en el conocimiento de padecimientos como el Alzheimer, la diabetes o las enfermedades autoinmunes. La investigación biomédica podrá dar pasos agigantados encaminados a detectar y prevenir anormalidades genéticas antes de que se expresen como problemas del desarrollo, metabólicos o fisiológicos. Entonces ¿por qué existe tanta controversia alrededor de la clonación?, ¿por qué se detuvo el apoyo a proyectos científicos relacionados con esta metodología?

Ante todo diremos que el conocimiento científico, por sí mismo, no lo podemos catalogar como adecuado o inadecuado; es la utilización de este conocimiento por parte de una persona o de una comunidad lo que, en ciertos casos, podría definir a una aplicación del conocimiento como buena o mala. Por supuesto, esto dependerá de la época y de las características de cada sociedad, basta recordar que los conceptos desarrollados por Copérnico, Kant y Galileo sobre el movimiento de la tierra, no fueron catalogados como “buenos” en una época en la que imperó la idea religiosa y pseudocientífica de que nuestro planeta era el centro del universo.

Otro ejemplo fueron las ideas de Darwin y Wallace sobre la evolución de las especies, pues esta teoría postulaba el concepto del hombre como ente biológico cuyo desarrollo también es regido por las leyes de la naturaleza, contrario a la idea imperante de la época sobre el origen divino. Es por esto que podemos decir que la conducta del hombre o de una sociedad, su ética, moral, conceptos religiosos y científicos, sus condiciones políticas y sociales determinan el buen o mal uso de los conocimientos.

Al menos en la teoría, los proyectos de clonación estarían dentro de la reglamentación vigente que regula la experimentación en humanos y se tendrían suficientes pruebas de su factibilidad gracias a los estudios realizados en otros animales. Aunque aún no se está en condiciones tecnológicas adecuadas para hacer clones de humanos, ni creemos que se tenga el interés de hacerlo, algunos miembros de los comités éticos han argumentado que, en este caso, los riesgos que se pudieran presentar repercutirían además del sujeto de estudio, en su descendencia y, sobretodo, en la sociedad en general. Se ha llegado a pensar que con las técnicas de clonación, al producir individuos genéticamente idénticos, se estaría en riesgo de generar personas con conductas reprobables como las que surgieron durante la segunda guerra mundial; aunque, dentro de esta misma lógica, también se tendría la oportunidad de crear un nuevo Einstein o un Escher, para lo cual sólo bastaría haber conservado algunas de sus células. Sin embargo, el absurdo de este argumento consiste en pensar que la conducta agresiva, la lucidez del pensamiento o la sensibilidad artística son productos exclusivamente de los genes; sin tomar en cuenta que, aunque la expresión de nuestro material genético influye en gran medida en nuestro desarrollo, nosotros somos moldeados por las relaciones que establecemos con otros miembros de la sociedad, por el medio ambiente en el que vivimos, por la forma como aprendemos, como reaccionamos, etc. Se sabe desde hace mucho tiempo que los gemelos (clones que fabrica con cierta frecuencia la naturaleza) aunque tienen un material genético idéntico, no son iguales en su conducta, aun cuando se desarrollen en ambientes similares.

Otro argumento nos dice que gracias a la técnica de la clonación, junto con los conocimientos que se tenga del genoma humano, se podrían “fabricar personas a la medida”. Pero nos podemos preguntar ¿acaso no tenemos desde hace tiempo ese tipo de ““experimentación”? Creemos que detrás de estas argumentaciones existe una doble moral. Por un lado, la comunidad se puede horrorizar de lo que la ciencia es capaz de producir en el futuro si se hace un mal uso de ésta y, por el otro lado se olvidan de que existen en nuestro planeta “clones de seres humanos” en países como Ruanda viviendo como subhumanos y sin ver una ayuda efectiva de aquellos países que se han adueñado paulatinamente de nuestros recursos naturales, del conocimiento científico y tecnológico, de nosotros mismos; y que nos imponen una moral y una ética que reglamenta nuestra conducta.

Hay también una doble moral en aquellos grupos que se preocupan por la posibilidad de crear en un futuro, por medio de la clonación e ingeniería genética, individuos que puedan tener algún tipo de defectos en su capacidad de razonamiento y no se preocupan por la gran cantidad de basura transmitida a nuestros niños por los medios masivos de comunicación, ni por las denigrantes restricciones para las instituciones educativas que imponen los organismos financieros internacionales a los países del tercer mundo; con todo lo cual están desarrollando -sin necesidad de conocimiento científico alguno, ni de consideraciones éticas o morales- individuos sin criterio.

Es justo tomar en cuenta las opiniones de los miembros de nuestras sociedades, puesto somos nosotros los que en conjunto debemos vigilar y responsabilizamos del buen o mal uso de los conocimientos científicos. Pero no debemos hacer homenajes a la intransigencia, como lo ocurrido antes de ser publicado en la revista Nature el artículo sobre la clonación de una oveja en febrero de este año; previo a lo cual se escribieron una gran cantidad de cartas por Internet pidiendo que se negara la publicación de estos conocimientos. Fatalmente, todo ello nos recuerda lo que ocurrió hace varios siglos cuando Galileo se vio obligado a retractarse del conocimiento que generó. Las técnicas de clonación han abierto una gran puerta para el desarrollo del conocimiento científico y la posibilidad de empezar a conocernos a nosotros mismos desde la perspectiva de la biología molecular y la biología del desarrollo. Los últimos avances sobre este tema han desatado grandes polémicas que, ojalá, nos den la posibilidad de conocer con mayor profundidad este fascinante campo de la investigación científica y nos permita, sobre todo, valorar los esfuerzos que han hecho algunos investigadores sobre la clonación con un criterio amplio y, ante todo, con una mente abierta, permitiendo la expresión de todas las opiniones representativas de nuestra sociedad y procurando que cada uno de nosotros argumente su posición mediante el uso de la razón.

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