Ciencia

Muerte de los peces, el menor de los problemas en Santa Catarina

Si no se toma en cuenta que los hábitos alimenticios de la especie hacen que su carne sea riesgosa para la salud humana, “hay muchas posibilidades de que en el musculo de la mojarra haya metales pesados”, advirtió el especialista en cuencas.

Cuando los peces consumen algas tóxicas no sólo afectan su propia población, pues se convierten en un alimento nocivo para el ser humano. Esta situación es consecuencia de la falta de monitoreo de la autoridad en diversas presas de la entidad.

En el caso de la presa de Santa Catarina, ubicada en Santa Rosa Jáuregui, podría deberse al crecimiento de cianobacterias que se forman debido al agua estancada a la que llegan también vertimientos del drenaje y fertilizantes.

De acuerdo con lo observado por el ictiólogo de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), Juan Pablo Ramírez Herrejón, la mayoría de los peces que perecieron el pasado julio en la presa referida, pertenecían a la especie ‘diplodus vulgaris’, comúnmente conocida como mojarra. El hecho de que ésta haya sido la más afectada es otro factor, que lleva a pensar que el suceso fue originado por un crecimiento exponencial de un alga con altos niveles de toxicidad, pues estos peces se alimentan de algas y materia orgánica en descomposición.

El verdadero problema de Santa Catarina, como en la mayoría de las presas del estado, radica en la falta de control sobre la misma. “Los pobladores ven a los peces muertos y piensan que el problema son los peces muertos. Para mí sólo son una consecuencia. El problema real es que no tenemos control de nada, no sabemos quiénes están pescando, cada cuanto pescan ni qué especies hay ahí”, agregó el coordinador de la maestría en Gestión Integrada de Cuencas de la UAQ, Pablo Ramírez Herrejón.

Los apoyos que se dan al sector pecuario van encaminado a objetivos distintos. Según explica Juan Pablo Ramírez, se da poco apoyo a los programas que buscan monitorear el estado en el que se encuentran las presas en comparación al que se le da a la producción. “Sus objetivos son diferentes, que los pescadores tengan su permiso, que le diga cuanto pesca, si tengo que introducir más peces…”.

En su opinión, la academia y el gobierno deben trabajar en conjunto para garantizar el óptimo uso de los cuerpos acuáticos naturales y artificiales. El adecuado manejo de la presa de Santa Catarina debe ser una prioridad, puesto que se pone en riesgo la salud de los pobladores y la calidad de vida de las especies que la habitan.

¿Procesos cíclicos?

Por su parte, Miriam Bojorge García investigadora y especialista en algas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) refirió que un fenómeno similar ocurrió en octubre del 2013, el cual tuvo sus orígenes en la propagación de cianobacterias, más comúnmente conocidas como algas verde-azules.

La especie que ocasionó el deceso de los peces en aquella ocasión era la ‘Anabaena’, un tipo de alga productora de cianotoxinas, las cuales atacan directamente el sistema nervioso central de los organismos. Por lo anterior, la ficóloga Bojorge García hace hincapié en lo necesario que es invertir en biomonitoreo y estudios de la calidad del agua de las presas del estado, con el propósito de evitar fenómenos como el del pasado julio.

Para el investigador Pablo Ramírez Herrejón, existe una gran probabilidad de que ambos sucesos estén relacionados y que se trate de un proceso cíclico al interior de la presa. Para reforzar esta idea pone al descubierto ciertos aspectos morfológicos del sitio: “De la parte superior de la presa -de la compuerta- no sale agua, por lo que la mayor parte del tiempo es agua encharcada, lo que favorece el crecimiento de este tipo de organismos”.

Las algas se alimentan principalmente de nitrógeno y fosforo, por lo que los especialistas no descartan la posibilidad de que existan vertimientos de desechos ricos en estos elementos; entre ellos fertilizantes y materia orgánica proveniente de drenajes expuestos. “De manera general cuando hay una mortandad así, de cientos o miles de peces, lo que sucede es que el agua tiene toxinas” explica el ictiólogo.

La total falta de información aunada a programas poco estructurados de gobierno propicia que especies como la mojarra se encuentren frecuentemente en la dieta de las personas que habitan cerca de una presa. Si no se toma en cuenta que los hábitos alimenticios de la especie hacen que su carne sea riesgosa para la salud humana, “hay muchas posibilidades de que en el músculo de la mojarra haya metales pesados” afirmó Ramírez Herrejón. Además, pueden contener cierta cantidad de las toxinas producidas por las algas.

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