Ciencia

Quivax 17.4, vacuna mexicana de segunda generación

Teresa García Gasca

La infección por el coronavirus 2 del síndrome respiratorio agudo, SARS-Cov-2 por sus siglas en inglés, responsable de la enfermedad conocida como COVID-19, también por su nombre en inglés, ha puesto de manifiesto la capacidad científica para enfrentar la pandemia. Decenas de vacunas iniciaron su desarrollo en el mundo y, por primera vez en la historia, se contó con antígenos vacunales a un año de iniciada la enfermedad. Vacunas de primera generación como las de Pfizer y Moderna basadas en la secuencia codificante de ARNm de la proteína de la espícula viral fueron las primeras de su tipo probadas en seres humanos. Otras están basadas en la secuencia de ADN de la misma proteína, como las de Astra Zeneca, Cansino y Sputnik o de virus atenuado como Sinovac.

Todas ellas han mostrado cierta eficacia para generar inmunidad protectora, con algunos efectos adversos atribuibles a la reacción que provoca la proteína de la espícula. Y es que ahora está científicamente demostrado que los efectos de la enfermedad son principalmente atribuibles a dicha proteína. Estas vacunas de primera generación resultaron de los enormes esfuerzos y años de estudio previos para la generación de vacunas en el mundo. Sin embargo, fueron diseñadas contra la variante original del virus y hoy, existen al menos cuatro variantes más de preocupación, otras tantas de interés y muchas más que se están monitoreando.

El virus, de forma natural y como lo hacen todos los virus conocidos, mutará para producir variantes que le permitan sobrevivir. De tal forma que se entabla una lucha entre el virus y la especie humana, unos por seguir infectando (que es su forma de subsistir) y los otros por generar defensas más eficaces contra la infección (nuestra inmunidad). En tanto más aumente la inmunidad por las variantes que ya existen, más mutará el virus sin que ello signifique que sea más letal. Por el contrario, es probable que, a lo largo del tiempo, las variantes sean infecciosas, sí, pero menos graves. Una segunda generación de vacunas ya se encuentra en camino, las vacunas basadas en proteínas como la de Novavax que ya se encuentra en fases clínicas en humanos. Otras están en etapas preclínicas como la vacuna de la UAQ, Quivax 17.4, basada en péptidos o secuencias aisladas de la proteína de la espícula viral. Esta vacuna no comprende la secuencia completa de la espícula, por lo que no provocaría los síntomas severos de la enfermedad, por el contrario, está diseñada de la unión de fragmentos de la espícula que pueden contener secuencias de diferentes variantes, por lo que es una vacuna polivalente. Esto significa que, por su diseño, será capaz de proteger contra diferentes variantes al mismo tiempo y además podrá ser mejorada conforme sea necesario dada la tecnología que se ha desarrollado para su producción. Actualmente se han incluido secuencias de todas las variantes de preocupación además de la original y se ha firmado un convenio de colaboración con la empresa farmacéutica mexicana Neolpharma y sus filiales Alpharma y Psicofarma, lo que permitirá sumar capacidades y alcanzar la meta: entregar a la sociedad una vacuna mexicana de alta tecnología.

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