Ciencia

Tomas Alva Édison iluminó la vocación del ingeniero queretano Salvador Herrera Tejeda, El teacher, inventor del semáforo y el limpiaparabrisas

«Los que andan por la calle fingiendo locura»

Siete años después de su muerte, el recuerdo del ilustre ingeniero queretano Salvador Herrera Tejeda, mejor conocido como El teacher, se resiste al olvido. Un botón de muestra es que durante casi tres décadas su obra ha sido objeto de múltiples reportajes e investigaciones en diarios y revistas de circulación nacional y local, entre ellos Excélsior y Noticias. El pasado 30 de enero su nombre volvió a la escena: una placa conmemorativa fue develada en su honor durante un homenaje que tuvo lugar en la denominada Casa Paterna. Enrique Landaverde, promotor del homenaje, y Jorge Landaverde Trejo, Maestro en Comunicaciones, se encuentran en estos momentos escribiendo un libro que recogerá,. entre otras cosas, los inventos de El teacher, su relación con Tomas Alva Édison, su obra como escultor y su pensamiento filosófico.

El genio, el flaco y los burlones 

Transcurría el primer cuarto de siglo cuando el joven Salvador Herrera cursaba estudios de Ingeniero Mecánico Electricista en la Universidad de Harvard. Llevado por el hambre de nuevos conocimientos, conoció a un destacado profesor, de edad avanzada, Tomas Alva Édison. De acuerdo con una conversación que don Salvador tuvo con su hija Gloria, Alva Edison le confesó a El teacher: “yo nací como resultado de un noviazgo que tuvo mi madre -de origen europeo- con un joven, durante su paso por Zacatecas. Fui un hijo bastardo”. Según Gloria Herrera, en ese instante, El teacher se preguntó a sí mismo: “si él pudo, ¿por qué yo no?”. Gracias a la confesión de su amigo —pues así lo consideraba Alva Édison—, tomó los arrestos suficientes para dar a luz a dos artefactos que a la postre beneficiarían a toda la humanidad: el semáforo y el limpiaparabrisas

El camino que El teacher tuvo que seguir para dar a conocer sus inventos estuvo lleno de obstáculos. Prueba de ello es que, de acuerdo con las investigaciones de Enrique Landaverde, las autoridades mexicanas de aquella época se burlaron de él, diciéndole que lo elegante era bajarse del automóvil y limpiar el vidrio con un pañuelo; e incluso, con el pretexto de que en México casi nadie usaba automóviles modernos, le pidieron que guardara su invento para una mejor ocasión. Sin desanimarse, El teacher ofreció el limpiaparabrisas a su amigo El flaco, Henry Ford. Este le dijo, en un principio, que su artefacto haría parecer a los autos arbolitos de Navidad; sin embargo, El flaco pronto se dio cuenta de la utilidad del limpiaparabrisas y se lo compró en una cantidad que hasta la fecha no ha sido precisada. 

Lo mismo le ocurrió con el semáforo. Según varias versiones, las autoridades le dijeron en tono irónico: “¿todavía construyendo juguetitos, profesor?”. Posteriormente llevó su invento a Estados Unidos y fue un hombre llamado J. Evans -según información que Landaverde recabó en distintas fuentes- quien al final lo patentó.

Fue el primer hombre en impartir clases de inglés en Querétaro, en el Colegio Civil (que posteriormente se convertiría en la UAQ), de ahí su apodo de El teacher. Era un hombre tradicional y muy católico. Todos los días se levantaba a las 4 de la mañana... 

El teacher de inglés 

Otra de las múltiples facetas que tuvo don Salvador Herrera fue la de profesor. Fue el primer hombre en impartir clases de inglés en Querétaro, en el Colegio Civil (que posteriormente se convertiría en la UAQ), de ahí su apodo de El teacher. Comenta Su nieta María de Lourdes Sosa Herrera : “Siempre se levantaba a las cuatro de la mañana para ir a dar sus clases de inglés a la Universidad. Era un hombre tradicional y muy católico. En Navidad ponía unos nacimientos enormes con unas figuras que había traído de los Estados Unidos, donde vivió mucho tiempo. 

“A veces, cuando no se quedaba afuera del zaguán con su gorra, fumando su imprescindible pipa, se iba al jardín Guerrero por las tardes y recibía la visita de muchos alumnos y amigos. Allí compraba su boleto de lotería —a la cual era muy aficionado—con Chava ‘el de los trenes’. Nunca supe porque le decían así, pero sí me di cuenta que los trenes le gustaban mucho, incluso él tenía uno eléctrico en su casa”. 

“Yo lo quería como si fuera mi padre, porque a mí y a los demás nietos nos trataba muy bien, incluso nos contaba los cuentos de Las mil y una noches, con un estilo que nos dejaba boquiabiertos”. 

La filosofía de un sabio 

En la actualidad, el investigador Enrique Landaverde Trejo y el Maestro en Ciencias de la Comunicación Jorge Landaverde Trejo, se encuentran realizando una “biografía intelectual” de El teacher, en la cuál, además de abundar sobre sus inventos, darán a conocer su pensamiento.

Enrique Landaverde dice a Tribuna Universitaria que es necesario recuperar el pensamiento del inventor queretano: “Salvador Herrera pensaba en el servicio a la comunidad. Quiso transmitir su fe en sí mismo y su conocimiento, a los jóvenes. Fue un hombre que obtuvo el éxito con base en la disciplina”.

Salvador Herrera, según Landaverde, representa la formación de una “cultura recíproca”; es decir, no entre una institución y un particular, sino entre sí misma y aquel a quien le interese. Considera que El teacher murió casi en el olvido, lo cual, agrega, es una pena para aquellos que desean motivar a los jóvenes a realizar sus empresas.

Para escribir su libro, Landaverde ha escudriñado todas las fuentes que le permitan escribir un libro muy detallado y preciso acerca de la vida del mentor. Señala que conseguir la información es un proceso complejo, pues se deben consultar varias fuentes antes de poder hacer cualquier afirmación. Por ejemplo, las versiones sobre la cantidad que Henry Ford le dio son abundantes e inexactas. De allí la importancia de realizar una investigación minuciosa. Por desgracia, no ha recibido el apoyo suficiente. 

Piensa que es una lástima la actitud de las autoridades, quienes sólo le dan su apoyo moral, pero no el económico que se necesita para rescatar la figura de El teacher y, en general, para difundir la cultura. Lo ideal, apunta, sería que la obra del sabio queretano fuera una motivación para que los jóvenes se propusieran conseguir objetivos muy elevados. Para concluir, Landaverde cita uno de los pensamientos de Herrera Tejeda: “Sólo hay dos tipos de gente tripulando la tierra: los locos, como yo, que pretenden dar un mayor servicio a la comunidad, y todos los demás, que andan por la calle fingiendo cordura”.

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