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Coladeras y camiones: enemigos del ciclista

Por Néstor Alavez

Lunes por la mañana en la ciudad modelo de México. Te encuentras sentado en el transporte público (o mejor dicho, privado) rodeado de tráfico de la ciudad.

El chofer te insulta por ser estudiante o adulto mayor, se burla de ti por intentar acceder a un derecho que supuestamente garantiza el acceso equitativo al transporte.

Antes de que puedas llegar a un lugar a sentarte, si es que hay lugar, el chofer presiona hasta el fondo el pedal del acelerador, mientras cambia bruscamente la palanca de velocidades, sales disparado a toda velocidad mientras todas tus pertenencias se esparcen por los aires.

Finalmente te resignas, te pones unos audífonos y continúas tu trayecto hasta que tu vida pasa frente a tus ojos al ver que los camioneros se pelean por el pasaje mientras corren sus bestias de 17 toneladas pasando junto a transeúntes, vendedores ambulantes, limpiaparabrisas, actores, ciclistas y automovilistas.

Mientras tanto el ciclista que tiene otros tantos adjetivos como: estudiante, trabajador, obrero, deportista, ecologista, rebelde, valiente, intrépido o suicida, se alegra contrariadamente al ver las caras de terror de los pasajeros en los camiones.

Unas cuadras adelante el camión se encuentra impactado contra otro vehículo mientras los pasajeros entre su susto y enojo piden al chofer les devuelva su dinero para abordar otra unidad.

Los más rápidos y acostumbrados a la situación se encuentran a pie de calle caminando hacia la próxima parada.

De pronto el ciclista, a punto de rebasar al grupo que casi llegaba a la parada, interrumpe abruptamente su hábil andar entre las banquetas y la calle.

Todo debido a una coladera abierta a mitad del Centro Histórico. ¿Quién lo fuera a pensar?

Se observa el rostro pálido debajo de la hermosa cabellera de la chica que se dispone a cruzar la calle, en su vehículo autoimpulsado, dando una pirueta en el aire por encima de su bicicleta.

El chofer, que estaba hablando con la policía, se pudo ir rápidamente con un pago en una sola exhibición.

Mientras tanto, el carril de ciclistas se encontraba totalmente bloqueado con la ambulancia, la policía y algunos automóviles. Afortunadamente no pasó ni una sola bicicleta en los 40 minutos que esperamos a la siguiente ruta.

El día apenas comenzaba.

 

 

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