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Como “pueblo mágico”, Amealco beneficiará sólo a empresarios y burguesía local

Los habitantes de los “pueblos mágicos” mantienen su mismo estilo de vida y no son copartícipes de las riquezas que puedan generarse, enfatizó Daniel Hiernaux-Nicolas, académico de la Universidad Autónoma de Querétaro.

De no trabajarse un proyecto que detone la microrregión económica del municipio de Amealco de Bonfil —incluyendo a sus comunidades—, el nombramiento de “pueblo mágico” de la cabecera sólo beneficiará a una pequeña burguesía local y a inversores foráneos, enfatizó Daniel Hiernaux-Nicolas, académico de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ).

“Atrás de ese nombramiento debería haber una política microrregional y beneficiar a su entorno, a sus habitantes, como debe ser”, aseveró. También refirió que en Bernal y otros “pueblos mágicos” los negocios no están en manos de los pobladores: “Se quiere volver a Amealco un producto turístico comercializable, que deje ganancia: mercantilizar”.

El especialista de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPS) lamentó que estos proyectos, impulsados por los gobiernos estatales y federales, han ocultado la pobreza tras una fachada expresada en el arreglo de calles y plazas públicas. Por otra parte, se han dedicado a enaltecer —incluso hasta el exceso— a espacios o tradiciones tales como templos religiosos o incluso las muñecas otomíes.

Por ello, el investigador indicó que los comités de pueblos mágicos deben tener una base popular para no quedar al margen de las transformaciones que se implementan en sus pueblos y “que los productores reciban, que no se metan intermediarios: eso lo hará un pueblo mágico, que haya escuelas de idioma, que se respete a la gente”.

Entre los argumentos que se vertieron para el nombramiento de “pueblo mágico” está el idioma ñañú de la región, lo cual para el catedrático representa la primera vez que se toma el rubro, ya que ha existido un rechazo al mismo. “Ha habido un esfuerzo de mucha gente para revalorizar la lengua; que no vengan con que esa es la magia del pueblo. Es más negativo todavía darse cuenta que hablarán del idioma y la muñeca porque lo van a mercantilizar”, observó.

Mercantilizar a la muñeca, no alcohol

La declaratoria de la muñeca otomí como patrimonio cultural de Querétaro —a iniciativa del Poder Ejecutivo— es un factor importante en el nombramiento de la cabecera como “pueblo mágico”, sobre todo si se considera que la producción de dicha artesanía se da en regiones amealcenses, como Sal Idelfonso Tultepec.

El académico reconoció que Amealco no posee un gran atractivo turístico desde sus edificaciones, lo cual consideró como una consecuencia “inherente” a la pobreza y el abandono de los gobiernos locales. Por ello, optó por valorizar y explotar a la muñeca tradicional. Desmintió el dato de la página de pueblos mágicos sobre una producción de 150 mil muñecas mensuales, ya que esta cifra es anual: “Todo el mundo usa esta ‘fake news’, le están dando un ‘boom’. Cualquier cosa es buena desde parte del gobierno”.

El investigador de la FCPS recordó que, para los gobiernos, un nombramiento de “pueblo mágico” significa más recurso para ese sitio, por lo que estarían dispuestos a tomar cualquier lugar y hacerle un par de arreglos. Ejemplificó con Magdalena de Kino, Sonora, donde se ejecutó un proyecto sólo con las tumbas del evangelizador del siglo XVII, Eusebio Francisco Kino, y Luis Donaldo Colosio Murrieta, excandidato a la presidencia de la República.

“En términos totales, buscan pueblos con cierta tradición y conocimiento entre la gente”, indicó. Descartó que festivales con pulque y otros alcoholes, que son recurrentes, enaltezcan a los pueblos, sino todo lo contrario: “Esos lugares ya son de alta tasa de alcoholismo y hacer estos eventos no es hacerles ningún favor. Busquemos algo más sano (…) Eso no es turismo, es excursionismo”, subrayó Daniel Hiernaux-Nicolas.

Hacer las cosas bien

Junto a Amealco, otros nueve sitios recibieron su nombramiento como “pueblo mágico”; aspecto que según Daniel Hiernaux-Nicolas compromete a la siguiente administración federal, pues el próximo secretario de Turismo —Miguel Ángel Torruco Marquéz— ya había hecho observaciones al programa.

“El punto es decirle a las autoridades: ‘ya lo hicieron, ni modo, pero hagámoslo bien por una vez’. Los otros no funcionan: Cadereyta apenas y avanza; Jalpan, pues es el de siempre, Bernal ya empieza a ser caótico”. En este rubro detalló que los fines de semana es muy fácil que se saturen estos lugares turísticos.

El académico sugirió que el Gobierno del Estado haga una evaluación en la que participe la comunidad: “Ya metieron mucho dinero en la cabecera antes del nombramiento, hasta tiraron árboles, les encanta el cemento, pero hay más cosas. Pensar en canales de distribución para la muñeca y difundir su cultura a nivel internacional, por ejemplo”.

Al intervenirse sólo la cabecera municipal, particularmente las fachadas, los habitantes de los pueblos mágicos mantienen su mismo estilo de vida y no son copartícipes de las riquezas que puedan generarse. El catedrático de la UAQ calificó como insultante que se construyan hoteles de lujo mientras la ciudadanía duerme en un petate.

“Es una cuestión de ética. Si haces un pueblo mágico que sea responsable, basado en los recursos de la gente. Debe repensarse qué nos han dado estos nombramientos y [hacer] que la población participe”, resaltó.

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