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Conafe: formadora de jóvenes “maestros”

Por Martha Flores

 

Impulsar los programas, modalidades y proyectos de educación comunitaria a nivel inicial y básico con población rural, indígena y migrante en zonas urbanas marginadas, es el principal objetivo del Conafe (Consejo Nacional de Fomento Educativo), organización que así mismo se encarga de la formación de las figuras docentes, quienes no son más que jóvenes con apenas 20 años de edad.

 

Es un organismo fundado el 11 de septiembre de 1971 y desde entonces se ha encargado de brindar un servicio a comunidades rurales no atendidas por otras instancias educativas y apoyar a los jóvenes que deciden dar un impulso a la educación en el país.

 

Estos jóvenes reciben el nombre de instructores comunitarios (I.C.), quienes según sus aptitudes son encausados para guiar durante todo un ciclo escolar a un grupo de preescolar, primaria o secundaria, si la comunidad lo permite.

 

Con apenas un mes de capacitación, los I.C. o maestros, como los niños y padres de familia les llaman, se enfrentan a un grupo que puede ser de tres niños o 40, sin embargo la cantidad no importa, el fin es el mismo: sacar adelante a esos niños y niñas sin más material que las ganas de aprender.

 

El Conafe hoy en día está presente en todo el país, se encarga de comunidades alejadas de las zonas céntricas, comunidades de escasos recursos que muchas veces no cuentan con más de 500 habitantes. En el estado de Querétaro se atienden cerca de 900 comunidades con servicios educativos en los 18 municipios, que se dividen en 614 preescolares, 222 primarias y 27 secundarias, impartidos por 980 instructores comunitarios.

 

Un maestro se hace por vocación y no por profesión: I.C. de preescolar

Karla Torres González es una chica que después de terminar la secundaria, inició de inmediato sus estudios en la preparatoria, sin embargo se vio en la necesidad de buscar un trabajo, y entre charla y charla un amigo que ya había estado antes en el Conafe le dijo que sería una buena experiencia dar servicio social ahí, pues además de que cada mes recibiría un incentivo, después de terminar el ciclo escolar sería becada por 30 meses.

 

Así que decidió llevar toda la documentación, la cual exigía tener mínimo la secundaria terminada, fue capacitada en días de clase pues ya habían empezado y de esa manera fue que inició como instructora en preescolar.

 

“El primer día que llegué a la comunidad, dije ‘en qué me metí’, la escuela eran sólo dos salones, dos baños a punto de caerse, no había tubería de agua, estaba un cuartito que era donde debía quédame y un pequeño patio de concreto, eso era la escuela; el preescolar, que es donde yo daría clases, como una bodega y el salón de primaria donde estaban todos los grados, desde primero hasta sexto, un tanto deteriorado. Fue hasta que estuve con las mamás y me presenté que me di cuenta que ahora tenía una gran responsabilidad; me decían maestra, me hablan de usted, se ponían de acuerdo para ver quién me traería de comer, quién me daría agua para bañarme; eran los que me veían con desconfianza aún, yo sólo tenía 16 años”.

 

La joven instructora comunitaria dice que primero no estaba consciente de la responsabilidad, del compromiso que se había echado, sin embargo al ver a sus compañeros que no tenían ni 20 años, fue que adquirió confianza.

 

El Conafe, consciente de que debe capacitar bien a sus instructores, cada mes realiza tutorías, donde se reúnen los demás I.C., muestran el trabajo avanzado, listas de asistencia, programación del trabajo de cada día, problemas en la comunidad, dando posibles temas para trabajar durante el mes.

 

La corta edad hacía que algunos jóvenes mostraran desinterés, confiesa la I.C., sin embargo su caso fue diferente, “cada día que pasaba me sentía más comprometida con los niños, principalmente porque tenía a las mamás atrás de mí y fue difícil. Escuchar que te digan maestra cuando no tienes ningún título, ni un curso especializado, sólo una tutoría cada mes, fue ahí cuando me cayó el 20 y me di cuenta que tenía un gran compromiso, dejar algo, un aprendizaje, algo que les sirviera, más allá de que aprendieran a escribir, colorear, sumar o leer”, puntualizó.

 

Las trabas a las que se enfrenta un joven “maestro” del Conafe son muchas, no sólo es la falta de experiencia, también la lejanía de la comunidad impide que se trabaje con mayor eficacia, el hecho de que no haya una sola computadora, una papelería, es un gran impedimento para realizar ciertas actividades, a pesar de que la mayoría del material es proporcionado por la misma organización.

 

“Es difícil muchas veces trabajar con los pocos recursos que tienes, porque el material que te brinda Conafe muchas veces no es suficiente, o lo que necesitarías para algunas actividades no lo tienes a la mano, pero te las ingenias para sacar adelante cada día”, expresó.

 

“Son muchas las dificultades, desde el primer día de clases, ver la indiferencia de los niños, alejarte de tu familia, pues tienes que quedarte a dormir en la comunidad, son muchas cosas las que extrañas y otras a las que tienes que acostumbrarte, la comida por ejemplo, en tu casa puedes comer o no comer, y algunas veces escoger lo que quieres, pero acá… el menú son frijoles, nopales, salsa del molcajete, sopa, y si nos va bien, unas quesadillas y arroz”.

 

Puede ser muy ancha o muy angosta la brecha entre un maestro certificado y un instructor del Conafe, pues aunque estos últimos no tengan un título que indique que pueden estar al frente de un grupo, tienen las ganas y muchos de ellos la vocación, dice la joven I.C.

 

“Creo que un maestro se hace por vocación y no por profesión, eso me queda más que claro, hay muchos maestros que sólo van a sentarse a la silla, decir qué página del libro hacer, cubrir ciertas horas y ya, pero una maestro por vocación o que hace su trabajo con placer, no necesariamente va a tener un certificado que lo acredite como maestro. En Conafe hay chicos con ganas de salir adelante, jóvenes que se esfuerzan, que luchan por lo que quieren, y qué mejor manera de ir logrando nuestras metas que dejando una semillita de lo poco que sabemos a niños que te ven como lo máximo, a fin de cuentas eres su maestro”, puntualizó.

 

Pasar por Conafe los transforma

Después de hablar con varios instructores todos coinciden que sin duda volverían a repetir esta experiencia, pues aprenden mucho, aprenden que hay que luchar por las cosas, que hay gente más amolada que trata de salir adelante. Pasar por el Conafe los transforma, así lo describió Karla Torres, dijo que los hace más responsables, lo cual consideran bueno, pues eso ayudará en su vida como profesionistas.

 

Por otra parte, habría que ver qué nivel tienen estas escuelas, comparadas con las que están a cargo de la Unidad de Servicios para la Educación Básica en el Estado de Querétaro (USEBEQ) o las instituciones privadas. “La clave no sólo está en el instructor, es un trabajo de padres de familia y niños, al final, puede ser que un niño tenga al mejor profesor, sin embargo si no existe el interés por parte del alumno, jamás habrá un avance o beneficio”, expone un profesor certificado de educación primaria

 

Él recuerda el caso de niños de escuelas del Conafe que al momento de realizar las pruebas de ENLACE obtienen un buen lugar en la tabla de posiciones. Sin embargo, sí considera que es de gran ayuda llevar una formación, pues siempre será útil saber cómo enseñar, que es la formación que tienen en la Escuela Normal del Estado de Querétaro (ENEQ).


Reconoce que sí existen muchas dificultades para los instructores del Conafe, refiriéndose a las instalaciones y la falta de materiales, sin embargo al cuestionarle sobre la corta edad de los jóvenes, él considera que esto no es una traba, sino al contrario, es una ventaja, pues muchos profesores ya son mayores de edad, están cansados y hasta aburridos, entonces ya sólo están presentes como un facilitador en el salón, “ya no traen la pila que los jóvenes que trabajan para Conafe traen”, dijo.

 

A pesar de que el estado está en un proceso muy grande de urbanización, el Conafe aún está a cargo de una gran cantidad de comunidades a las que todavía no llegan los avances que en el centro del estado son muy notorios. Mientras tanto, esta organización seguirá haciendo ese doble trabajo, el de apoyar en las comunidades y el de apoyar a los jóvenes instructores para que continúen con sus estudios, en resumidas cuentas impulsando la educación en el país desde distintos puntos.

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