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Conservadurismo legitima violencia contra comunidad LGTB+

El contexto conservador de Querétaro legitima la violencia homofóbica, lesbofóbica, transfóbica, apuntó Raúl M. Carrasco, psicólogo colaborador del programa Género UAQ y Espacio Queer, quien externó que la entidad Querétaro no se podría reconocer como una ciudad libre de estos ataques. La situación no cambia a pesar del Día de la Cero Discriminación que se conmemora cada 1 de marzo.

La comunidad lesbiana, gay, bisexual, travesti, transexual, transgénero, intersexual, ‘queer’, y asexual, estilizado como LGBTTTIQA, cada vez es más grande en la ciudad, por ende, más propensa a que sufra violencia discriminatoria, ya sea directa o indirecta. Esta se puede presentar en los ámbitos escolares, laborales, familiares e inclusive políticos.

Carrasco cree que el origen de la discriminación se da por el machismo y la misoginia. “La masculinidad tiene constantemente esta sombra policial de la homofobia, los hombres tienen que demostrar todo el tiempo que no son mujeres. Esto representaría que cualquier cuerpo de hombre feminizado (ya sea estéticamente o tan solo subjetivamente) sería objeto de la violencia”, comentó.

La discriminación puede ir desde la intimidación psicológica hasta la agresión física. En los casos extremos, cuando un miembro de la comunidad sufre de un crimen, la mayoría de veces se es impune a quien comete el delito. “El sistema jurídico no los reconoce como tal… sucede mucho con los crímenes de odio por homofobia, no ha habido esta lucha para el reconocimiento de estos”.

Discriminación también ocurre al interior

El académico afirmó que mucha de esta discriminación también se da dentro del mismo colectivo: “la feminidad está vista como negativa… se tiene que evidenciar, porque de repente la homonormatividad es ser un hombre gay masculino, con cierto estatus y privilegio, con postura moral, social… ¡es ridícula!”.

Este aspecto es construido por su “contrario”: la heteronormatividad, aquel régimen social, político y económico que impone las prácticas sexuales heterosexuales. Quienes son los agresores puede ser que hayan internalizado tanto la homofobia por algún tipo de homosexualidad no resuelta, o por la falta de tolerancia a la diferencia, a darse cuenta que en el mundo existe algo más que la heterosexualidad.

El Estado también es un gran factor que permite la discriminación. El experto cree que quien debería de garantizar la seguridad y los derechos humanos de estas minorías es la clase política, una que prefiere ceder a la presión de los conservadores: “se toma como una moneda de negociación todos estos temas, muchas veces no quieren sacrificar el voto o la popularidad por el asunto de apoyar las agendas LGBT+”.

Además porque cree que su falta de protección viene de las trabas legales, porque son las que un mismo sistema –que cuenta con carga ideológica– pone a las periferias sexuales. Por ejemplo, las mujeres transexuales pasan por obstáculos laborales ya que no pueden ser reconocidas en el trabajo por su identidad. “Terminan teniendo trabajos más precarios, muchos abocados a lo típico: la estética y la prostitución. No es porque sea lo que ellas buscan, sino lo que el mismo Estado –que es violento y coercitivo con ellas– las orienta”, afirmó.

Amigos, el único apoyo para Ivonne Rangel Gudiño

Ivonne Rangel Gudiño es una mujer transexual que lleva un año de transición. En su punto de vista, desde toda la vida supo que su identidad era diferente a la que decían que era ella. “Era diferente desde que era niña, empezó por ese gusto por el mismo sexo. Otra fue empezarme a arreglar como chica, digo, me gusta ¿no? Como lo hacía tan frecuentemente me pregunté: ¿Por qué no me hago transexual? Si me siento bien, me siento segura”.

Indicó que la única discriminación que ella llegó a vivir ha sido por parte de su familia. En su opinión, dentro de la comunidad transexual-transgénero existen algunos miembros que son quienes perpetúan algún tipo de ataque. “Las mismas chicas transexuales te agreden física o verbalmente. A otras chicas les han pegado, y la razón por la que nos violentan es por envidia”.

Ella considera que la única forma en la que ella podrá hacer su cambio de identidad legal es tramitándolo en la Ciudad de México, ya que Querétaro es un lugar donde esto es un proceso mucho más complicado. “Querétaro toda la vida ha sido muy “mocho” ¿no? familias bien, todo bien, aquí no pasa nada. Si aquí no podemos, ni modo, nos vamos a otras partes donde sí”.

Informarse para combatir la discriminación, pide C. Miranda

C. Miranda es miembro de la comunidad LGBT+ se identifica como “género fluído” con una expresión de género, la mayoría del tiempo, femenina. Desde que estaba en prescolar, ella empezó a sentir que su identidad no era la de un hombre. “Me juntaba con puras niñas, quería jugar con Berbíes y con todas las cosas de ‹‹chicas››. No me gustaban el futbol ni los juegos de pelota; me gustaban las muñecas, dibujar, pintar, el ‘glitter’, colorear ¿sabes? Cosas de la feminidad propia heteronormatizada”.

Ella considera que vive en constante exclusión en cualquier día de su semana. “Me han discriminado en ofertas de trabajo, laborando como vendedor de arte, o en cosas muy triviales como la ayuda en un banco”. Reconoce que su feminidad resulta incómoda para las personas que viven bajo una sociedad “heteronormada”, inconformidad que ha escalado en agresiones psicológicas a su persona.

Cree que la gente todavía no está acostumbrada a la libertad de las personas ‘queer’¸ ni los que forman parte de su propia comunidad: “las heteronormadas, las ‘musculocas’, creen que por tener barba o pelo en pecho las hacen más importantes o superiores a mí por expresar mi feminidad”, comentó.

Su punto de vista sobre la única forma que se podrá evitar la discriminación hacia las personas es si se informan, si se es tolerante a lo diferente; empatía a no sólo aquellos que sufren de homofobia, sino de racismo e inclusive clasismo. Se debe de ser inclusivo a cualquier clase de persona que manifiesta su forma de ser única, concluyó.

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