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Consulta ciudadana

Por:María del Carmen Vicencio Acevedo

metamorfosis-mepa@hotmail.com

 

La semana pasada tuvo inicio una consulta ciudadana, promovida por el presidente municipal electo, Marcos Aguilar Vega y apoyada por la Universidad Autónoma de Querétaro. Como en administraciones anteriores, su presentación partió de un esquema comparativo entre el modelo “antiguo” (antes no se consultaba) y el “nuevo” (nosotros sí consultamos).

Según entiendo, sin embargo, las consultas ciudadanas se realizan por ley (al menos para elaborar los planes municipales de desarrollo); más aún, tienen una larga historia. Según el Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública (CESOP): “los primeros antecedentes, en nuestro país, de consultas a la ciudadanía sobre decisiones de gobierno se remontan a un plebiscito realizado en 1824…”

¿Qué ha sucedido desde entonces?; ¿por qué los mexicanos tenemos la impresión de que nuestros mandatarios no nos consultan? Probablemente porque las consultas suelen partir de concepciones meramente burocráticas o decorativas: cumplir el requisito y guardar las apariencias. Hay mil pretextos para no consultar en serio: ¿cómo, con cientos de miles de ciudadanos?, ¿cómo, cuando las opiniones son tan disímbolas o contradictorias?; ¿no es “obvio” concluir que las consultas sólo proceden con poca gente?, son éstas, preguntas que forman parte del problema.

Ante cada consulta, los participantes sufren cierta amnesia y renuevan la mexicanísima y tozuda ilusión del “ahora sí seremos escuchados”. Qué bueno que siempre haya esperanza; peor sería entregarse a la fatalidad.

Por otro lado, aun cuando la ley no exigiera consultar a la ciudadanía, como están las cosas en México, no hacerlo (o no fingirlo) agravaría aún más la problemática. La realidad social se ha vuelto tan compleja, que ningún gobierno puede enfrentarla, sin la participación ciudadana.

Ciertamente, organizar una consulta no es un asunto sencillo; sin embargo, vale la pena hacerlo en serio. Una consulta presencial, como instancia de encuentro ciudadano, cumple varias funciones: la catártica, por parte de los consultados (a quienes urge expresarse); la de la imagen, por parte del gobernante consultor (quien requiere ganar legitimidad); la diagnóstica, que genera información valiosa para sustentar el plan de desarrollo; la intelectiva, por la que los consultados aprenden mutuamente, prueban y enriquecen sus perspectivas y toman conciencia de la complejidad de cualquier problema; la vinculante, que posibilita a ciudadanos con preocupaciones similares entrar en contacto y, más adelante, construir proyectos conjuntos…

Las consultas ciudadanas suelen partir de algunas preguntas generadoras, en torno a determinados temas: ¿cuál es el problema?, ¿cuáles son sus causas?, ¿cuál es la solución?

El martes pasado, la primera consulta fue sobre seguridad, (los temas y el orden en que se abordan revelan cierto modo de comprensión, que habrá que analizar).

Resultó muy alentador constatar entre los participantes, no sólo una gran riqueza de perspectivas, sino una gran lucidez. La mayoría rechazó pronto, el enfoque policiaco, para señalar problemas de fondo: la dramática desigualdad social y sus causas; el contubernio de los gobernantes con los poderes fácticos (incluida la delincuencia organizada); los cambios dramáticos y vertiginosos, que experimentamos a nivel global; el imperio del sistema neoliberal y sus telecomunicaciones; los cambios relativos a los valores, al trabajo, a la migración, a la estructura familiar, a las relaciones padres-hijos, y demás…

Fue interesante también la rápida emergencia de ciertas coincidencias respecto a las soluciones (al menos en la mesa en la que estuve). Señalo sólo dos:

1) Necesidad de acudir a las ciencias sociales (y a gran cantidad de información archivada), para reconocer el fondo de los problemas y las mejores soluciones.

2) Cambiar la estructura cupular en la toma de decisiones, por una democracia auténticamente participativa y sistemática, a nivel del barrio.

Esta consulta ciudadana representa una excelente oportunidad para organizarnos y para exigir a los nuevos mandatarios actuar en consecuencia.

 

Sólo falta que lo hagamos.

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