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Crónica de un diluvio anunciado

La naturaleza vuelve a cobrarse las negligencias humanas en Querétaro

Por: Juan José Rojas

La naturaleza es asistemática y no se presta a la negociación en un mundo donde todo está controlado… o quiere ser controlado. Ella no se deja seducir ni permite conspirar en su contra, es una diosa que de vez en cuando deja lucir su poder y autoridad de madre. No se le alcanza a comprender, por lo que toma decisiones sin avisar y se manifiesta de forma contundente.

El lunes 18 de agosto hizo gala de su furia estremeciendo a esta susceptible ciudad; con el cielo gris, en Facebook se advertía:

“Comunicado URGENTE de Gobierno del Estado de Queretaro (sí, sin tilde):

Saque los remos, los botes, las lanchas, los veleros, la orquesta del Titanic y una puerta grande pa’ que no le pase lo que a Jack: se viene la lluvia a nuestra linda ciudad, bien drenada.

“Gracias por el pago puntual de sus impuestos”.

“Ah, y no se olvide, ¡usted es un suertudote!”

Lo crítico fue que lo vivido el lunes en ningún momento fue motivo de risa…

Los testimonios de Bertha –trabajadora de Mabe– que narraba con una dosis de molestia el horario de llegada a su domicilio; de Doña Laura –habitante de la colonia Desarrollo San Pablo–, quien sacaba de su casa a desnivel litros y litros de agua; o Sara –estudiante de Diseño Industrial–, que quedó varada en Avenida Universidad en su auto Golf modelo 92 así lo confirman.

Las principales arterias de circulación de esta metrópoli estaban inmóviles, lo que culminó en el colapso.

En Pie de La Cuesta, Plaza del Parque y parte del Boulevard Bernardo Quintana, los semáforos dejaron de funcionar. El diluvio de angustias y preocupaciones no solamente no cesaba en las calles queretanas, sino también en los hogares de padres de familia preocupados, de los hijos con miedo a causa de los tamborazos caídos del cielo que reventaban las ventanas, y los caninos en busca de tierra firme.

“Gobierno negligente” y “No hay obras pluviales” son frases con las que se criticaba en las redes sociales… algunos ciudadanos recibieron el mensaje de dos emisarios que –cansados del caos– se acercaron a los drenajes con dos bolsas negras para basura, las cuales fueron llenadas hasta el tope.

De pronto el agua comenzó a descender y la gente a observar… los rostros de incredulidad, como si liberar los drenajes de tanta basura para que el agua fluyera no fuera algo lógico.

Botellas de plástico vacías, vasos de unicel, colillas de cigarros, papel, latas de refresco y de cerveza, periódicos, envolturas de Sabritas, dulces y pan. Fruta podrida, cartón y un gobierno negligente: ¿fueron causas de la inundación?

Habría que voltear a ver a esas empresas que gastan millones en publicidad y papel que contaminan sin parar, los gases que generan las industrias y automóviles, las fábricas que producen grandes cantidades de óxido de azufre que, combinado con la humedad, dan como resultado trombas como la del lunes.

La naturaleza no es muda

Al día siguiente se sentía el bochorno del pavimento, grandes cantidades de basura por las calles y una población confundida que contaba al mundo su experiencia vivida… las pipas listas.

A quien no sorprendieron fue a la a naturaleza, ella simplemente se negó a hacer acto de presencia, pero está ahí, agazapada y cautiva… confirmando al gobierno que ni la mejor campaña es capaz de mentir a la hora de la contingencia; y al hombre, que a ella, a ella se le respeta.

“Las catástrofes se llaman naturales, como si la naturaleza fuera el verdugo y no la víctima, mientras el clima se vuelve loco de remate y nosotros también”, dice Eduardo Galeano en su texto “La naturaleza no es muda”.

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