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Crónica de una muerte anunciada: El Batán

“¡Pérense!”, exclamó Mauricio Kuri durante el informe de la presidenta Claudia Sheinbaum en Querétaro. A su alrededor, gritaban: “¡No al Batán!”. La escena resumía la tensión de meses. Un gobernador a la defensiva, que días antes había puesto punto final al proyecto que buscaba convertir en su legado: “El Batán ya lo dimos por muerto”, declaró.

El anuncio tomó por sorpresa a muchos porque en el poder legislativo el debate sigue. Incluso, todavía, esta semana, el líder de la bancada panista, Guillermo Vega, quizá irónicamente, ofreció que, si Morena aprueba el Batán, él se va del Congreso.

¿Estamos en la recta final de meses de confrontación política, rechazo social y desgaste mediático? Desde que la iniciativa llegó al Congreso local, su suerte estaba echada. Kuri acusó a los diputados de ni siquiera leerla, de rechazarla por consigna, de negarse a ver que —según su versión— era la única solución viable para garantizar agua a Querétaro en los próximos 50 años. “Yo ya hice lo que tenía que hacer, mi gobierno no es mezquino”, repitió, para colocarse como víctima de la oposición.

La narrativa oficial quiso blindar el proyecto. Se organizaron foros, se trajo a funcionarios de Conagua y Hacienda, se insistió en que el plan era técnica y económicamente sólido. Incluso se llegaron a citar palabras de la presidenta Claudia Sheinbaum como aval para su viabilidad. La iniciativa se desgastó: Morena la convirtió en bandera de oposición, el diputado federal Gilberto Ruiz Herrera encabezó críticas, y en el Legislativo local varios diputados cerraron filas en contra. Afuera, las protestas ciudadanas recordaban que el costo social y ambiental era alto y que la desconfianza ya había echado raíces.

Nunca se habló claramente de cuanto era el costo real del proyecto. Primero 9 mil 500 millones de pesos, pero después trascendió la cifra de 41 mil millones para pagarse en tres décadas.

El cierre de la presa de Zimapán y la escasez de agua consecuente le dio al gobernador una nueva oportunidad de defender El Batán. Insistió en que sin obras nuevas volverán los tandeos y la escasez. Recordó el Acueducto II como ejemplo de planeación que hoy permite que “el 40% de las escuelas tengan agua”. Pero El Batán nunca alcanzó esa categoría: no pasó de ser un proyecto condenado al fracaso.

Lo que Kuri intentó vender como un plan visionario terminó como un símbolo de desgaste político. El Batán no murió la semana pasada: llevaba meses en terapia intensiva. Incluso, hubo un relevo en la secretaría de Gobierno.

El acta de defunción que firmó el gobernador sólo confirma lo que en la práctica ya era evidente. Querétaro sigue sin un proyecto hídrico claro. Lo único que deja El Batán es la lección amarga de cómo la política puede convertir el agua en un terreno de disputas, costos hundidos y promesas incumplidas. Aunque queda la duda si en realidad El Batán está muerto o sólo es estrategia política del gobierno para aminorar el desgaste. Al tiempo

Víctor López Jaramillo

Soy Víctor López Jaramillo, periodista y director de Tribuna de Querétaro. Nacido en San Juan del Río, mi carrera ha estado marcada por un compromiso constante con el análisis crítico de la política y la sociedad. Además de mi pasión por el periodismo, encuentro inspiración en la música, la literatura, la cultura en general, sin olvidar el futbol y NFL. A través de mi trabajo, busco conectar el pensamiento creativo con el rigor informativo, contribuyendo al diálogo social y la reflexión pública.

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