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Cuando pecar sabe rico

“Pásele, pásele joven, ¿de qué le damos?”, “tenemos de suadero, de bistec, de pastor, campechanos, surtida…”, “¿Cuántos le damos?”, “¿Con todo?”… si México fuera una Iglesia, las frases anteriores formarían parte de los cantos y alabanzas, podrían ser como el equivalente al “Gloria”, al “Padrenuestro” o al “Ave María”; sumado al sonido de la parrilla con la carne cociéndose, todo conforma una melodía celestial que incluso trasciende los límites de la religión y es la envidia de Zeus, Horus o Shiva.

La tradición católica prohíbe el consumo de carne roja durante los días viernes que dura la cuaresma, es decir, desde el miércoles de ceniza y hasta el viernes santo, esto como una representación a los 40 días que pasó Jesús en el desierto, entre ayunos y tentaciones de Satanás, hasta llegar al día de su crucifixión. Ahora sus hijos sufren con la tentación al caminar por las calles de la ciudad y oler, escuchar y ver el manjar de unos buenos tacos.

Ira

Un viernes más, termina una pesada semana de trabajo, escuela, estrés, tráfico, obras, calor y algunos otros problemas típicos de Querétaro, no está de más una salida con los amigos o la familia a cenar unos taquitos de pastor en su lugar de preferencia. La sorpresa no es grata al ver la cortina de acero colocada entre la gente y el sabor, lo que obliga a muchos a desviarse, a caminar por oscuros pasajes para encontrar la gloria de un taco.

Encontrar una taquería abierta en viernes de cuaresma requiere de un milagro divino, más aún si esta no se encuentra a reventar de gente por la falta de otros lugares en donde cenar; la carencia de estos espacios puede evidenciar la efervescencia de la religión católica en Querétaro, pues no basta con ver una iglesia en cada esquina, sino también la penumbra del ayuno carnívoro al que la gente se somete por estos cuarenta días.

Pereza

¿Para qué buscar un taco para cenar? Cuando el tiempo apremia, la luz del señor sobre las cabezas de la gente se extingue. La necesidad de conseguir los sagrados alimentos sin poner una pizca de esfuerzo provoca que la dieta mexicana incluya unos buenos tacos con todo como un elemento infaltable.

Somos del maíz en la tortilla y la carne de los guerreros muertos en batalla, de esas tradiciones que los conquistadores quisieron erradicar y a la fecha persisten.

Envidia

Las taquerías tienen un código no escrito, pero que es muy fácil de descifrar cuando se presenta la oportunidad: si llegaste tarde y hay mucha gente, te toca pedir tu orden de pie y comerla de este modo; esta razón genera que mucha gente deba buscar un local con sillas y mesas para poder tener mayor comodidad al disfrutar de la hora sagrada de la cena. Los que no pueden soportar el hambre piden para llevar o soportan el frío entre empujones por pedir su siguiente orden.

Avaricia

“Antes era difícil, podíamos comprar carne barata durante los viernes, pero aun así no ganábamos lo que en otros días de la semana; fue hasta que nos hicimos de un proveedor que medio le hacemos… él nos trae sólo la mitad de la carne que ocupamos normalmente en viernes”, señala el dueño de Jair Alá, una taquería en el centro que luce desolada en el periodo cuaresmal. “A veces el cliente es como la muerte, cuando uno menos se lo espera, llega” menciona mientras ve gustoso cómo un par de jóvenes son sus primeros clientes del turno nocturno.

Soberbia

Cuando la noche va avanzada, después de salir del antro, del bar, la reunión larga de amigos puede tornarse en una rica cena para bajar el mareo que provoca el alcohol en la sangre. No falta el exquisito del grupo, el que no quiere rebajar su paladar al popular manjar, que prefiere la receta extranjera de unas hamburguesas (por mucho aguacate que tengan) a volver a sus raíces y no soltarlas.

Lujuria

Santo Tomás de Aquino mencionó en su ‘Summa Theologica’ que instaurar el ayuno en tiempos de cuaresma servía para evitar las “concupiscencias de la carne”, esas emociones que relacionan el tacto de la carne con los labios, con los dientes, como el contacto entre piel y piel en una relación sexual. No hay que quitarle método, el comer con hambre, disfrutar de cada mordisco, del simple proceso de trasladar la comida a la boca, es disfrutar cada segundo del clímax erótico.

De acuerdo con Santo Tomás de Aquino, la carne roja es un incentivo a la lujuria, el disfrutar de sus propiedades es una forma más de comprender los placeres prohibidos de sentarnos a una mesa, de oler la grasa y sentirla derretirse entre los dientes y la piel.

Gula

Finalmente, la joya de la corona, ese momento en el que taquero pregunta: “¿qué más va a querer joven?”, ese es el momento de reflexionar sobre la porción antes ingerida, ver que su tamaño no representa para nada la delicia de su sabor, y que no ocurre nada si se piden dos más, tres más, cuatro, cinco… hasta que el botón aguante.

Pueden ser de cualquier tipo, con mucha o poca salsa, de todas las que pican, con un refresco que se termina antes de dar el primer mordisco a los tacos, con cebolla, con cilantro, que si de tripa dorada, con promoción de dos por uno en los de pastor, si son de sesos son más caros, si son campechanos es porque el cliente está indeciso.

Hay mezclas muy extrañas, como aquellos lugares que mezclan su carne con queso fundido, los que usan tortillas de harina para hacer “gringas” o “burritos”, que no son los de Estados Unidos, pero saben mejor.

No importa la gastritis o la indigestión, pues los mexicanos desarrollamos el estómago de acero, es la bendición real que todos tenemos, esa que no nos permiten disfrutar cada viernes previo a la muerte del señor.

Epílogo

Comer un taco en cuaresma es igual a confesarnos, es perdonarnos nuestros pecados y acercarnos más a la gloria eterna. Es recorrer las calles en busca de comida y encontrar solo cenizas, un vino que haría más amena la búsqueda, y ostias. De acuerdo con la tradición, no se come carne roja en viernes de cuaresma porque representan al cuerpo crucificado de Jesús. Se prioriza el pescado porque se siguen las sagradas escrituras en los pasajes de la multiplicación de peces con los que Jesús dio de comer a un pueblo entero.

A pesar de la Iglesia y el tradicionalismo católico no podemos dejar de pensar que si Jesús hubiera sido mexicano, hubiera repartido unos buenos tacos “al pastor” durante la última cena, deberíamos persignarnos antes de comer uno, se haría una fiesta por el primer taco que comiéramos y las calles de Querétaro no serían un oscuro viacrucis para la gente que sólo busca algo bueno para cenar.

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