Información

Cuando regresan los que se van

Durante los siguientes meses, Huimilpan dejará de ser el pueblo fantasma que duerme con la puesta de sol

Por: Lourdes Durán Peñaloza / Enviada

Huimilpan.- Residentes e ilegales procedentes de los Estados Unidos, todos ellos huimilpenses, han empezado a regresar a la tierra que los vio nacer, crecer, e irse al otro lado en busca de mejores condiciones de vida para ellos y sus familias.

Los que llegan, los que se van y los que siguen allá, forman parte de una cifra aproximada. Imposibilita contabilizarlos el hecho de que en México no exista un censo migratorio como tal, y que la forma mediante la cual se aproxima a una cifra, sea a través de los recuentos de población que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) efectúa en el país cada cinco años.

A ellos se les reconoce, desde hace varias administraciones locales, con un día especial en la feria comercial, artesanal y ganadera de la región, con un monumento que el ex presidente municipal Antonio Aguilar Landaverde mandó edificar en la plaza principal del municipio en el año 2005 y con diversas festividades organizadas por la Iglesia católica.

 

De este lado

Encabeza la lista de quienes regresaron al municipio Marcial Jurado Fonseca, originario de la comunidad de San Pedro, quien durante los últimos años ha optado por tramitar visas de trabajo para evitar los riesgos que implica el cruzar la frontera de forma ilegal.

Por estas fechas celebra su primer aniversario de bodas y estos días, pero del año que viene, celebrará el bautizo de su primer hijo –o hija–, quieren que sea sorpresa.

Él y su esposa Sol han contemplado la posibilidad de que sus hijos nazcan en la Unión Americana por las ventajas que pudiera traer el contar con aquella nacionalidad, pero el costo de la vida en el país del norte se convierte en un obstáculo a la hora de tomar este tipo de decisiones.

Igual que Marcial, muchos otros prefieren salirle al paso a la delincuencia organizada, cada vez con más presencia en la Sierra, y cruzar de forma legal la frontera entre ambos países para encontrarse con el ‘sueño americano’.

Los que no, continúan pagando hasta dos mil dólares que no distinguen sexo, edad, religión o nivel de escolaridad, y que mucho menos garantizan un empleo o la mejora de su calidad de vida y la de sus familias.

A la lista de los recién llegados y los que vienen en camino se añaden personas como Juan Maya y José Moreno.

El primero, padre de cinco hijos, uno de los cuales nació durante su estancia en el país vecino, tenía 17 años cuando sus hermanos lo animaron a irse por vez primera. Durante los últimos nueve meses ha trabajado en la carpintería, ganando un promedio de 500 dólares por semana.

El segundo regresa a las tierras conquistadas por Nicolás de San Luis Montañez luego de dos años de permanecer en Texas. De lo que se trata es de ahorrar lo más que se pueda.

Las historias son similares, tienden a repetirse. Son parte de una cultura que se ha heredado generación tras generación y que ha desplazado a las que hasta hace una década eran las actividades principales de la región: la ganadería y la agricultura.

La razón: falta de empleo. Y es que el municipio no ha logrado integrarse al desarrollo industrial del estado –al menos así lo manifestó en más de una ocasión el ex alcalde durante el trienio 2006-2009, Saúl Ayala Cabrera.

La fe, a la orden del día

Parado sobre una escalera de madera, en una de las puertas laterales de la parroquia de San Miguel Arcángel Huimilpan, el párroco Juvenal Hernández García dedicó el mediodía del martes 11 de diciembre a bendecir las camionetas en las que los migrantes regresaron a casa.

Después encabezaría una celebración eucarística para dar gracias por el retorno seguro de decenas –probablemente cientos– de personas a sus hogares.

Pero al mediodía, armado con un par de cubetas de agua bendita, un manojo de flores del campo y el reconocimiento y respeto de la mayoría huimilpense, el padre Juve, como lo conocen los fieles, apenas se daba abasto en atender la fila de camionetas, motos y carros que avanzaban por la calle Reforma.

Del otro lado de la calle, una mujer extendía un canasto a los pilotos de los vehículos, en el que los paisanos depositaban algunos dólares en señal de agradecimiento y a cuenta de su fe.

Ésa fue la primera de una serie de misas, retiros espirituales y peregrinaciones que la Iglesia católica en el municipio organiza a la llegada de los migrantes para apoyarlos en cuestión de fe durante su estancia en México.

Durante los siguientes meses, Huimilpan dejará de ser el pueblo fantasma que duerme con la puesta de sol y será testigo de “las cuarenta vueltas” que los recién llegados acostumbran dar a la cabecera municipal. Eso, sin mencionar la derrama económica que el regreso de los migrantes implica para el municipio.

{loadposition FBComm}

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Botón volver arriba