Cultura

A la Cuesta China y más allá (Primera parte)

Por: José Luis de la Vega

Mi amigo Julio Lorece, oportuno informante del acontecer cultural en nuestra ciudad, trajo hasta mi casa, un ejemplar del libro “Besar de lengua” (Muestra de poetas en Querétaro, nacidos entre 1980 y 1993). El libro se realizó gracias al programa, Apoyo a la producción artística, APOYARTE (2010), del Instituto Queretano de la Cultura y las Artes, y de acuerdo con una nota que aparece en la página legal, la selección de autores y textos estuvo a cargo de Rocío G. Benítez, con el apoyo de Tadeus Argüello.

En sus 88 páginas, tamaño media carta, se presenta el trabajo de 14 autores, en orden cronológico: Paula Muñoz Inclán, Benjamín R. Moreno, Sirac Calvo Mejía, Mauricio Hernández Caudillo, Horacio L. Warpola, Tadeus Argüello, Luis Enrique Aguirre, Verónica G. Arredondo, Elisa Herrera Altamirano, Israel Flores Bravo, Adriana Ruíz Durán, Samuel Laguna Cerda, José Jorge Ramírez Vázquez y Eduardo Torres Fernández. Entre todos suman 88 textos. En el colofón se indica que los mil ejemplares de la edición se terminaron de imprimir en marzo, de 2011.

En una reseña de este libro, escrita por Margarita Ladrón de Guevara (publicada en el No. 348, del Suplemento Cultural Barroco, del Diario de Querétaro), se da cuenta de la importancia que tiene “Besar de lengua”, en la perspectiva histórica de nuestras letras. Pero, además es la prueba de que, en Querétaro, el trabajo “poético está vivo y renovándose”.

Después de una primera lectura y tras varias vicisitudes (dos veces extravié el libro), repetí el ejercicio y comprobé que se trata de una “polifonía” de voces, y debo coincidir con lo escrito por Rocío G. Benítez, en el texto que, a manera de presentación (De la presente lengua), abre el libro: “…lenguas naturales, atrevidas, sin miedo a la palabra, a la construcción y destrucción de las imágenes… comparten el gusto por la música y el ruido, crean resonancias que golpean la cresta del regionalismo, el polvo de las fronteras citadinas.”

De esta muestra, aunque pretende ser exhaustiva, puede ser que algún poeta de este corte generacional nos dé la sorpresa y, mañana, venga a transformar la lengua española (no conozco la producción literaria del malogrado Gerardo Arana, por ejemplo). Aun así, es una muestra representativa de los escritores que se han comprometido con el riguroso oficio de palabras, en nuestro querido “Queré-York”.

La mayoría tiene estudios sobre literatura, participan (o participaron) en algún taller literario. Todos han publicado, aun cuando la producción es dispar, entre autor y autor. Algunos tienen más de un título y, otros, sólo algunos poemas (13 años de diferencia entre los mayores y el más joven de todos, nos dan la explicación). Sin duda, varios de ellos dejarán las letras en paz (aunque no soy adivino), pero algunos ya escriben lo que será su obra y nos muestran poemas “como los que vendrán”, según manifiesta (¿o exige?) Luis Alberto Arellano, en la contraportada. Mucho se puede decir de estas manifestaciones líricas. Sin embargo, como señaló Francisco Cervantes, en un trance parecido: “no a todas se les otorga el don de ser poesía”. A mí, tiempo y espacio, me apresuran.

Con estos antecedentes y para prontas providencias, digo que el conjunto no desmerece el afán de sus autores. En los 14 encuentro versos sorprendentes, como éste de Israel Flores Bravo (Querétaro, 1986), que abre su poema Dédalus TZ-7: Me veo montando un toro en llamas sobre el universo (2011: 60) o este otro de Paula Muñoz Inclán (Querétaro, 1980): En la punta del frío vive una mentira, disfrazada con tu nombre (2011: 10) y leo versos reveladores, con distintas preocupaciones y estilos, que (más allá de erratas, un arbitrario uso de las grafías y algunos ripios) se dejan leer.

Me refiero a versos como los de Benjamín R. Moreno (Querétaro, 1980), que abrevan en la tradición popular, en la cultura madre (incluido el albur). En algunos de sus versos aparecen girones de la realidad nacional: “…Es muy hombre. /Es mucho muy hombre. / Es muy mucho muy hombre. De los de antes. De los que mascan vidrio a puños / y no lloran. No que lo haya hecho, pero podría…” (2011: 16).

Otros de nuestros autores levantan sus poemas sobre reflexiones íntimas y el temprano dolor de la conciencia, tal es el caso de los escritos por Verónica G. Arredondo (Guanajuato, 1984): “… No me persiguen / Me persigo / Me persigue una mano de lluvia que no cae, / lluvia muda va tejiendo telarañas en mis piernas de agua…” (2011: 51). Escriben poemas breves, como este de Horacio L. Warpola (México, DF, 1982): Lo dejo en la / encarnación del /espíritu. Otros, como Delirium tremens y Nicotina, de Luis Enrique Aguirre (Querétaro, 1983) o como Pronóstico del tiempo de Sirac Calvo Mejía (México, DF, 1980).

También, escriben versos largos, en poemas de mayor aliento, como los que pueden leerse en la Oda Bukowskiana, de Mauricio Hernández Caudillo (México, DF, 1982) o en Paris Hilton en el infierno, del arriba citado, Warpola. Varios de ellos trabajan lo que se ha dado en llamar prosa poética, la mitad, para ser exactos. Algunos de estos trabajos pueden formarse como versos, otros fallan en la tensión propia del habla cotidiana y de la culta. Otros más, logran la difícil conjunción, verso versus prosa, como en este texto de Paula Muños Inclán:

Armazón

“De noche no siempre sé cómo y por qué pero estoy cansada y mis nervios agradecen cuando dejo ir mi peso contra el colchón. Cada vez que eso pasa y antes de hacer un recuento de las partes de mi cuerpo que tardan más en reposar, sé de qué tamaño soy y pienso en el tuyo. Ese es el momento justo donde descansa mi alma” (2011: 9).

Escriben poemas de la relación amorosa, claro está. Sólo citaré algunos versos de Samuel Lagunas Cerda (Querétaro, 1989): “Conocerte, / así, / desde tu nombre / hasta la manera de rascarte el muslo / mientras duermes / esa cosquilla en el borde de tu cuello / y esa caricia / melismeante / de tus uñas… …leona, / olfateando el mundo / con tu nariz / de esfinge” (2011: 76) y otros más, como los de Elisa Herrera Altamirano (Querétaro, 1985): “De vez en vez extiende / la mano / tócame / respírame al oído; tal vez algún beso /en el cuello o tus pies / entre mis piernas…” (2011: 56). Sin embargo, también escriben sobre la poesía, tal como lo hace el arriba mencionado, Lagunas Cerda, en sus poemas Una poética actual y en Imitación al demiurgo. Eduardo Torres Fernández (Querétaro, 1993), el escritor más joven de la muestra, en Todo poderoso, reflexiona sobre el papel del poeta y en Atributos de la expresión, lo hace acerca de las palabras.

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