Cultura

A prisa

Por: Juan José Lara Ovando

En septiembre de 1976, durante la carrera de automovilismo de Fórmula Uno en Monza, Italia, el piloto campeón Niki Lauda sube a su auto después de 42 días de haberse accidentado fatalmente en el circuito de Nürbunbring, Alemania, en agosto de ese año, en el que se desfiguró al incendiarse el auto, del que tuvo que ser sacado por otro par de pilotos. La reacción mundial fue impresionante, no tuvo tiempo suficiente de recuperación, tenía dolores en cuerpo y rostro por las quemaduras, el casco le molestaba, pero sobretodo su cara desfigurada llamaba la atención en ese ambiente de glamour que rodea a esas competencias. La sorpresa fue mayor cuando el piloto cruzó la meta en el cuarto puesto, dejando atrás a su rival, James Hunt y acumuló puntos que lo mantenían al frente del campeonato.

La prisa podía ser luchar todavía por ganar el campeonato y mantenerse de líder en el circuito, pero también mantener su rivalidad con Hunt. Puede ser que Lauda haya querido mostrar al mundo que su deseo de seguirse moviendo en ese medio fuera superior a hacer otra cosa y a rechazar la invalidez. No era ningún discapacitado sino un genio de la ingeniería que quería seguir siendo tomado en cuenta en el primer plano de la instrumentación.

Rush. Pasión y gloria se centra en la rivalidad de dichos pilotos: el austriaco Niki Lauda y el británico James Hunt durante los hechos del año 76, aunque tomando en cuenta su larga confrontación desde seis años antes cuando se encontraban en la Formula Tres. Si bien el automovilismo no es uno de los deportes favorecidos por el cine (al menos no como el box, el basquetbol, la natación, la gimnasia, el beisbol o el futbol) en esta película se logra acercar muy al espectador a la intensidad que representa todo ese ambiente deportivo y a las emotividades de sus protagonistas: los automovilistas.

La posible razón por la cual el automovilismo sea tan poco tratado por el cine sea que a diferencia de los deportes citados arriba es mucho más estático en su condición participativa. Lo interesante de Rush. Pasión y gloria es que recupera ese deporte no a través de la carrera sino de la confrontación emocional de los protagonistas y lo que los enfrenta es la actitud ante la vida, no la mera competencia. Lauda es el hombre enamorado de ese deporte por es la proyección de sus ideas; Hunt, en cambio es la persona que vive el momento de su existencia. El primero calcula las ventajas y desventajas de su situación, el segundo juega con su vida permanentemente, aproximándose a la muerte. El primero es cerebral, el segundo aventurero y egocéntrico. La lucha entre el ego y la razón es la que comparten ambos. Lo paradójico del asunto es que en ese año 76, el que estuvo más cercano de la muerte fue el racional, aunque a la distancia de su vida, el que falleció repentinamente y sin llegar a envejecer fue el aventurero, Lauda todavía vive y es considerado uno de los grandes pilotos de la historia.

Los años 70s en el automovilismo son los representativos de la modernización de este deporte y estos contendientes son al mismo tiempo la imagen de la competitividad moderna, Hunt es el personaje que intenta eliminar lo caballeresco a la Fórmula Uno, Lauda el innovador que busca mayor precisión profesional, al grado de rayar en lo científico. Los dos son imagen del cambio y hoy en día sean un tanto el mito de esa modernización. Lo estupendo del filme es que, finalmente son los competidores, no los gladiadores, sino los que se enfrentan consigo mismos para poder superarse, incluso a sus miedos y a su conciencia, que es lo que representa el otro como si fuera el Dr. Jekyll y Mr. Hyde, sólo que en esta ocasión en cuerpos distintos.

Encarnados excelentemente por los actores Daniel Brühl (alemán) y Chris Hemsworth (australiano). Al primero lo vimos muy joven en Adiós Lenin (Becker, 03) y hace poco en Bastardos sin gloria (Tarantino, 09); al segundo lo conocemos como el legendario Thor (Branagh, 11). Ambos lucen muy bien, sobre todo al segundo no lo conocíamos en este tipo de papeles. Pero el mérito de la película no se le debe exclusivamente a ellos, los que están atrás son, el director Ron Howard y el guionista Peter Morgan.

Howard es un excelente artesano, sabe construir muy bien sus cintas, pero es muy disparejo en sus historias, hace de todo y en eso le falla la profundidad temática, sin embargo ha realizado grandes películas como Una mente brillante (por la que se llevó el Oscar, 01), Apollo 13 (también muy premiada, 95) y El desafío. Frost-Nixon (08) que le ha valido grandes críticas internacionales. Es posible que con Rush los comentarios de la crítica vuelvan a ser favorables. La narrativa del filme es muy buena y el montaje es extraordinario; para lo primero, consigue introducirnos a la lucha de estos pilotos sin sumergirnos en la vida de ninguno, pero sÍ trasladándonos atemporalmente y de manera simultánea (sin dar peso más fuerte a ninguno) a la particularidades y problemáticas que los llevan hasta ese momento, estupenda narración; en lo segundo, logra meter al espectador al mundo del automovilismo sin ser fanático, se disfruta la Fórmula Uno porque vemos no sólo el momento de las carreras (también con cortes intermedios) sin que sea necesariamente en una carrera sino en todo el ambiente y conflictos que se propician para llevarlo a cabo. La construcción de todas estas escenas esta impecablemente lograda.

En gran medida, el apoyo de Howard es el del guión de Morgan, que previamente había realizado el de El desafío, además de tener otros muy logrados como el de El último rey de Escocia (Macdonald, 06). Morgan muestra estar en su mejor momento, como en su habilidad para construir personajes y crear conflictos entre ellos, si Frost y Nixon habían resultado geniales ahora Lauda y Hunt están a su altura, logrando llamar la atención sobre su momento histórico, no sobre sus logros en la vida, ni su personalidad maravillosa. A él se suma el fotógrafo Anthony Dod Mantle quien logra captar con precisión milimétrica el mundo de los autos, descomponiendo en fracciones, a través de múltiples encuadres, la sensación interna del corredor, presentando una descripción visual en close ups extremos y muchas texturas para vibrar junto con él. Una película que va más allá de una historia real o del amor al deporte, sino que sabe tratar la forma de enfrentar la vida a partir de personalidades distintas en un mundo a toda prisa. Una verdadera sorpresa que supera expectativas, la va a disfrutar.

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