Cultura

Algo así como un buen ciclo

Por Juan José Lara Ovando

Haciendo referencia a lo mejor del 31 Foro Internacional de la Cineteca, que alcanzó su punto más alto, no sólo de esta semana sino de todo el evento con la película noruega, Algo así como un buen tipo, del afamado director Hans Petter Moland, casi desconocido para nosotros, pero con este filme nos damos cuenta porque es famoso.

 

El reconocido actor Stellan Skarsgard, prestigiado en Hollywood interpreta a Ulrik un tipo que pasó 12 años en prisión por cometer asesinato y que no esconde que fue culpable, pero se ve tan buena gente que es difícil imaginarse que un hombre como éste se haya descabechado a alguna persona.

 

 

Ulrik consigue casa y empleo (como mecánico) gracias a sus dos amigos, un par de maleantes que buscan que Ulrik regrese con ellos al redil para saldar cuentas pendientes con quien lo envió a prisión, aunque a Ulrik lo que le interesa es buscar a su hijo: un ingeniero que está a punto de ser papá y que vive cómodamente con su novia.

 

Algo así como un buen tipo es una comedia chusca en un ambiente frío, como es el escandinavo, por lo que el espectador se puede botar de risa en momentos, pero reflexionar en muchos otros, es decir, no pierde la frialdad del razonamiento, algo extraño, como los mismos personajes que retrata: un asesino, dos matones amigos, el jefe parlanchín del taller automotriz, la empleada neurótica y una horripilante casera malhumorada. Todos caricaturescos a excepción del hijo, por lo que la relación con éste es como el anhelo de ser normal, por parte del asesino.

 

Se trata de una cinta muy accesible e incluso el director va anunciando lo que va a suceder y así resulta, pero las confirmaciones son raras y el tono es tan desenfadado que hasta los asesinatos resultan esperados y le dan lugar a un final feliz, muy grato. Un tema común, casi convencional, pero estupendamente bien hecho.

 

Casi al mismo nivel se encuentra el filme japonés, Pez mortal del también afamado director (y más popular por su predilección por el género fantástico y su formación como poeta) Shion Sono. Aunque en este caso, su filme es un thriller trepidante y de horror gore, con mucha violencia y erotismo. Los personajes son un par de vendedores de peces, pero uno de ellos es un tipo apocado y dominado por su esposa e hija y el otro un malicioso psicópata que aprovecha a personas débiles y tranquilas para realizar fines sádicos y crueles.

 

Con muchos crímenes gratuitos, muertos destazados y sangre por todos lados, lo inquietante de la película es cómo el hombre frágil e inofensivo se va transformando en un personaje deshumanizado capaz de amedrentar y aniquilar a sus seres más queridos. Una exploración muy perspicaz y oscura de los límites y posibles desbordamientos de la naturaleza humana. Detrás de la apariencia de una entretenida comedia gore, disfrutable o descartable por sus excesos, Sono ofrece en realidad el desencanto radical de su visión del mundo contemporáneo.

 

Disfrutables también, son la guatemalteca, Las marimbas del infierno; la rumana, Aurora; la ucraniana, Mi felicidad y la peruana, Octubre. Entre éstas me parecen las más acabadas, la peruana y la rumana. La primera sobre los cuestionamientos de un prestamista de dinero cuando encuentra a una niña abandonada a la puerta de su casa. La segunda sobre un tipo deprimido por la soledad en que se ha quedado al separarse de su mujer y perder la patria potestad de sus hijas, lo que lo va a llevar a asesinar a los que lo rodean.

 

Las dos cintas son muy sobrias pero bien narradas, la primera con un buen ritmo y una tensión puesta a través de las fiestas del Señor de los Milagros en Lima; la segunda con un ritmo lento, creado a partir de las pocas (pero todas) las acciones del personaje desde que va elucubrando y preparando una especie de venganza personal, hasta que se entrega a la policía. Es la cinta más larga del ciclo.

 

Las películas guatemalteca y ucraniana son de indudable calidad y originalidad, aunque la primera parece incompleta y la segunda conformada a cuadros que llegan a crear algunas dudas, hasta que se van despejando en la parte final. Las marimbas del infierno cuenta la historia de un marimbero de pueblo que protege su instrumento de la guerra que sacude a su país, pero pasada ésta, no encuentra trabajo pues se imponen ritmos e instrumentos más modernos. La alternativa es mezclarla con metal y heavy para crear una especie de marimba tecno o heavy y aunque parece resultar no son aceptados en su sociedad.

 

Mi felicidad es el retorno de un migrante a su país, con los cambios políticos, pero se encuentra que las cosas no mejoraron, están peor. El férreo control del régimen socialista se convirtió en pobreza que ha dado lugar a mafias, prostitución y crímenes que rebasan todo tipo de tolerancia y que lo trastornan hasta convertirlo en un producto de esa violencia. Interesante pero cruda y complicada.

 

Diferente a las anteriores, es la norteamericana Trash humpers del irreverente joven director norteamericano, Harmony Korine, guionista de Kids y reconocido por su película Gummo, aunque la sociedad de los basureros que retrata en esta película dista mucho de generar el interés de sus películas anteriores. Filmada en formato VHS, presentada como falso documental y montada como si se grabara en la calle y no tuviera postproducción técnica en laboratorio, se enfoca sobre un grupo de ancianos decrépitos que hacen apología de vivir en medio de la basura gozando de su marginación y saturándose de masturbaciones contra todo lo que se tenga enfrente: paredes, árboles, buzones de correo, basureros, etc.

 

Puede llamar la atención sobre personajes de este tipo, sin embargo, la creación de los mismos es una especie de sátira que puede encontrar un lugar solamente como cuestionamiento sobre lo que podría suceder con personas de este tipo, no como una expresión cinematográfica bien lograda. Lo menor del ciclo, que lamentablemente retiró a buena parte de los espectadores de la sala.

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