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Animasivo: cultura incluyente

Axel Illescas Tovar

El patio del Portal del Diezmo se cubrió por lonas blancas, se llenó de 46 sillas negras y una café, que parece más de comedor que de evento social común. Hoy es el festival Animasivo.

A la derecha de las personas sentadas que esperan el inicio de la proyección de cortos animados, está la galería que desde el 5 de agosto presenta 77 obras de 54 mujeres artistas que plasmaron 127 miradas: la exposición Nuevas Identidades.

Otokani Álvarez, director de la asociación civil que hizo posible este evento, entra por el portón de madera a las 4:50 pm, dice “hola” a cuatro personas que le responden igual, en Lengua de Señas Mexicanas (LSM); al final del evento habría de decir que el corto que más le gustó fue La piedra ausente “porque es bien sabido que siempre se cuenta la historia del ganador y no del vencido”.

Cinco intérpretes que traducirán los documentales en LSM para las personas con discapacidad auditiva se quitan el cubrebocas y se ponen una mascarilla transparente, porque la gesticulación también es importante al momento de interpretar. Y sobre LSM, ¿ya se mencionó que este festival es único en su tipo en el país porque busca que el arte sea accesible para todas las personas?

Desde la parroquia de San Juan Bautista se nos anuncia por cuatro campanadas rítmicas que, en este jueves 12, ya son las 5:15. Otokani y la directora de comunicación del festival agradecen y presentan el evento, invitan a la gente a que asista mañana al ciclo Lo mejor de Animasivo, que tendrá audiodescripciones para personas ciegas, y el sábado al ciclo infantil que tendrá funciones relajadas para personas neurodiversas. Comienza el ciclo de documental animado.

Reproducen Amor, nuestra prisión, el cual retrata la naturaleza de las relaciones amorosas dentro del penal de Atlacholoaya, Morelos, narrado por las voces de mujeres privadas de su libertad, obligadas a buscar una alternativa a la soledad: “Aprender a amar aquí es una absoluta libertad”.

Sigue Dejarse crecer el cuerpo, el cual mediante testimonios busca responder a la pregunta ¿qué es el género?

Ahora empieza La Llorona, que busca incitar a la reflexión sobre el papel del arte para sensibilizar, comunicar y activar fenómenos sociales, en este caso, el de la lucha contra los feminicidios. Mientras suena la canción y la intérprete de LSM mece los brazos al ritmo del sonido, la letra dice: “Te fuiste para la escuela, Llorona, te encontré en el forense”.

El siguiente corto, 32 RBIT, hace una crítica al internet. Y bueno, mientras se proyecta, le da tiempo a los asistentes de que se les calme la piel erizada y de que suspiren hondo, hasta las rodillas, por el corto anterior.

Ollín 85, a través de archivos sonoros, muestra la dolorosa transformación de la Ciudad de México tras experimentar el sismo de 1985.

“En México asesinan estudiantes”, así empieza Nos faltan, alegoría sobre la desaparición forzada de 43 normalistas en Iguala, en 2014: “Nos enterraron, pero no sabían que éramos semillas”.

Dalia de 8 años y su gallina buscan a quienes las buscan; se retrata hacia el final cómo un militar se la llevó, se retrata en el final cómo su papá cuenta los días de búsqueda desde su combi: ya llenó de rayitas el techo, una por cada día desde que se la llevaron. El corto se llama Dalia sigue aquí.

A las 7:30 las proyecciones y el evento culminan con La piedra ausente, trata de cómo en 1964 el Estado mexicano le quitó parte de su cultura al pueblo de Coatlinchán, Texcoco.

Así, entre aplausos silenciosos, termina el primer día de animaciones a blanco y negro, a color, a recortes, a dibujos sobre notas de periódicos.

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