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Avándaro: un fenómeno irrepetible en México

Avándaro fue la cumbre del rock en México, pero además un fenómeno irrepetible porque fue impulsado por jóvenes; tuvo únicamente grupos mexicanos y nada de covers, enfatizó Alberto Rodríguez, investigador independiente del rock de nuestro país al hablar del festival que hace 50 años mostró la contracultura a un país dominado por el PRI-Gobierno.

En entrevista vía Zoom, Beto Cronopio como también le conocen, abundó en que los organizadores del festival eran menores de 35 años: Justino Compeán, quien años después sería presidente de la Federación Mexicana de Futbol (Femexfut), tenía 31 años; Luis del Llano, quien una década después sería el productor de las bandas pop más importantes de México, únicamente 26 años. En la actualidad, manifestó, aunque los festivales son para jóvenes, quienes los organizan rebasan los 50 años.

Durante la entrevista, Cronopio lamentó la temprana muerte del rock de los setenta, pues ocurrió en 1971, apenas iniciada la década: “el rock se va a ir a las orillas, a los hoyos y va a ser una carrera de resistencia” y ejemplifica con Alex Lora de El Tri, a quien dice se le valora porque “aguantó” en su carrera.

Cronopio lamenta que en la actualidad muchos grupos de rock mexicano ignoren a los exponentes del rock setentero que tuvieron presencia en Avándaro e incluso se muestra sorprendido cuando hay algunos que reconocen primero la influencia de Pedro Infante: “La respuesta del gobierno fue brutal. En cuanto a la prensa, fueron muy descalificativos y cerraron las fuentes de trabajo. Eran jóvenes que vivían de hacer tocadas, vivían bien, les pagaban… después del festival, ya no hubo permiso, ya no hubo chamba”.

Durante la entrevista, Beto Cronopio se refirió a Avándaro como el “abuelito” de los festivales modernos; al preguntarle por quién sería el “padre”, el investigador independiente recordó una charla que tuvo con el propio Luis del Llano quien le señaló que los “grupos de plástico” de los ochenta sirvieron para educar al público mexicano con sus presentaciones.

El coleccionista destacó que la influencia de las bandas de Avándaro se puede apreciar en la actualidad mediante algunas actitudes de grupos modernos como incluir trompetas o elementos sinfónicos en sus presentaciones: “[dicen] vamos a meter metales y ahora vamos a meter trompetas y ahora vamos a meterte estas cosas ¡Están haciéndole un homenaje al rock mexicano de los setenta! Porque así era como sonaba, Yo invito a los jóvenes que escuchen música del ritual que escuchen música de El Ritual, Peace and Love, Bandido, para que se den cuenta de que nos perdimos en el rock mexicano porque todos ellos grabaron un solo LP, tristemente”.

Telesistema, Fox y Coca-Cola

Al hablar de la organización del evento, Rodríguez manifestó que de manera paradójica se tenía lista la carrera que se realizaría el domingo, pero flaqueaba el festival musical, cuyas imágenes serían utilizadas para llenar los espacios del evento deportivo. Es ahí cuando entra Telesistema Mexicano, antecedente directo de Televisa, a través de un recién llegado de Estados Unidos, Luis del Llano.

Del Llano es contratado por Justino Compeán, para organizar el festival; el productor pide a Armando Molina, uno de sus guionistas, contactar a grupos de rock que él promovía. Y el reparto de bandas creció hasta olvidarse totalmente de la carrera: “la sorpresa fue que desde dos días antes empezó a llegar gente y acampar. Parecía una procesión porque iban jóvenes con casas de campaña: eso invadieron la pista y el sábado en la mañana, al ver el lugar repleto, deciden cancelar las carreras y quedarse con el festival”.

Por su parte, la Coca-Cola entra gracias a Justino Compeán, pues dentro de la agencia de publicidad donde laboraba, estaba la refresquera: “el director de marketing era Vicente Fox Quezada. Se acercan con él y les da el cheque, el patrocinio. Con esa lana van y compran tiempo en Telesistema y se asocian con una radio para pasar el concierto en la noche”.

Alberto Rodríguez destaca el esfuerzo de la venta de boletos, pues ante la ausencia de empresas como Ticketmaster o venta digital, la distribución tiene lugar en agencias de autos: “Empezaron a sacar más y más boletos llegaron a tirar 50.000 boletos y vendieron 50.000 boletos a 25 pesos”. No obstante, aunque pudiera pensarse en una ganancia, Beto Cronopio aclaró que ese dinero se esfumó en pagar multas: “los multaron que porque la rama del árbol se había roto; que porque no habían llevado suficientes baños. Y ya no se llevó a cabo el siguiente festival porque lo querían organizar uno cada año en cuatro sedes diferentes en nuestro país”.

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