Cultura

Blancanieves

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Por: Juan José Lara Ovando

Puede causar extrañeza porque no se trata de la versión que todos conocemos sobre la joven princesa cuya madrastra le estropea la vida con un encantamiento, pero lo más raro es que en realidad la historia sí procede del mismo relato o al menos está inspirada en él. No sé si los hermanos Grimm, autores de dicha ficción hayan escrito un cuento de hadas o haya sido Walt Disney el que lo convirtió en eso, porque las historias de los Grimm incluyen misterio y suspenso, e incluso antes de su popularidad entre los cuentos infantiles, eran considerados más aptos para adultos que para niños.

Si retomamos esa premisa, la película Blancanieves no se debe alejar mucho del sentido que le dieron sus autores y es, en este caso, una película muy poco infantil, bastante compleja y ubicada en un lugar y una época precisas, además de filmada en blanco y negro y sin diálogos, algo muy poco común hoy en día y casi inimaginable para una historia tan conocida y tan de moda pues hay otras dos versiones hollywoodenses al mismo tiempo (Espejito, espejito, Singh y Blancanieves y el cazador, Sanders, ambas de 2012). Por supuesto para todos aquellos que no tienen un antecedente de esta película, representa una verdadera sorpresa, que por fortuna no se remite sólo a lo esperado, sino a la hermosa e interesante cinta que tienen ante ellos y que los va adentrando a una historia diversa, con muchos matices y muy creíble.

Situada en Sevilla en los años 20 entre corridas de toros y circos ambulantes, la historia de Blancanieves presenta las fuerzas del bien y del mal situadas en sus extremos y sin mediar concesiones. Aquí la otrora princesa, se llama Carmen y es hija del torero Antonio Villalta y de la cantaora Carmen de Triana. La tragedia llega a su vida en el momento en que su padre es cornado por un toro y su madre muere al darla a luz. Su padre queda lisiado y no se hace cargo de ella por lo que es criada por su abuela doña Concha, al tiempo que su padre se casa con la enfermera que lo cuida y le muestra afecto, llamada Encarna.

A la muerte de la abuela, Carmen regresa a la casa del padre pero Encarna la somete a los peores trabajos domésticos y le impide ver al padre, hasta que finalmente se encuentran y empiezan a verse cuando la madrastra se ausenta, pero ésta se da cuenta y la castiga haciéndole comer a su mascota, un gallo. Cuando su padre muere, asesinado por Encarna, ésta decide acabar con Carmen y le pide a su chofer (y a su vez, amante) que la liquide. La chica sobrevive aunque pierde la memoria y es salvada por un grupo de enanitos toreros con quiénes se queda a vivir. En una presentación, tras un percance, Carmen entra al ruedo y muestra sus habilidades naturales por lo que será integrada al espectáculo y ahí la bautizan como Blancanieves y ellos van a ser los 7 enanos (aunque en realidad son 6). Se vuelve famosa, obtiene un contrato (que la explota pues no sabe leer y no supo que firmó) y aparece en la portada de una revista, donde la ve Encarna, que se molesta con su chofer, Genaro y termina matándolo. Cuando Carmen llega a la plaza donde se accidentó su padre hace una faena inolvidable a un bravo toro que recibe el indulto, durante la celebración Encarna le da una manzana envenenada que le provoca la muerte a la chica, pero uno de los enanos (Gruñon) se topa con Encarna y junto con los demás enanos la encierran con el toro bravo. En tanto, el empresario, que había sido apoderado de su padre, decide que el cuerpo de Carmen sea expuesto al público como atracción para que los curiosos intenten despertarla, mientras permanece junto a ella cuidándola, otro de los enanos, el que estaba enamorado de ella, al final percibe que probablemente no esté del todo muerta.

Esa es la historia que crea el guionista y director vasco Pablo Berger, que después de 4 años logró finalizar su película que si bien sigue los modelos de la francesa El artista (Hazanavicius, 11) y la portuguesa Tabú (Gómes, 12) destaca en originalidad, no sólo en la recreación de la historia sino en todos sus elementos: está construida como las grandes películas del cine mudo, las de Abel Gance, Frederick Murnau y Carl Dreyer al utilizar grúas y hacer travellings donde puede seguir cada toma como parte de un conjunto, con una fotografía impecable que deja ver el brillo y profundidad de cada escena; hace un homenaje al cine, no sólo a los inicios sino a la fascinación que despierta en el espectador, así como en la capacidad para comunicarse con él al despertar sensaciones; se respira sensibilidad, todo lo que se ve, se siente y emociona; refleja una concepción integral del medio cinematográfico donde la fotografía, la música, el vestuario y el guion van en la misma dirección y consiguen crear una atmósfera de encanto y ensoñación que transportan al espectador al sitio que se ve; la historia tiene personalidad, a la vez que respeta los cánones del clásico infantil domina un lenguaje cinematográfico que se mueve entre lo realista, lo fantástico y lo surrealista; está perfectamente medida, a la cinta no le sobran ni le faltan planos, las imágenes se suceden sin altibajos, con excelentes movimientos de cámara con un montaje perfecto.

Si a eso le aunamos un reparto excelente, liderado por la hermosa Maribel Verdú y en el que se encuentra el actor mexicano Daniel Giménez Cacho, junto con Macarena García y Ángela Molina, tenemos una soberbia película que como experimento y producto artístico a la vez, no debe perderse, va a disfrutar de un cuento cruel pero con humor negro, romance atípico y sabor gótico, pero que indudablemente es toda una creación artística. No se la pierda.

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